TSFAT HASTA EL FIN DEL IMPERIO OTOMANO

La ciudad santa de Tsfat tiene una dilatada historia, pero nunca vivio una Edad de Oro como cuando la mayoría de sus habitantes eran sefardíes.

Ruinas de la fortaleza de Tsfat


Tsfat -la ciudad galilea que desde la cima de una montaña «contempla» (tsofá) la Tierra de Israel ente Ako y Tiberias- ya presenta  cuevas de enterramiento  humano desde el Bronce Medio (2º milenio a.e.c.) No obstante,  las pruebas de su habitación datan de la Edad del Hierro, siendo territorio de la Tribu de Neftalí. Tras la destrucción de los asirios, en 732 a.e.c., fue ocupada por los fenicios. Y después de la Destrucción de Jerusalén en el 70 d.e.c., muchos sacerdotes del Templo se refugiaron en Tsfat. En tiempos de la redacción del Talmud, desde la cima de Tsfat se encendían antorchas para anunciar el Rosh Jodesh, hasta que en el S VII, desde Damasco, llegaron los omeyas con la religión recién creada:el Islam.

En el S XII fue una fortaleza cruzada vendida a la Orden del Temple y destruida por los musulmanes en 1189, pero la comunidad judía debió permanecer en pie, pues en la Guenizá de El Cairo aparecieron documentos  que hablan de ordenaciones de rabinos en Tsfat por aquel entonces. En la época en que fue conquistada por los mamelucos, 1266, el número de familias judías era de 300. De esta etapa -concretamente del S XIV-  es la construcción de la sinagoga sefardí de Beit Eliahu Ha´Nabí, hoy la más antigua singoga de Tsfat.

En 1517, los otomanos derrotan a los mamelucos. Los sefardíes refugiados en 1492 en el Imperio Otomano, de la misma manera que se pueden ir hasta el extremo occidental del imperio -Viena- se pueden ir también al extremo oriental.  Durante el S XVI, distintas oleadas de judíos de distintos lugares recalaron en Eretz Israel; su primera intención habría sido, naturalmente,  radicarse en Jerusalén -pues estaban seguros de que el advenimiento del Mesías era inminente- pero las condiciones de vida en la Ciudad Santa (destruida desde el  S VII hasta el  S XVI por diferentes eventos históricos,  como Las Cruzadas y la conquista otomana a los mamelucos) no propiciaban  habitarla , así que la vida judía fue desarrollándose en La Galilea. Puesto que el proyecto proto-sionista de Doña Gracia Nasi y su sobrino, el Duque de Naxos no había florecido del todo en la reconstrucción de la vida judía en Tiberias, las olas migratorias recalaban de modo particular  en Tsfat.

Por aquel entonces, recién estrenada la Era Moderna, Tsfat se convirtió en  el epicentro de la Escuela Kabalística de Tsfat, levantada sobre el recuerdo de las yeshivot del S XI. Pero  la capital del sanjato otomano de mismo nombre atrajo a muchos judíos no porque  todos se dedicaron a las cosas del cielo sino también a las de la tierra: muchos  aprovecharon la abundancia de agua en Tsfat para crear una especie de sucursal de la gran industria textil que los sefardíes habían  llevado desde las aljamas de  Castilla  a  Tesalónica y,  desde allí,  a Tsfat. El tratamiento de la lana requiere grandes recursos hídricos y en Tsfat no faltaban.  Había tres mil telares en la ciudad; se llegó a un nivel tal de producción y calidad  en la industria textil que se competía con la misma Venecia. Además , paralelamente a la lana, también destacaba la ciudad por  su seda,  su  miel y sus  especias.

  Para  1517,   su población rondaba los 13.000 habitantes y casi la mitad era judíos. Algunos documentos de eventuales viajeros mencionan en sus escritos que la ciudad tenía abundancia de todo y que  todo se podía comprar a bajo precio;  y si algo faltaba, rápidamente lo traían desde Damasco, que recibía a cambio su excelente aceite de oliva, dice el viajero italiano Moshé de Besola.

