Sobre documentación histórica que evidencia la tenencia de viñedos en manos de judíos en la aljama leonesa.
La ciudad de León fue fundada por los romanos en el año 29 a.e.c., en el contexto de las Guerras Astur-Cántabras. Su nombre se debe a que en esa plaza se estableció, a partir del año 74, el campamento de una legión, Legio VII Gemina, que permanecerá allí hasta aproximadamente principios del siglo v, con la caída del Imperio Romano de Occidente. Luego fue parte del reino suevo y visigodo, y después de la invasión musulmana, en el S VIII, reconquistada por los reyes de Asturias. Al morir Alfonso III El Magno, S X, el reino astur se divide entre sus tres hijos: Asturias, para Fruela II; Galicia, para Ordoño II. Y para García, León. Pero éste muere sin descendencia y entonces Ordoño se instala como rey en la ciudad de su hermano difunto, naciendo así el Reino de León, que absorve al reino astur de Fruela.
La capital del nuevo reino prosperó por ser epicentro político de la nueva monarquía pero también por ser punto importante del Camino de Santiago. Y en este contexto es donde se estableció, ya en ese S X, una no pequeña comunidad que primeramente habitó a las afueras, en el llamado Castrum Iudeorum -Puente Castro, hoy. Lo sabemos porque Alfonso V promulgó en 1017 el Fuero de León, en donde se especifica que atañe tanto a cristianos como a judíos. El elemento hebreo se dedicaba presumiblemente a la platería y al tratamiento de cueros, el comercio de alhajas y paños, además de las preseas eclesiásticas (distinciones de la Iglesia a ciudadanos notorios).

Pero no hay documentación al respecto. Sí la hay sobre la tenencia de viñas. Por ejemplo, a fecha del 13 de febrero de 1015, y firmado por Alfonso V, existe un documento que nos habla de Munnio, que era prefecto de los cilleros reales de León, esto es, encargado máximo de la recolección de grano en la cilla, el órgano que recibía los impuestos en especie. Tenía propiedades en Puente Castro -tierras y viñas- que heredaron sus tres hijos poco antes de un ataque musulmán contra León. Los tres hermanos fueron hechos esclavos y deportados a Córdoba. La hacienda de Munnio quedó en manos del rey, hasta que fue entregada a Bermudo Nunnis; su viuda, Aurea, y sus hijos, la vendieron tanto a cristianos como a judíos, en referencia a dos hebreos: Xab Xaia y Yaakov Trebalio, que plantan viñas en aquellos terrenos. Los hijos de Aurea, contrarios a la venta, se querellaron ante el rey para impugnar la venta. Hubo juicio y los hebreos acataron la división de las viñas, que muy menguada fue a parar al rey, a los hijos pero también a los dos judíos. Y esto es solo un ejemplo de los no pocos documentos guardados en los archivos de la Catedral de León al respecto de compra-ventas de viñedos por parte de judíos de Puente Castro.
Uno de esos documentos, fecha a 4 de noviembre de 1053, hace referencia a Dña. Fronilde, hija del Duque D. Pelayo y nuera del rey Bermudo II El Gotoso (fallecido en 999). El rey tuvo un bastardo con una concubina, Elvira Pinioliz, de la cual nace Ordoño Bermudez, que casó con Fronilde Peláez (que significa hijo de Pelayo). Se refiere al conde Pelayo Rodríguez. Del matrimonio de Ordoño y Fronilde desciende todos los Ordoñez. Una cuñada de Fronilde, Elvira, fue la abuela de Jimena, la esposa de El Cid Campeador.
Pues bien: en aquel otoño de 1053 antes mencionado, Dña Fronilde compra una viña a Yosef Bar Yoab Escapat. (No, no era hijo de un catalán, como pudiera parecer: escapat es corrupción lingüística de Ish Kipá, hombre de Kipá). La dama había comprado a otros judíos otras viñas en otros momentos: en 1045 consta haber realizado compra en el «feudal de los hebreos», y en 1049 a un tal Shemtov, de Puente Castro. Es decir, parece ser que había bastantes tierras en propiedad en manos hebreas y que abundaban entre estas tierras las dedicadas a los viñedos (para poder elaborar el vino kasher necesario para la vida judía).
No obstante, el esplendor de la aljama de Puente Castro pronto viviría horas funestas: en 1196 una coalición castellano-aragonesa -Alfonso VIII de Castilla y Pedro II de Aragón- atacan a Alfonso IX de León. Fue devastador. El jueves 25 de aquel año mencionado, tomaron la judería de Puente Castro, destruyéndola por completo. Sus habitantes, de todo género y edad, fueron hechos cautivos de las huestes castello-aragonesas. Así lo cuenta Abraham Zacuto en su libro de crónicas, el Sefer ha´yajasím, Yosef ben Sadik, y Abraham de Terrutiel. Por eso luego habrá en el centro de la ciudad una nueva judería.
Bibliografía :
- «Nuevas Inscripciones Hebraicas Leonesas», Francisco Cantera y Burgos, Madrid, Revista «Sefarad», 2º nº del año 1943.

