PARASHAT HA´SHAVÚA: «MATOT MASE»

Parashot: Matot/ Masé ,  Números  30:2–32:42 /  Nímeros  33:1–36:13. Haftará sfaradit :  Jeremías 2:4–28 & 4:1–2. Darshán:  Morenu veRabenu HaGaón HaTzadik Rabí David Janania Pinto shlita


“Se enojó Moshé con los oficiales
del ejército, los jefes de millares y
los jefes de centenas, que vinieron
de la guerra” (Bamidbar 31:14).

Cuando los soldados de Israel regresaron victoriosos de la guerra contra Midián, Moshé Rabenu se enojó con ellos porque habían traído consigo a las mujeres midianitas. Moshé Rabenu les dijo:“¿Por qué se trajeron a las mujeres midianitas? ¡Si fueron ellas las causantes de que los Hijos de Israel pecaran en lo
tocante a Báal Peor!”.

Nuestros Sabios, de bendita memoria, dijeron (Tratado de Pesajim 66b): “Toda persona que se enoja [sufre las consecuencias, pues], si es sabia, su sabiduría la abandona”. ¿De dónde se aprende esto? De Moshé Rabenu, por cuanto dice el versículo: “Se enojó Moshé con los oficiales del ejército, etc.”; y como
Moshé se enojó con los Hijos de Israel, su sabiduría lo abandonó. Sobre esto, nuestros Sabios, de bendita memoria, dicen que debido a que Moshé Rabenu se enojó, llegó a cometer un error, puesto que se le olvidaron las leyes referentes a la purga de utensilios de no judíos, y Elazar Hacohén fue el que tuvo que enseñar dichas leyes a los Hijos de Israel en lugar de Moshé Rabenu.

Se puede preguntar sobre este asunto, lo que escribe Marán, el Gaón, el Rishón Letzión, Ribí Ovadia Yosef, zatzukal, respecto de que nuestros Sabios, de bendita memoria, enseñan (Tratado de Taanit 4a) que dijo Rava: “Cuando un Talmid Jajam joven se enoja con cierta persona, no es el Talmid Jajam quien se enoja, sino la Torá que se encuentra en él es la que se enoja; es decir, es por el poder de la Torá que el Talmid Jajam se enoja”. Al respecto, dijo Raviná: “A pesar de ello, el Sabio tiene que acostumbrarse a hablar con calma, por cuanto dice el versículo (Kohélet 11:10):

‘y quita el enojo de tu corazón’ ”.

Es sabido lo que escribió el Rambam, (Hiljot Deot, 2:3): “El enojo es una cualidad muy mala. La persona tiene que alejarse de la cualidad del enojo tanto como pueda, y educarse a no enojarse, aun por aquello por lo que justificadamente se debería enojar”.Marán, el Rishón Letzión, Ribí Ovadia Yosef, zatzukal, objetó que, de ser así, que lo que dijeron los Sabios en la Guemará acerca de que, cuando un Talmid Jajam joven se enoja, es la Torá la que arde ensu ser y es la que se enoja —en que, la intención es decir que aquel Talmid Jajam seenoja en Nombre del Cielo, virtualmente,con aquellos que hacen enojar a Hashemcon sus malas acciones—, todo el enojo del Talmid Jajam es solo para hacerlos retornar al sendero correcto. Entonces, deesta forma, está permitido que el Talmid Jajam se enoje.

De todas formas, el Talmid Jajam tiene que acostumbrarse a conducirse con calma, como concluyó el Rambam sus palabras: “Y si se trata del líder de la congregación, que quiere enojarse con sus miembros para que retornen al buen sendero, les debe mostrar a ellos quese enoja, pero en su corazón no puede haber enojo”.

Aprendemos de todas estas palabrasque el líder o dirigente de una congregación puede mostrarse enojadoexternamente, porque se enoja con lacongregación para que retornen al buensendero; y si se trata de un Talmid Jajam, es la Torá la que arde dentro de él y la que lo hace enojar en Nombre del Cielo, porque su enojo está dirigido contra aquellos que enfurecen a Hashem con sus malasacciones, y todo lo que él quiere es que vuelvan a hacer el bien.

