¿QUIÉN FUE EL ARCEDIANO DE ECIJA Y CUÁL FUE SU PAPEL CONTRA LOS JUDÍOS?

 Ferrán Martínez, clérigo de antisemitismo mayúsculo en la Sevilla del S XIV,  responsable intelectual  de pla gravísima matanza de 1391 en casi todas las juderías de Castilla y Aragón, por lo que fue encarcelado.


En la historia de los judíos en Sfarad hay dos fechas ineludibles: la expulsión de 1492 y la gran masacre de 1391. En otro país, ambas fechas serían recordadas con eventos públicos para honrar a las víctimas. En España si bien se sabe quienes fueron los Reyes Católicos, pocos saben quién fue el arcediano de Ecija – en Sevilla – el provocador de la destrucción y saqueo de juderías por toda la península y responsable último del asesinato de miles de judíos.

Pedro López de Ayala -alavés, poeta, historiador y estadista  de los Trastámara,  muerto en Calahorra en 1407-lo contó en dos capítulos de  su Crónica, la cual  hay que contextualizar en la crisis general de la época: la Guerra de los Dos Pedros, la sublevación contra Pedro I,  la sequía y la hambruna, la peste negra, la devaluación de la moneda para sufragar guerras contra la casa de Lancaster….Enrique III era menor de edad y Castilla era gobernada por un consejo de regencia del que formaba parte el mismo Pedro López de Ayala.

Salvo casos aislados, los judíos habían vivido en paz junto a los cristianos -y viceversa- hasta mediados del S XIII, protegidos por los monarcas -como posesión real que eran y dedicándose a gestionar las finanzas de los monarcas, además del préstamo local a particulares.  El susbtratro subyacente de antisemitismo encontró en la crisis el motivo para expresarse, el chivo expiatorio.

No sabemos de dónde era Ferrán  Martínez, pero su nombre siempre aparece con la forma catalana, no la castellana Hernán, o Fernando.  Aunque fuera arcediano de Ecija -algo así como representante del obispo- vivía en Sevilla, donde había una próspera judería entonces. Sin que nadie le designara la función, se atribuyó la jurisdicción de la judería en la archidiócesis sevillana y exigió a localidades como Alcalá de Guadaira o la misma Ecija, expulsaran a los judíos. Sus sermones eran soflamas antisemitas día sí y día no.

Ferrán Martínez

Los judíos de Sevilla pidieron ayuda al rey Enrique II y en 1378 el arcediano recibió una carta real en el que se le recordaba que los judíos de Castilla eran propiedad real y que, por lo tanto, en el futuro se abstuviera de inmiscuirse en la vida de los judíos, no incitar a los cristianos a odiar a los judíos y , por supuesto, no ejercer jurisdicción alguna sobre ellos,  pues no le correspondía. Cuatro años después la comunidad judía de Sevilla tuvo que escribir otra queja, esta vez al rey Juan I. En 1382, este rey escribe al arcediano para reprenderle severamente, ordenándole desistir de su actitud intolerable so pena de sufrir castigo por ello.

Yudá Ben Abraham, de profesión pañero -comerciante de paños- en nombre de toda la comunidad judía hispalense, denunció  en 1382 al arcediano de Ecija a los alcaldes mayores de Sevilla, Ferrán González y Ruy Pérez. El arcediano contestó que seguiría como hasta entonces porque todo lo que hacía lo hacía por el bien de la iglesia y , por tanto, en favor del rey mismo. Y acusó a los judíos de haberle querido sobornar con 10.000 doblones de oro para que dictara sentencia a favor de los hebreos en cierto entuerto.  El cabildo catedralicio intervino enviando dos de sus miembros al rey, al que advirtieron que la justicia civil no tenía jurisdicción sobre el arcediano, sino sólo la eclesiástica y  argumentaron  que la seguridad de los judíos no estaba en peligro.

Leonor de Aragón, hija del rey Pedro IV de Aragón y Leonor de Sicilia, esposa del rey Juan I, intercedió por el arcediano y consiguió con malas artes que el rey se pusiera de parte del clérigo antisemita. Poco después, Leonor de Aragón moría dando a luz .

El arzobispo Barroso reunió una comisión de teólogos y expertos en derecho canónico, ante la que llamó a declarar a Ferrán Martínez, que no se presentó, por lo que se le prohibió ejercer sus funciones eclesiásticas y tomar ningún tipo de decisiones judiciales, bajo pena de excomunión.

Pero en 1390, en un periodo de tres meses, muere el rey y el arzobispo. El sucesor real, Enrique III, es menor de edad -tiene once años- y aprovechando la coyuntura, el vacío de poder, etc., el cabildo catedralicio nombra vicario a Ferrán Martínez. Antres de que acabase el año, el 8 de diciembre de 1390, envía  orden a toda la diócesis ,  cumplir bajo pena de excomunión las  instrucciones para destruir todas la sinagogas  sevillanas y enviarle  todas las menorot,  los libros en hebreo y los  rollos de la Ley que hubiere. Los primeros en obedecer fueron los de Écija y Alcalá de Guadaira, a las que siguieron otras localidades.

Los judíos sevillanos volvieron a quejarse al rey el 15 de diciembre de 1390. El rey ordenó se reconstruyeran las sinagogas y se devolviera lo expoliado.  También dio órdenes estrictas de deponer a Ferrán Martínez de sus cargos y enviarlo a donde no pudiera hacer más daño. El arcediano se defendió arguyendo que la justicia de la iglesia estaba por encima de la civil y que por eso tenía el respaldo y aprobación de toda la población cristiana de Sevilla.

En marzo de 1391 se produjo el primer levantamiento antijudío, con varias muertes; pero  la revuelta más importante ocurrió varios meses después, el 6 de junio, con el asalto a la judería de Sevilla, en el cual  miles de judíos fueron asesinados -dicen que 4000-  y los que no perecieron asesinados fueron  obligados a convertirse al cristianismo. Los protagonistas del tumulto, seguidores de Ferrán Martínez, eran conocidos como matadores de judíos..

El movimiento se extendió por toda la Corona de Castilla y por la de Aragón. La violencia se propagó  rápidamente en los alrededores de Sevilla y desde la baja Andalucía pasa, a mediados de junio, a Córdoba, luego a Andújar, Úbeda, Baeza; asesinatos, robos, saqueos, incendios. La ola llega pronto a Ciudad Real, a Toledo, a Cuenca, a Valencia -donde la judería fue completamente destruida y los judíos huyen a refugiarse en la judería cercana de Sagunto, donde se salvaron refugiados en el castillo. Y llega la violencia hasta Barcelona, donde el cinco de agosto  se perpetró la matanza que marcaría la ciudad de por vida, poniendo nombre a una calle de la judería en nombre del dominico que encabezó el pogromo -hasta hace unos días con el cambio de nombre al de calle de Ben Aderet. En Barcelona murieron asesinados trescientos judíos y la mayor parte de los que quedaron con vida la conservaron porque acataron el bautismo forzoso.

La sede arzobispal sevillana estuvo vacante hasta 1394. Con la llegada de un  nuevo arzobispo en el cargo (Gonzalo de Mena y Roelas) y con el rey Enrique III ya en ejercicio pleno de su cargo (desde el 2 de agosto de 1393, con trece años), Ferrán Martínez fue encarcelado  durante un tiempo en 1395.

Su  nada despreciable fortuna la donó antes de morir al Hospital de Santa María de Sevilla, que él mismo había fundado. Se le veneró popularmente como santo