PARASHAT HA´SHAVÚA: «AJAREI MOT»

Parashá: «Ajarei Mot», Tras la Muerte, אַחֲרֵי מוֹת,  Levítico 16:1–18:30. Haftará sefaradit : Ezequiel 22:1–16. Darshán: Morenu veRabenu HaGaón HaTzadik Rabí David Janania Pinto shlita.


“Y habló Hashem a Moshé después
de la muerte de los dos hijos de Aharón,
cuando [éstos] ofrendaron delante de
Hashem y murieron” (Vaikrá 16:1).

Cabe meditar y peguntar: ¿por qué esta parashá se llama “Ajaré mot [shené bené Aharón]” (‘Después de la muerte [de los dos hijos de Aharón]’), si dicho evento solo se menciona en el primer versículo y no se vuelve a mencionar en ninguna otra parte en todo el resto de la parashá, ya que todo el resto de la parashá trata acerca de temas del Mishcán? A simple vista, lo apropiado habría sido que esta parashá llevara el nombre del Mishcán o algo relacionado con él. ¿Por qué esta parashá fue nombrada según lo que les sucedió a los hijos de Aharón, cuando todo el pasaje que trata al respecto se encuentra detallado enparashat Sheminí?

Para poder dilucidar esta dificultad, primero debemos saber que existen diversas explicaciones entre los comentaristas acerca de cuál fue la falta de los hijos de Aharón.

Hay quien dice que fueron castigados por el hecho de que sirvieron en el Mishcán siendo aún solteros. Hay quien dice que se debió a que entraron ebrios al Mishcán. Y hay quienes dicen que agregaron un fuego que no se les había sido ordenado que ofrendaran. Hay también quien dice que fueron castigados porque instruyeron halajá delante de su Maestro. Incluso hay quien dice que recibieron la muerte como castigo porque fueron descarados en lo que respecta a Moshé y Aharón, pues dijeron: “¿Cuándo se morirán estos viejos, y seremos nosotros los que dirigiremos al pueblo en su lugar?”.

Hemos de explicar que, de cada uno de sus actos, los hijos de Aharón no fueron culpables, merecedores de la pena de muerte, pero como “agregaron la gota quecolmó el vaso”, Hashem los castigó. Los hijos de Aharón habían ofrendado el incienso delante de Hashem —a pesar de que no se les había pedido que lo hicieran—, ya que ellos temieron que losHijos de Israel fueran a acostumbrarse a la presencia de la Shejiná en medio de ellos, en el Mishcán, y prontamente fueran a caer en la ligereza, y a incurrir en el irrespeto a la Shejiná, lo cual provocaría que los Hijos de Israel fueran castigados. Así como los Hijos de Israel se habían acostumbrado a la presencia de Moshé Rabenu y de Aharón entre ellos, lo cual había provocado como consecuencia que no les guardaran el respeto debido, y los había llevado a tener el descaro de dirigirse a ellos con reclamos duros y exigencias, los hijos de Aharón pensaron que, de la misma forma, incluso en lo que respecta al Mishcán, los Hijos de Israel iban a llegar a acostumbrarse a la permanencia de la Shejiná entre ellos y —jas veshalom— iban a incurrir en algún irrespeto. Debido a esto, los hijos de Aharón, con gran abnegación, quisieron llevar a cabo un acto que los convirtiera en culpables y merecedores de la pena de muerte, de modo tal que ello le dejara en claro al pueblo cuánto hay que cuidarse del respeto que se le debe al Mishcán y a la Shejiná, con todo el rigor de la ley.

Del dicho pasaron al hecho. Los hijos de Aharón entraron al Mishcán y ofrendaron un incienso, un fuego extraño que no deberían haber ofrendado, y así su alma fue quemada. Cuando los Hijos de Israel se percataron de lo ocurrido, de inmediato, se llenaron de temor y miedo, y fueron meticulosos en cuanto al respeto debido al Mishcán. Los hijos de Aharón actuaron con enorme abnegación y preocupación por toda la congregación de Israel. Por ello, Hakadosh Baruj Hu dijo (Vaikrá 10:6):

“Toda la Casa de Israel llorará el fuego que encendió Hashem”.