Quien tuviera hambre en el espíritu tenía los frutos del Arbol de la Vida, Ets ha´Jaím, cultivado por los grandes mekubalím de infinito nombre: el Ari, Cordovero, Vital, Caro, poetas como Israel de Nájera o Shlomo Alkabetz. 18 grandes yeshivot. 21 sinagogas. Y por supuesto todas las instituciones indispensables para el correcto desarrollo de la vida judía halájica y kasher.

Los cambios en la idiosincrasia comercial de la cuenca mediterránea en el S XVI, generados por Inglaterra y Francia, fueron bastante nefastos para la industria de la lana de los judíos. Para 1564 ya se detectan los primeros indicios de recesión económica en Tsfat. Una década depués los precios de la lana estaban por los suelos.

Por si fuera poco, hubo desastres naturales, como la sequía de los años 1583 y 1584,  cuyo impacto también se sintió en la demografía. Muchos -como unos mil judíos, cifra bastante elevada para la época- abandonaron Tsfat. Parece ser que la mayoría decidió regresar cuando mejoraron las condiciones. Pero se tuvieron que enfrentar con  una nueva sequía en 1591 , además de las epidemias y las plagas de langosta  de 1594 y 1595. Luego, la sequía de 1599. Durante estos años se registran las fechas de fallecimiento de abundantes rabinos de la ciudad. Los que sobrevivían, decidían cambiar de residencia y escoger lugares más benévolos para la vida, tal es el caso de Damasco, o como la también santa ciudad de Jebrón; otros decidieron salir al mundo para recaudar fondos  y así poder  paliar las penurias de los de La Galilea. Y en este marco histórico es cuando surge la renovación de la comunidad judía de Jerusalén.

Muchas cartas que se han conservado hablan no sólo  de la miseria circundante en Tsfat y alrededores, sino también de las tensiones políticas entre los  jeques  otomanos y los drusos, llegando a haber constituido un gran ejército para asumir las problemáticas. Es decir, que subieron los impuestos para mantenerlo, en especial cuando las fuerzas del sultán tomaron la ciudad en 1633. Para 1657 la ciudad no era ni sombra de lo que había sido. Y todavía quedaban por llegar la epidemia de 1747 o el destructor terremoto de 1757, que dejó un total de 300 muertos. A fines del siglo, 1799, inmediatamente después de la retirada del ejército de Napoleón Bonaparte de la Tierra de Israel, el barrio judío fue destruido por los alborotadores árabes locales;  muchos  judíos de la ciudad fueron masacrados. Muchos de los que sobrevivieron se enfrentaron al terrible terremoto de 1823, seguido de un  saqueo general en el que muchos judíos fueron asesinados por árabes. El 1 de enero de 1837, otro terremoto destruyó todo el barrio judío y mató a unas 2.000 personas. De nuevo, aprovechando el seísmo, los musulmanes   saquearon a los judíos y  los otomanos mandaron a efectivos que velaran por la seguridad de los judíos e incluso de los cristianos. El terremoto fue seguido por una pandemia de cólera. Y al año siguiente, 1838,  los drusos y los musulmanes se amotinaron contra los judíos. La ciudad, que según el censo de Moshé Montefiore, tenía una población de 1338 judíos, de los cuales más de la mitad eran sefardíes,  quedó prácticamente despoblada de habitantes judíos. No obstante, a mediados del S XIX volvió a repoblarse y para el verano de la Primera Guerra Mundial ya vivían en ella 7500 judíos, de una población total que rondaba los 14.000. Todos sufrieron, además del hambre, de  la epidemia de tifus de los tiempos de la guerra. El único hospital que había era el de los misioneros ingleses, que fueron expulsados por ser enemigos del Imperio Otomano. Los que sobrevivían, huyeron a lugares más seguros o fueron reclutados para luchar contra los ingleses, que como sabemos derrotaron finalmente a los otomanos, disolviendo su imperio.