LOS NOVENTA JUDÍOS DE JEREZ DE LA FRONTERA

 Jerez  también tuvo su judería, de la cual no queda sino la memoria archivística como ejemplo de las repoblaciones en el marco de la Reconquista.


Habitada por la cultura de Tartessos desde el 3ª milenio aec, a este lugar llegaron los fenicios -al fundar la cercana  Gadir (Cádiz) Y, tras ellos, los cartagineses, los romanos, los visigodos, los bizantinos y, por último, en el S VIII,  los musulmanes. Muy pero que muy cerca de Jerez tuvo lugar la batalla de Guadalete (711) tomada como punto de partida de la invasión de los omeyas: dos reyes visigodos, Rodrigo y Agila II se enfrentaban entonces por el trono y,  en esas circunstancias,  Agila se alió con los bereberes para que se enfrentaran a Rodrigo, al que derrotaron.

Jardines interiores del Alcázar de Jerez

Jerez de la Frontera –de la frontera entre  el Emirato de Córdoba y  la Corona de Castilla  en tiempos de la gesta de la Reconquista- fue  capital de la cora de Saduna -una especie de distrito en la administración andalusí;  alcanzó gran esplendor en el S XIII, época del trazado de la ciudad, incluso el de la judería (pues los musulmanes tenían apartados a los hebreos dentro de la ciudad. Los judíos, considerados dimis (infieles) estaban sujetos a pagos de impuestos especiales para poder vivir entre los invasores, pero el elemento hebreo habitaba la Hispania Ulterior -posterior provincia de la Baetica- desde la época del Imperio de Roma)

 Tras la reconquista de Sevilla por Fernando III El Santo -que respetó y benefició a sus judíos dándoles cuatro mezquitas para que las convirtieran en sinagogas- su hijo, Alfonso X El Sabio, continuó la expansión reconquistadora Guadalquivir abajo y tomó  Jerez -por capitulaciones, sin sangre-  en 1249. El gobernador de la plaza, Ibn Abit se exilió en Granada. En 1264 hubo una rebelión mudejar contra los musulmanes y de éstos contra los cristianos, asesinando a toda la guarnición del Alcazar.  Alfonso asedia Jerez durante cinco meses, hasta que el 9 de octubre de 1264 se rinden. Los musulmanes fueron expulsados de la ciudad. Los judíos, no.

 Una vez reconquistada, Alfonso X  ordenó repoblarla con una gran  comunidad hebrea -unas 90 familias, formadas por artesanos y comerciantes  -venidas de diversos puntos de Castilla, en su gran mayoría.  Estas familias, según consta en el Libro del Repartimento,  fueron asentadas  en un aparte de la ciudad, con muralla propia. Además de vivienda, se les concedió una alhóndiga -almacén para la distribución de la harina- así como una Casa de Merced -una hospedería para judíos de paso- y dos sinagogas. En una tenía su rabinato Don Yusaf y en la otros, su hijo, Don Todros. De entre aquellos judíos estaba también Yehuda Mosca, que se convertirá en trujumán -traductor- del rey, mientras que Don Meir se desempeñará como almojarife -ministro de economía y finanzas. Don Vellocid se convirtió en ballestero del rey a caballo, junto a otros tres de la misma familia, que crean el apellido Ballesteros.

Todo está escrupulosamente detallado en el Libro del Repartimento, en lo que toca al nombre del cabeza de familia y la casa que se le entrega (y estudiado y publicado por el gran historiador Fidel Fita,  en 1888)

En el S XV, para el momento de la elección entre conversión o exilio, la aljama jerezana, de una extensión de unas 300 hectáreas,  llegó a tener una población de unos cinco mil judíos. Muchos -esto ya es materia de otro artículo- escogerán el cripto-judaísmo, ese tortuoso camino de áspides y víboras (Salmo 91) hasta los lúgubres cadalsos de la Inquisición.

