EL LIBELO DE RODOS

1840, Isla de Rodas: la iglesia ortodoxa griega acusa a la comunidad judía de un libelo de sangre. Cónsules de muchos países apoyan la calumnia. El escándalo se internacionaliza. Hasta que el sultán otomano decreta la falsedad de la acusación.


Tras terremotos, incendios, expulsiones y hasta esclavitudes, los judíos de Rodas anteriores al nazismo sufrieron también las consecuencias derivadas de un escándalo internacional por motivo de un libelo de sangre.

A mediados del S XIX, el número de judíos que habitaban la isla era de unos cuatro mil:  afortunados comerciantes de telas, seda, azufre y resinas, pero también artesanos, tenderos, buhoneros y pescadores.

A diferencia de Europa, donde el libelo de sangre tendía a una sospechosa proliferación, en el Imperio Otomano eran poco habituales y rápidamente condenados por las autoridades; sin embargo, el mismo año del libelo de Rodas, también hubo uno de gran resonancia internacional en Siria, en el que se pidió ayuda al gran benefactor de la judería sefardí de Londres, M. Montefiore (vid. enlace para mayor información)

El 17 de febrero de 1840, un niño de una familia ortodoxa griega  salió de su casa  y no regresó jamás.  Al día siguiente, su madre denunció la desaparición a las autoridades otomanas. El gobernador de la isla, Yusuf Pasha, ordenó una búsqueda, pero  los esfuerzos de varios días resultaron infructuosos. Los cónsules europeos presionaron al gobernador para que resolviera el caso: la familia del muchacho era cristiana, aunque sin protección extranjera. La población cristiana griega en la isla Rodas, mientras tanto, no tenía dudas de que el muchacho había sido asesinado por los judíos con propósitos rituales.

Se incrementó la investigación en los entornos de la judería, no en busca ya del niño mismo sino de indicios del presunto asesinato ritual. Por supuesto, no se encontró ninguna prueba que pudiera inculpar a nadie.

Varios días después, dos mujeres griegas informaron haber visto al niño caminando hacia la ciudad de Rodas acompañado de cuatro judíos. Estas mujeres afirmaron que uno de los judíos era Eliakim Stamboli, quien  fue arrestado, interrogado y sometido a quinientos latigazos… El 23 de febrero, fue interrogado nuevamente y torturado en presencia de muchos dignatarios, entre ellos el gobernador, el cadi (juez musulmán), el arzobispo griego y los cónsules europeos. Los judíos de Rodas informaron que Stamboli estaba cargado de cadenas, con la espalda lacerada  y que  le habían pasdo por la nariz alambres al rojo vivo, le habían aplicado huesos ardientes en la cabeza y le habían puesto una piedra muy pesada en el pecho, con todo lo cual casi le habían reducido al punto de la muerte . Bajo  estas torturas, Stamboli confesó el cargo de homicidio ritual e incriminó a otros judíos, abriendo la puerta a nuevos arrestos. Aproximadamente media docena de judíos fueron acusados ​​del crimen y torturados.

A instancias del clero  heleno  y de los cónsules europeos, el gobernador Yusuf Pasha bloqueó el barrio judío en la víspera de Purim y arrestó a Ya´acob Israel, el rabino principal de Rodos.

Los habitantes de la judería  no podían obtener comida ni agua dulce, así que dependían del contrabando del agente otomano que había sido encargado de su confinamiento. Cuando fue descubierto, fue despedido a instancias del cónsul inglés.  El cadí, sin embargo,  abiertamente simpatizaba con los judíos. A fines de febrero, inició nuevas audiencias sobre el caso, tras las cuales se declaró que las evidencias eran insuficientse para condenar a los prisioneros. El gobernador, por otro lado, se negó a levantar el bloqueo del barrio judío.  A principios de marzo se dirigió a a Constantinopla pidiendo instrucciones. Tras un bloqueo que  duró doce días, el gobernador se vio obligado a levantarlo por un alto funcionario del Tesoro (otomano) que visitó la isla en un recorrido de inspección. En ese momento, los judíos pensaron que el asunto había terminado y «dieron gracias al Todopoderoso por su liberación».

El alivio, sin embargo, se desvaneció a principios de marzo, cuando llegaron  las noticias del caso de Damasco. El cónsul británico informó que «los griegos gritaron en voz alta que no se les había hecho justicia y que el rabino y los jefes deberían haber sido encarcelados . Ocho judíos fueron arrestados, incluido el rabino en jefe y David Mizraji, todos torturados  colgando de ganchos en el techo de la prisión, en presencia de los cónsules europeos. Mizraji perdió el conocimiento después de seis horas, mientras que el rabino permaneció allí durante dos días,  hasta que sufrió una hemorragia. Sin embargo, ninguno confesó y fueron liberados después de unos días. Los otros seis judíos permanecieron en prisión hasta principios de abril.

