PARASHA ” VÆTJANAN” : LA ESCUCHA CONSCIENTE

Esta semana , Parashat ha ´Shavúa VÆTJANAN, Deuteronomio 3 : 23-7: 11, en la que Moisés le cuenta al Pueblo de Israel cómo implorar a D´os  y   en la cual  se repiten los 10 Mandamientos de la Ley y donde se menciona el primer versículo de la oración más importante del judaísmo: Shmá ,Israel! (Escucha, Israel) Unidad, amor y estudio.


Aquellos que frecuentamos la sinagoga y la Tefilá, cuando nos encontramos con la parashá de esta semana nos sentimos en terreno conocido. Allí aparece el Shemá Israel, el primer párrafo del Shemá; Veahavta et Adonai Eloheja- Amarás a tu Dios con todo tu corazón-, y los diez mandamientos. Un compendio de los párrafos más significativos de lo que nos define como tradición religiosa.

Muchas veces hemos comentado acerca de la importancia del Shmá y lo que a mí más me conmueve es el verbo lishmoa- escuchar  Este verbo define la acción que tenemos que hacer con el Shemá- Escucha. Quizás no sea la acción más contundente para hablar de nuestra adhesión al Dios de Israel, como Dios Uno. Escuchar, al menos hoy, tiene una connotación pasiva, general, poco demostrable. ¿Cómo me muestro fiel a este Dios, con el sólo hecho de comprometerme con “escuchar” que Adonai nuestro Dios es Uno?

Y sin embargo, es quizás el acto más profundo que define algo tan incognoscible como son los procesos de la fe y la concreción de una creencia.

Este verbo- escuchar– aparece muchas veces en nuestra parashá, como por ejemplo cuando Moshé recuerda el motivo por el cual él no entrará a la tierra de Israel,  dice:

“Pero el SEÑOR se enojó conmigo a causa de vosotros  y no me escuchó (Shmá)” (Devarím 3:26)

O cuando Moshé vuelve a mencionar la importancia de cumplir con las leyes una vez que hayan entrado a la tierra:

“Ahora pues, oh Israel, escucha (Shmá) los estatutos y los decretos que yo os enseño para que los ejecutéis, a fin de que viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que el SEÑOR, el Dios de vuestros padres, os da.” (Devarim 4:1)

“Así que guardadlos y ponedlo  por obra, porque esta será vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos que al escuchar (ishmeún) todos estos estatutos, dirán: `Ciertamente esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente”.  (Devarím 4: 6)

“Entonces llamó Moshé a todo Israel y les dijo: Oye (Shemá), Israel, los estatutos y ordenanzas que hablo hoy a vuestros oídos, para que los aprendáis y pongáis por obra.” (Devarím 5: 1)

“Escucha (Ve´Shamata) Israel, y esfuérzate en obedecer. Así te irá bien y serás un pueblo muy numeroso en la tierra donde abundan la leche y la miel, tal como te lo prometió el Señor, el Dios de tus antepasados.” (Devarím 6:3)

Cada vez que se habla de escuchar, desde sus diferentes acepciones, se menciona como el terreno de todo vínculo: entre Dios y su pueblo; o D´os y Moshé; o Israel con las naciones, o Israel con la Torá.

La escucha, lejos de ser pasiva, insípida y casi evanescente, es un acto no sólo comprometido sino también  un gesto relacional que define un vínculo.

La religiosidad de Israel se funda en la escucha y no en la obediencia ciega y sorda. Porque la fe es una relación vincular, una búsqueda de dos, que se encuentran, se reconocen y se reconfirman.

El ojo en la cara es el ojo que escucha”, nos dice John Llewelyn,  filósofo británico,  pensando en la obra de Lévinas. Y si seguimos este pensamiento podríamos decir, entonces, que lo observado nos mira y al hacerlo nos habla.

Toda palabra  con la  raíz .ש.מ.ע – shin-mem-ain (del verbo lishmoa– escuchar)- ilustra un acto de enlace; un acto de participación con gran  variedad de consecuencias.

La escucha no es pasiva para nuestro pueblo. Es la fe que hemos oído, es nuestra disposición a escuchar a los demás y con los demás y es  nuestro compromiso de hacer de la presencia de D¨os un vínculo cotidiano que orienta nuestras acciones.

En esta segunda parashá en el Libro de Devarim (que insistimos, significa literalmente “palabras”) aprendemos que las palabras no tienen razón de ser si no son escuchadas, si no provocan un compromiso, si no nutren nuestros pensamiento. Nuestro devenir, nuestras relaciones y nuestras palabras están profundamente unidos dependen, comienzan con una decisión: la escucha consciente o la ficción de “poner la oreja” para no vincularnos.

Dice George Steiner, profesor, crítico y teórico de la literatura franco americano, que

“…hablamos, oímos “entre líneas”. La comprensión y la recepción son actos que intentan descifrar un código, entrar en él. El matiz puesto en el “entre líneas” convierte al oír en “prestar oído” y lo aproxima al escuchar. Ese oír transformado supone intencionalidad, conciencia, actividad y no es sólo un registro pasivo y a veces distraído de los sonidos del otro.”

Shmá Israel nos  invoca  a no hacernos los distraídos;  a no repetir fórmulas; a no leer sólo la pluma escrita;  a asumir con conciencia nuestras decisiones;  a  darle a D´os un lugar en nuestras vidas – no como definición axiomática,  sino como  parte de un vínculo que nos compromete, nos interpela, nos llama, nos invita y nos responsabiliza. A darnos cuenta de que la sordera consciente nos transforma en autómatas adormecidos.

Y que la escucha consciente nos hace madurar hacia una fe que nos fortalece y nos despierta, a la maravilla de la presencia divina, a la maravilla de las relaciones con nuestro prójimo, a la maravilla de nuestra presencia en el mundo.

Shmá,  Israel!

Shabat Shalom!  Rab S. Chemen

 

Recitación del Shmá Israel a la sfaradí

 

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