Asimismo, Hakadosh Baruj Hu instruyó que el fuego del que se habla en el Mishcán fuera llamado en nombre de la muerte de los hijos de Aharón, con el fin de elevar aquella tragedia como señal y destacar que todo el honor que los Hijos de Israel le rindieron al Mishcán —y, posteriormente, al Bet Hamikdash— fue establecido por el mérito de los hijos de Aharón, quienes despertaron la conciencia general al respecto.

Encontré que nuestros Sabios, de bendita memoria, dijeron que la partida de los Tzadikim es difícil sobrellevar como lo es sobrellevar la destrucción del Bet Hamikdash, y que la muerte de los Tzadikim expía los pecados. Y, a mi humilde parecer, debido a que Nadav y Avihú entregaron su alma porla gloria del Mishcán a fin de que no fuera menospreciado por los Hijos de Israel, esposible decir que ellos fueron equiparadosal Mishcán: así como el Mishcán expía, dela misma forma, la muerte de Nadav y de Avihú fue en concepto de expiación. Por lotanto, Ajaré Mot es la parashá que se leeen Yom Kipur, porque, así como la destrucción del Bet Hamikdash expió al Pueblo deIsrael, de la misma forma, la muerte de los hijos de Aharón fue una expiación para el Pueblo de Israel. Y aquello que citamos anteriormente,acerca de que los hijos de Aharón murieron porque “agregaron la gota que colmó el vaso”, se puede explicar que Hakadosh Baruj Hu nunca toma el alma de una persona de inmediato, sino solo cuando la persona “llena el vaso” con pecados delante de Él.

Nosotros no tenemos el poder de captación como para comprender cuáles fueron los pecados de los hijos de Aharón. Y ya está dicho (Vaikrá 10:3):

“Con Mis cercanos, he de ser glorificado”,

lo que da a entender que los hijos de Aharón eran Tzadikim y cercanos a Hashem. Pero, de todas formas,
este asunto viene a despertar nuestra conciencia y hacernos saber que el hombre tiene que hacer teshuvá por todas sus acciones, grandes y pequeñas, para que no se sumen e incrementen sus pecados, y Hakadosh Baruj Hu lo castigue entonces de forma dura y difícil.

Debemos saber que Hakadosh Baruj Hu nunca se cobra de la persona de inmediato, sino que primero le envía señales e indicios para llevarla a hacer teshuvá. Al principio, puede ser que se le rompa el saco; después, puede ser que el motor del carro le deje de funcionar en medio del camino; más adelante, puede ser que le llegue una enfermedad ligera. Y si después de todo esto, la persona no retorna de su sendero de maldad, Hakadosh Baruj Hu le envía una tragedia dolorosa, con la esperanza de que después de ella la persona se despierte de su letargo espiritual y retorne a Hashem, su Dios. (Véase el Tratado de Kidushín 20a).

Encontramos algo similar en el caso de quien hablaba lashón hará, que no recibía de inmediato el castigo de tzaráat sobre su ser, sino que primero encontraba manchas de tzaráat sobre las paredes de su casa, luego sobre su ropa; y si después de esto, la persona no hacía teshuvá por lo que había hablado, Hakadosh Baruj Hu le enviaba las manchas de tzaráat sobre su propia carne (Rambam, Hiljot Tum-at Tzaráat 16:10).

Y, como hemos dicho anteriormente, lo que más perturba en el servicio de Hashem es la costumbre y la rutina. Muchas veces, tenemos el corazón insensible hacia lo que es bueno y a las personas que nos rodean, por cuanto estamos acostumbrados a ello, al punto que es natural para nosotros que todo aquello, en la circunstancia en la que se encuentra, así debe ser. Solo cuando vemos a una persona andando en muletas, o con un bastón de ciego, recién ahí nos despertamos para agradecerle a Hashem Yitbaraj por el hecho de poder caminar sin ayuda y estar sanos y saludables, y poder ver con nuestros ojos todo lo que sucede a nuestro alrededor.

Hakadosh Baruj Hu concordó con lo que hicieron los hijos de Aharón; y por esa razón, dedicó esta parashá a lo que les sucedió a ellos. Les dedicó a los hijos de Aharón la parashá que trata acerca de la santidad del Mishcán, que tan importante había sido para ellos y que tanto habían venerado, a aquellos que fueron el medio por el cual fue santificado el Nombre de Hashem, en condición de “Con Mis cercanos, he de ser glorificado”.