Los vice-cónsules europeos en Rodas se aliaron en dar crédito al cargo de asesinato ritual. Y además desempeñaron un papel clave en el interrogatorio, con J. G. Wilkinson, el cónsul británico, y E. Masse, de Suecia, involucrados. Los cónsules también estuvieron presentes durante gran parte de la tortura. Cuando el rabino jefe, un súbdito austríaco, fue torturado, apeló al vicecónsul austríaco Anton Giuliani, quien le respondió: «De qué te quejas, si aún no estás muerto»

Algunos  judíos de Rodas acusaron a los cónsules de una conspiración para explotar el caso con el fin de eliminar a Elias Kalimati, un judío local, que representaba los intereses comerciales de Joel Davis, un hombre de negocios judío de Londres. Davis estaba aumentando rápidamente su participación en las exportaciones de esponjas de mar, muy  rentables de la isla, y era un importante rival comercial de los cónsules europeos. Elias Kalimati, sin embargo, no estaba entre las personas detenidas en el asunto, poniendo en duda esa acusación. Otras fuentes judías afirmaron que  los cónsules declararon abiertamente … su propósito de exterminar a los judíos de Rodas o obligarlos a cambiar su religión.

El segundo día de bloqueo, los judíos lograron sacar de la judería una carta dirigida al barón Rothschild, pidiendo ayuda como los sirios habían hecho con Montefiore. La intervención de los Rothschild  rápidamente se dejó sentir en Austria. El jefe del banco de la familia Rothschild en Viena, Salomon Mayer von Rothschild tenía una relación muy estrecha con el canciller austríaco von Metternich. El 10 de abril, Metternich envió instrucciones sobre los asuntos de Damasco y Rodas a Bartholomäus von Stürmer, embajador en Constantinopla, y Anton von Laurin, cónsul en Alejandría. En su despacho, Metternich escribió: «La acusación de que los cristianos son asesinados deliberadamente por un festival de Pascua sediento de sangre es, por naturaleza,  absurda …»

Salomon M. Rothschild

A la comunidad judía del Reino Unido le tomó más tiempo reaccionar ante las llamadas de ayuda de Rodas y Damasco. La Junta de Diputados de los judíos británicos se reunió el 21 de abril para discutir los libelos de sangre y resolvieron solicitar a los gobiernos británico, austriaco y francés que intercedieran ante el gobierno otomano y detuvieran las persecuciones. La resolución se publicó como publicidad pagada en 35 periódicos británicos; apareció dos veces en los periódicos más importantes. El 30 de abril, una delegación elegida por la Junta se reunió con el secretario de Relaciones Exteriores,  Lord Palmerston, quien calificó el libelo de sangre como una «calumnia» y prometió que «la influencia del gobierno británico debería ser ejercida para detener esas ​​atrocidades».

A finales de abril llegaron a Rodas las órdenes del pachá. A mediados de mayo fueron liberados de sus cárceles los seis judíos que áun permanecían presos. Los cristianos respondieron a estas acciones del gobierno central con una nueva ola de furia contra los judíos, de modo que,  a fines de mayo,  la violencia estaba de nuevo  en el aire. Los judíos describieron muchos casos en los que fueron atacados o golpeados por los griegos;  y los hijos de los cónsules británico y griego estuvieron entre los que golpearon a varios judíos. Cuando los judíos se quejaron ante el gobernador, éste ordenó a los querellantes recibir de cuatro a quinientos golpes del bastinado.

El caso se prolongó durante dos meses más, ya que el embajador británico insistió en sacar a la luz los hechos que implicaban al gobernador de Rodas en la  tortura. Finalmente, el 21 de julio se anunció el veredicto. En su primera parte, el caso entre «la población griega de Rodas, el demandante y la población judía,  ofrecía el resultado de la absolución. En su segunda parte, Yusuf Pasha fue destituido de su cargo de gobernador de Rhodes porque había permitido que se empleasen procedimientos contra los judíos que no están autorizados de ninguna manera por la ley y que están expresamente prohibidos por el Hatt-i Sharif de 3 de noviembre.

Sir M. Montefiore

A su regreso de Damasco, sir Montefiore pasó por Constantinopla. El 15 de octubre de 1840, en la capital otomana,  mantuvo una entrevista con Lord Ponsonby, a quien Montefiore sugirió que siguiendo el precedente establecido por Suleiman el Magnífico, el sultán debería emitir un decreto (firman) formalmente denunciando el libelo de sangre y sellando efectivamente el casos tanto en Rodas como en Damasco. El embajador británico estaba entusiasmado con la idea, y en una semana arregló para Montefiore una reunión con Reshid Pashá. Montefiore preparó un borrador del texto del firman y le hizo leer su traducción al francés a Reshid Pasha, quien respondió alentadoramente.

La audiencia de Montefiore con el sultán tuvo lugar en el palacio a la última hora de la tarde del 28 de octubre. Montefiore describió en su diario que mientras él y su grupo conducía hacia el palacio, «las calles estaban atestadas,  con las casas judías iluminadas en honor de la ocasión». Durante la audiencia, Montefiore leyó en voz alta un discurso formal en el que agradeció al sultán su posición en el caso de Rodas. A su vez, el sultán aseguró a sus invitados que su solicitud sería otorgada. El Firman fue entregado a Montefiore el 7 de noviembre, y luego se entregó una copia al Jajam Bashi de Rodas.