EL PURIM DE ZARAGOZA

Hoy se cumplen -sin que nadie lo celebre ni lo recuerde- una singular efemérides de la historia del judaísmo sefardí:  590 años del milagro de Purim en la judería zaragozana.


1428 es un año en el que, como consecuencia de las matanzas de 1391, ya había un gran número de judíos de la Península Ibérica que habían decidido convertirse al catolicismo. Los que abominaban de estas prácticas, obviamente, no miraban con buenos ojos a los apóstatas.

Alfonso V

Por esa época reinaba Alfonso V, el Magnánimo, rey de Aragón y de Valencia, además de  Mallorca, Sicilia, Nápoles  y Cerdeña, conde de Barcelona y de la Casa de Trastámara.  Rey culto, decía que de todos sus consejeros los mejores eran los libros, pues no tenían intereses ocultos diciéndole lo que debía hacer.

Y en Zaragoza, tal día como hoy, pero en 1428, vivirá un episodio con un Libro.

El monarca, que siempre quiso congraciarse con los judíos de la capital de su reino aragonés, realizaba una especie de visitas oficiales a la judería,  donde se le rendían honores y él se aseguraba de su fidelidad. La ceremonia solía hacerse en la calle Mayor y los judíos se ataviaban de gala para la ocasión. Los rabinos, además, en señal de honor, sacaban La Torá dentro del tik -el estuche ornamental  que guarda el Rollo dentro del Hejál, el armario que simboliza el Sancta Sanctorum del Templo de Jerusalén.

Pero un día alguien sugirió que a lo peor mostrar así la Torá a un gentil, por muy rey que fuera, era un deshonor y una falta contra la Halajá. Así que se convino en mostrar el tik pero vacío. De esta manera, se honraba al monarca sin deshonrar a la Torá.

Cierto judío converso, en algunas fuentes dicen que un tal Marcos,  se enteró de esta artimaña. Y como tenía cierto influjo sobre el rey, decidió contárselo a Alfonso V para que éste tomara represalias contra los judíos y les obligara a la conversión . Aunque el rey no le creyó al principio, era tal la insistencia del converso que al final el monarca le dijo que al día siguiente cuando estuviera frente a la Sinagoga y le presentaran la Torá ordenaría que abrieran el tik para cerciorarse de lo que había o no había en su interior. Y que si estaba vacío el tik , decretaría conversión o muerte.

Esa noche, los shamashim de la sinagoga -los  auxiliares del templo judío- tuvieron un mismo sueño: un hombre les ordenaba meter dentro del tik el Rollo de La Torá en la presentación del día siguiente. Y así procedieron.

Cuando la comitiva real se detuvo frente a las autoridades rabínicas, el judío converso prorrumpió a gritos que comprobara la deslealtad de los hebreos. El rabino tembló de miedo cuando se le ordenó abrir el tik, pues  él no sabía nada de los sueños de sus ayudantes. Cuando los abrieron y todo el mundo vio que dentro estaba la  Torá, el rey, sin más, ordenó que al judío converso le llevaran a la horca.

Los detalles de la historia fueron escritos en una meguilá -pergamino hebreo de hermosísima iluminación- bajo el título de Purim Zaragoza, por sus similitudes con la salvación de los judíos de la Meguilá de Purim tradicional.