Plaza del Santo Angel, donde estuvo una de las sinagogas

La sinagoga menor, en la Pza. del Santo Angel, quedó abandonada en 1479 y nunca fue ni reformada ni aprovechada, perdiéndose para siempre. Pero en los callejeros del S XIX todavía aparecen lugares  como Plaza de la Sinagoga’ o ‘Calle de la Sinagoga’, que hoy son calle Judería y  calle de  Álvar López (eminente historiador de fama mundial)

Alfonso X El Sabio dictó en el Libro del Repartimento -conservado en el Archivo Municipal de Jerez- las noventa  y nueve casas primigenias de las familias judías que repoblaron Jerez en respuesta a los servicios prestados a la Corona de Castilla. Había, entre otros, un alfayate (sastre) y un alamín (maestro de tejedores) , además de, por supuesto, dos oficios imprescindibles para el desarrollo de la vida hebrea: el de  carnicero y  el de rabin (que implicaba el de dayán, juez)  Y entre todos estos oficios, destaca, por su singularidad, el de labradores:  consta que en el actual barrio de S Pedro, donde estaba el cementerio judío, había unos solares destinados a cultivo que están a nombre de judíos.

A continuación, la lista de los noventa cabezas de familia hebrea que repoblaron Jerez.

Cuando consta tributo, se llega a los cinco mil maravedíes, lo que si compraramos con los 100.000 de Sevilla, nos ofrece la realidad de la humildad de la judería jerezana.

Crónica de un jerezano que fue testigo de los hechos

Como todas las juderías andaluzas, la de Jerez se va a ver muy afectada por el estallido en Sevilla de la revuelta anti-judía de 1391. Muchos judíos jerezanos  en ese punto de inflexión del judaísmo hispánico van a optar por  la conversión para salvar su vida. Y es tal el miedo que incluso donan el fonsario -el osario, el cementerio – a los recién llegados frailes dominicos. Casi cien años más tarde, en 1483,  llega a Jerez una  orden real :  todos los judíos han de abandonar el territorio  del Arzobispado de Sevilla. Algunos  judíos comenzaron a malvender sus bienes por menos de la mitad de su valor ; y ,además, el Corregidor de la ciudad, Juan Robles -que ese mismo año había tenido una nefasta participación en una batalla en Málaga-   prohibió  a todo cristiano comprar propiedades  a los  judíos, so  pena de azote público  y cárcel  a quien osare desobedecer. De esta manera se evitó que aquella pobre gente malvendiera sus pertenencias, dice  Antonio Mariscal Trujillo, del Centro de Estudios Históricos Jerezanos.  El Ayuntamiento jerezano, por escrito, se quejó  al Rey por  el quebranto  que supondría para la ciudad el cumplimiento de la orden de expulsión. El rey accede y da una prórroga de seis meses;  los judíos siguieron  viviendo en Jerez unos pocos años más:   hasta su destierro definitivo en 1492.

Miércoles primero de enero año MCCCCLXXXIII años… este día mandaron los inquisidores apregonar que todos los judíos de Sevilla e de su tierra que dentro en treinta días vendiesen todas sus faciendas e que saliesen fuera del arzobispado de Sevilla so pena de perder todos sus bienes los quales faltasen por vender. En este tiempo picaba la pestilencia en Xerez e vino la nueva como la mandaban los inquisidores esto, e, como lo oyeron los judíos en Xerez, comenzaron a vender todo lo suyo en manera que valía cien maravedís dábanlo por treinta maravedís e ansi todo lo que mucho valía vendíanlo mcuho de valde todas las cosas.
Benito de Cárdenas, Expulsión de judíos de Andalucía

En la actualidad no queda nada. Nada físico. Sólo documentos que sostienen recuerdos de la Historia de los Hispano-hebreos. La sinagoga mayor, hoy es  un centro comercial venido a menos y comprado por una cadena de hoteles. La menor, el edificio principal del colegio del Santo Angel.  Hay un documento  en  “Nuevas memorias judiegas” (El Guadalete, folletines, 1892), que dice que la calle de Arcos  fue otorgada por la Aljama de los judíos de Xerez.

Muchos de los expulsos en 1492 tomaron la opción del refugio en el Imperio Otomano, como demuestra e ilustra la historia de  ESTHER JANDALAÍ, UNA JUDÍA DE JEREZ EN EL HARÉN DE ESTAMBÚL