LA MASACRE DE LOS JUDÍOS CONVERSOS DE CÓRDOBA

La Hermandad de la Caridad llegó a pedir perdón por el saqueo de la judería y la matanza de muchos judíos, quienes tras cuatro días de masacre sufrirían  consecuencias posteriores veinte años antes de la expulsión.


La historia cordobesa lo conoce como el Episodio de la Cruz del Rastro, pero el episodio es el de la peor masacre  sufrida por la judería cordobesa.

Estamos a 14 de marzo de 1473  -falta un año para que comience el reinado de los Reyes católicos- y Córdoba se dispone a realizar las procesiones de Semana Santa. Los cofrades de la Hermandad de la Caridad sacan en procesión a su virgen engalanadísima. A la altura de la Herrería, hoy Carrera del Puente, una niña vertió sobre el manto de la virgen un líquido que dicen era orín. Alonso Rodríguez, herrero, gritó que aquello sin duda era obra de los judíos y clamaba venganza. A pesar de que algunas autoridades trataron de aplacar la situación,  disolvieron la procesión. Y entonces, una turbamulta de cristianos se abalanzó contra las casas de los judíos, para saquearlas, incendiarlas e incluso asesinar a muchos de sus moradores. Durante cuatro días.

Plaza de la Cruz del Rastro, Córodoba, con el monumento reformado en 1927

Hasta que D. Alfonso de Aguilar , Señor de Aguilar, protector de los judíos,  decidió poner fin a aquella masacre.

Este , que era hermano del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, acompañado de algunos de los suyos, se fue hasta el lugar llamado del Rastro y allí se encontró a Alonso Rodríguez, arengando a los que se decían cristianos. El Sr. de Aguilar le impelió a que se retirara y abandonara la sangre, pero el amotinado no sólo no obedeció sino que insultó al aristócrata, le hirió en un mano y  fue por esto por lo que el de Aguilar le mató atravesándole con su lanza. Y a sus correligionarios los persiguió hasta el convento de S. Francisco, donde quedaron encerrados.

Al día siguiente, comenzaron los rumores de que el cadáver de Alonso Rodriguez se había movido en su lecho de muerte y que aquello era señal de que clamaba venganza. Y salieron contra las casas judías para robar e incendiar y asesinar. El Sr. de Aguilar volvió a dirigirse contra los amotinados, ya capitaneados por Diego de Aguayo, afin a los Reyes Católicos, que hizo huir al de Aguilar y a muchos judíos, que se resguardaron en el Alcázar.

Al final, a los judíos se les pidió abandonar la ciudad o restringir su vida fuera de la ciudad , en el sitio que antaño se les había consignado. La Hermandad de la Caridad, comprendiendo que de su seno había surgido el conflicto, acordó perpetuar su memoria con una lápida conmemorativa colocada en el patio de San Francisco, y una gran cruz de hierro sobre un pedestal, ocupando el centro del antiguo Rastro. La actual es de 1927.

Código de referencia: ES.410917.AGA. Condado de Montegil, leg. 159.2. Título: Venta por el licenciado Andrés Calderón a Ferrán Páez de Castillejo de unas casas en la plazuela de los Paraísos, en Córdoba, confiscadas al converso Juan Rodríguez de Santa Cruz, alcalde de físicos y cirujanos de dicha ciudad. Fecha: 1487

Ese mismo año  el concejo cordobés despojó al converso Juan Rodríguez de Santa Cruz, sin más juicio ni prueba, del oficio de Jurado de la colación de Santo Domingo. Un lustro después,  1478, los Reyes Católicos no sólo no le confirman en el oficio de Alcalde de físicos y cirujanos concedido por el rey Enrique, sino que además revocan aquella merced y por tanto le queda prohibida la práctica de su oficio. Por si hubiera sido poco acoso, en el año de 1481 es juzgado y condenado como  hereje, aplicándosele la pena de confiscación  de todos sus bienes, que son puestos a subasta con privilegio real.

Así se le arrebataron dos casas-tienda en la calle Feria, en la collación de San Nicolás de la Ajerquía. Fueron compradas, qué casualidad,  por Diego de Aguayo, antisemita manifiesto  y cabecilla de los funestos hechos de marzo de  1473.  Por otro lado, los Reyes Católicos  al licenciado Andrés Calderón, vasallo real,  Corregidor de Granada y Alcalde de Casa y Corte, las casas confiscadas en la collación de Santa María, en la plazuela de los Paraísos. Las casas fueron vendidas a un gallego que ayudó a conquistar Córdoba con Fernando III y después de convertirlas en palacio en el S XVI y XVII,  acabaron siendo heredadas por el Duque de Alba,  quien a mediados del S XIX lo vendió a Juan Manuel Trevilla, conde de Montegil. En 1942 es adquirido por el Estado, trasladándose a él el Museo Arqueológico de Córdoba en 1960.