LA JUDERÍA DE JEREZ DE LA FRONTERA

 La antigua ciudad del reino de Tartessos, que luego fuera romanizada e islamizada, también tuvo su judería, de la cual no queda sino la memoria, pero casi ningún vestigio físico.


Jerez de la Frontera –de la frontera entre  el Emirato de Córdoba y la Castilla de  Reconquista-  fue  capital de la cora de Saduna -una especie de distrito en la administración andalusí;  su nombre era Sherish y de  su época de mayor esplendor , SS. XIII y XIV, es su trazado. Incluido el de la judería.

Una vez reconquistada, en 1264, Alfonso X El Sabio ordenó repoblarla con una grande comunidad hebrea -unas 90 familias –  venidas de todos los puntos de la Península Ibérica (los Carrión, los Castellano, los Castro) Estas familias fueron asentadas  en un aparte de la ciudad, con muralla propia. Además de vivienda se les concedió una alhóndiga -almacén para la distribución de la harina- así como una Casa de Merced -una hospedería para judíos de paso- y dos sinagogas. En el S XV llegó a tener una población de unos cinco mil judíos.

Plaza del Santo Angel, donde estuvo una de las sinagogas

La sinagoga menor, en la Pza. del Santo Angel, quedó abandonada en 1479 y nunca fue ni reformada ni aprovechada, perdiéndose para siempre.

Alfonso X El Sabio dictó en el Libro del Repartimento -conservado en el Archivo Municipal de Jerez- las noventa  y nueve casas primigenias de las familias judías que repoblaron Jerez en respuesta a los servicios prestados a la Corona de Castilla. Había, entre otros, un alfayate (sastre) y un alamín (maestro de tejedores) , además de carnicero y rabino. 

Según el documento:  7 casas buenas, 23 casas medianas, 77 casas pequeñas, 7 solares, 14 corrales y almacenes, 2 bodegas y 2 establos, más como antes comentábamos, la alhóndiga y la casa de merced, así como las sinagogas. Sobre la mayor de ellas hoy se erige un centro comercial que se llama La Judería.

Cuando consta tributo, se llega a los cinco mil maravedíes, lo que si compraramos con los 100.000 de Sevilla, nos ofrece la realidad de la humildad de la judería jerezana.

A aprtir de la matanza de 1391 en Sevilla, muchos judíos jerezanos decidieron la conversión. Incluso donan el fonsario -el osario- a los recién llegados frailes dominicos.

En 1483 llega a Jerez una  orden:  todos los judíos han de abandonar el territorio  del Arzobispado de Sevilla. Algunos  judíos comenzaron a vender sus bienes por menos de la mitad de su valor. Para evitarlo, el Corregidor  dio una orden prohibiendo a todo cristiano comprar ninguna propiedad a los  judíos, con penas de azotes y cárcel al que lo hiciera. De esta manera se evitó que aquella pobre gente malvendiera sus pertenencias, dice  Antonio Mariscal Trujillo, del Centro de Estudios Históricos Jerezanos.  El Ayuntamiento, por escrito, se quejó  al Rey por  el quebranto  que supondría para la ciudad el cumplimiento de la orden de expulsión. El rey accede y da una prórroga de seis meses,  y los judíos siguieron en Jerez  hasta su destierro definitivo en 1492.

En la actualidad no queda nada. La sinagoga mayor, un centro comercial venido a menos y comprado por una cadena de hoteles. La menor, el edificio principal del colegio del Santo Angel.

También la calle del Fonsario,  del cual  hizo donación la ciudad en 1469 a Martín de Vera, hijo de Pedro de Vera, el célebre conquistador y Gobernador de las Canarias. La construcción de casas por estos lares empezó en 1395 y continuó en 1460, celebrado ante Juan de Torres, se manda sacar a çienso e tributo los solares de la parte cerca del fonsario de los judíos para edificar en ellos.

La calle Arcos.  Hay un documento  en  “Nuevas memorias judiegas” (El Guadalete, folletines, 1892), que dice que fue otorgada por la Aljama de los judíos de Xerez.