Siendo así, de acuerdo con todo lo dicho, podemos preguntar respecto del enojo de Moshé Rabenu, alav Hashalom, contra los oficiales del ejército que regresaron de la batalla contra Midián: ¿por qué, en verdad, a Moshé Rabenu se le olvidaron las leyes de la purga de utensilios de no judíos y fue Elazar Hacohén el que tuvo que enseñárselas a los Hijos de Israel? ¡Si Moshé Rabenu tenía todas las buenas intenciones de enojarse en Nombre del Cielo con los oficiales del ejército que habían regresado de la guerra! Y su enojo se debió a que Moshé Rabenu vio que los soldados habían traído consigo a las mujeres midianitas, las que habían sido la causa del gran daño que había sufrido el Pueblo de Israel y que provocó la muerte de más de 24 mil judíos por el pecado de la idolatría a Báal Peor.

Se puede esclarecer que Moshé Rabenu había escuchado de boca de los soldados mismos, que habían regresado de la guerra en paz: “Tus siervos hicieron un censo de los guerreros que estaban bajo nuestra responsabilidad, y no falta nadie”. Es decir, ellos le dijeron a Moshé Rabenu que incluso en cuanto a espiritualidad ellos habían regresado completos en la virtud de la santidad, a pesar de que dicha guerra había sido muy difícil. Y a pesar de todas las molestias y de todos los obstáculos a la hora de la guerra, todos los soldados habían retornado vivos y sanos de la peligrosa guerra, lo cual era una señal de que todos eran tzadikim y nohabían tropezado —jas veshalom— con el pecado de la indecencia con las mujeres midianitas ni con el pecado de la idolatría.

A pesar de que a causa de aquellas mujeres, los Hijos de Israel habían tropezado con la idolatría de Báal Peor, ellos —los soldados— ya conocían las tretas de los midianitas. Y, siendo así, que Moshé Rabenu escuchó y hasta vio que todos los soldados habían regresado con bien, sin que ninguno de ellos hubiera sucumbido en laguerra, y todos habían permanecido en santidad, ¿por qué tuvo la necesidad de enojarse con ellos? ¿Y por qué tuvo que mostrarles “como si” estuviera enojado con ellos, como si —jas veshalom— hubieran pecado con aquellas mujeres no judías? ¡Si en verdad no habían pecado! Es por eso por lo que Moshé Rabenu fue “castigado”, por el honor de los Hijos de Israel y de aquellos soldados que habían permanecido en su santidad aun en medio de la guerra; y a Moshé Rabenu, se le olvidaron las leyes referentes a la purga de utensilios de no judíos. De esta forma, todos iban a saber que Hakadosh Baruj Hu no le deja pasar a nadie una falta —ni siquiera a Moshé Rabenu, el fiel siervo de Hakadosh Baruj Hu—, cuando ve que no se conducen como se debe. A pesar de que las intenciones de Moshé Rabenu habían sido netamente en Nombre del Cielo, y en nombre de la santidad más elevada, de todas formas, él debería haber pensado un poco, porque a él no le correspondía haberse enojado.

A pesar de que se puede decir que Moshé Rabenu se enojó con los oficiales del ejército porque quizá sí habían pecado con pensamientos pecaminosos, de todas formas, Moshé Rabenu vio, con espíritu profético, que aquellas mujeres le ocasionaron al Pueblo de Israel pensamientos pecaminosos cuando fueron traídas de la guerra. Por eso, Moshé Rabenu se enojó con los soldados, porque habían llegado a tener dichos pensamientos indecentes. Pero, por cuanto Moshé Rabenu se había enojado con los soldados tzadikim solo por el pensamiento pecaminoso, Hakadosh Baruj Hu lo castigó, porque Hakadosh Baruj Hu no le deja pasar la menor falta a ninguna persona, mucho menos a Sus Tzadikim. Y un Talmid Jajam tiene que conducirse con calma y cuidarse de ni siquiera guardar en el corazón el menor enojo hacia el compañero.