ANNIA SALOMONULA

Historia de la primera judía con nombre propio en la Península Ibérica.


Entre el 218 a.e.c, con el desembarco de Escipión en Ampurias, y principios del S V d.e.c. , con la  entrada  de los visigodos en Hispania , Roma es dueña y señora de toda la Península Ibérica.  Como vemos en el mapa, el territorio, en el S III d.e.c. -la época de Diocleciano- estaba dividido en unas cuantas provincias. Una de ellas fue la Bætica, así llamada por el río Betis, que siglos después , con el mundo musulmán, pasará a llamarse Guadalquivir.  Su capital, la actual Córdoba. Con los visigodos , será Sevilla.

En la provincia bética, en la costa mediterránea, los fenicios fundaron Abdera, (hoy Adra) una colonia que tuvo gran esplendor entre los siglos VIII y VII a.e.c.  Tras ser cartaginesa, y a finales del s II a.e.c. pasó a ser romana. Su alta actividad comercial con salazones de pescado la hicieron incluso acuñar su propia moneda. Luego entrará en declive y así se encontró cuando en el S VI todo el sur de Hispania fue conquistado por el Imperio Bizantino. La cantidad de hallazgos arqueológicos que el lugar ha ofrecido a la Historia es ingente.

 Uno de esos hallazgos -aunque ya no se conserva el original- es una inscripción funeraria, datada entre los años 150 y 250 (ss II-III d.e.c.) es decir, el llamado Siglo de los Antoninos, la dinastía imperial que llevará Roma al declive.

Jordi Casanovas , en su obra «Epigrafía Hebrea», para la Real Academia de la Historia, al hablar de la provincia de Almería, menciona la historia de esta pieza :  Fco. Perez Bayer y Benicassim, filólogo y clérigo valenciano del S XVIII, (tesorero de la catedral de Toledo que  realizó el catálogo de manuscritos de la biblioteca de El Escorial,  la cual  llegó a dirigir) llegó a Adra el 24 de mayo de 1782, alojándose en casa de Pedro Beneyto; éste era  hermano de un deán de la catedral de Toledo, es decir, compañero de Pérez Bayer.  Guiado por Pedro Beneyto, Pérez Bayer  fue en varias ocasiones a ver unas lápidas en la ermita de San Sabestián. Habían sido puestas allí por un sacerdote llamado José Carreño y Valverde en 1751. Este señor fue quien enocontró la lápida de la que estamos hablando: Carreño se la entregó a Aurelio Beneyto, el hermano de Pedro, que se la pasó a Pérez Bayer.

La lápida, de mármol, era la de una niña fallecida a la tierna edad de un año, cuatro meses y un día. La niña se llamaba Annia Salomonula ( la pequeña de Salomón) y como reza la inscripción, era IUDAEA. Pero desconocemos el paradero de la pieza, sólo la conocemos porque se publicó en 1783, con un dibujo, en la Historia de España del Padre Mariana.

Esta mención de judíos en la Hispania romana no sólo es la primera mención de una persona judía en la Bética, sino que es la primera mención de judíos en toda la península, y demuestra un posible término ante quem de a qué judíos se refiere el Concilio de Elvira, ya del año 300, un siglo después de la muerte de esta pequeña.