ANTÍOCO, ONÍAS, JASÓN Y MENELAO

Januka desde el principio: Hª de los prolegómenos de la gran revuelta macabea contra el Imperio Seléucida.


Los más antiguos precedentes de los eventos de Januká comienzan en Babilonia: en 539 a.e.c., el aqueménida Ciro El Grande conquista el Imperio Neo-babilónico de Nabónido; seguidamente, Ciro permite que los judíos -cautivos en Babilonia desde que en 586 a.d.c. Nabucodonosor destruyera el Templo de Salomón- regresen a Sión para construir el Segundo Templo. No por eso los hebreos dejarían de ser vasallos de los persas, que son quienes a la postre ostentan la soberanía de la Tierra de Israel. Luego vinieron las Guerras Médicas, donde los persas fueron derrotados por los griegos, que quedaron agotados tras la contienda contra persas, espartanos, etc. Fue entonces cuando en el reino helenístico de Macedonia Alejandro Magno se lanza a conquistar el enorme imperio de los aqueménidas. Muerto el macedonio tempranamente en Babilonia, su vastísimo imperio, tras la regencia de  Pérdicas, será dividido entre sus mejores generales. Casandro, Lisímaco, Macedonia, Anatolia…A Ptolomeo, junto a un antiguo gobernador local, Cleómenes, le toca lo que hoy es Libia y Egipto. A Seleuko le toca un territorio inmenso desde el Pakistán al Egeo, incluyendo Siria y Judea: el Imperio Seléucida. Ptolomeo decide entonces expandir su territorio: asesina a Cleomenes y Pérdicas invade Egipto, que acaba siendo asesinado por tres generales ptolemaicos. Seguidamente, en 320, Ptolomeo tomó Jerusalén, que tuvo que reconquistar el mundo seléucida. Comienza así una etapa histórica -las Seis Guerras Sirias- en que el judaísmo, paulatinamente asimilado al helenismo, corrió el riesgo de desaparecer sobre la faz de la tierra.

Antíoco IV Epifanes

Seleuko IV, en el año 175 a.e.c. mandó a su primer ministro, Heliodoro, a desvalijar de riquezas el Templo de Jerusalén; luego, Heliodoro asesinó a Seleuko. Como su hijo era rehén de Roma hasta que no se pagaran deudas de guerra, se autoproclamó rey su hermano, Mitrídates, que reinó con el nombre de Antíoco IV. Lo primero que hizo fue asesinar a Heliodoro.

Por aquel entonces, era Sumo Sacerdote, Onías III (Jonio ben Shimon, en hebreo) Descendía de la dinastía de Tsadok, Sumo Sacerdote en tiempos de Salomón, génesis de la facción saducea. Pertenecía a la mishmeret (turno ritual) de Yedaia, que era la segunda familia levita en los turnos de sacrificios en el Templo. (Aunque Ha´Rambán dice que los turnos ya se repartieron en tiempos de Aarón Ha´Cohén con sus hijos Itamar y Eleazar, y aunque el número y orden de turnos fuera también reorganizado por el Rey David, según La G´Mará -sinónimo del Talmud de Babilonia- en el Tratado de Taanit, 27-2, se cuenta que al principio del Retorno a Sión -tras la liberación de Ciro- había cuatro familias que tenían el encargo de cubrir los cuatro turnos de guardia en el culto. De estas cuatro surgieron otras 24 -recuerden que había doce tribus- que se sucedían de Shabat a mediodía a Shabat en mediodía para hacerse cargo de la extrema responsabilidad del  rito del sacrificio eterno de la mañana, mediodía y tarde en el Templo. El primer turno lo iniciaban en el Shabat anterior a Pesaj -mes de nisán(mes primero, según La Torá, nisán según El Talmud)- los de la mishmeret de Yehoyarib, que es a la que pertenecía Matitiahu ben Jasmón, el padre de los cinco macabeos.) Onías -hijo y nieto de sumos sacerdotes-  era, a diferencia de su padre,  un declarado anti-helenista, un judío lleno de justicia y sabiduría. Pero tenía un enemigo, un tal Shimon, funcionario del tesoro del Templo. Shimón quería ascender en la logística del Templo, pero Onías lo impedía. Así que Shimón el funcionario le calumnió ante las autoridades seléucidas, acusándole de malversación de fondos reservados para viudas y huérfanos. Shimon convenció a los seléucidas de que Onías podía usar ese dinero para ponerse de parte de los ptolomeos. Fue entonces cuando Seleuko IV mandó a Heliodoro a desvalijar las riquezas del Templo. No robó nada. Y cuando regresó a Antioquía asesinó a su rey. Antíoco vengó la sangre de su hermano asesinando a Heliodoro. Y lo que es peor, la situación en Judea, entre los judíos, estaba al borde de una guerra civil, que según Onías tenía como mecha a Shimon. Onías solicitó audiencia en Antioquía para explicarse o, visto de otro modo, para rendir a los seléucidas cuentas de su postura pro-ptolemaica. Fue detenido por orden de Antíoco IV.

Fragmento del Rollo de Antíoco,  también llamado  «de los Jasmoneos», encontrado en la Guenizá de la sinagoga de Ben Ezra en El Cairo. De tiempos de Saadia Ha´gaón. S IX . Biblioteca de Israel. 

El hermano de Onías, Yehoshúa ben Shimon, salió al padre: pro-seléucida; y helenizado hasta el extremo de que se cambió el nombre, tan hebreo, para rendir honor a Jasón, el héroe del Vellocino de Oro. Sólo que Jasón -el hebreo- carecía por completo de heroicidad alguna y todo lo que hacía lo hacía por dinero. A Antíoco IV Jasón le ofreció la ingente cantidad de 440 talentos (1 talento=34 kg. de plata) para que le hiciera Sumo Sacerdote en Jerusalen. A Jasón no le interesaba nada el Templo, sino que quería dominar sobre sus riquezas para hacer de Jerusalén una polis griega en la que los seléucidas le hicieran rey de Judea. Antíoco aceptó la oferta porque le interesaba el dinero, ya que tenía que pagar las indemnizaciones impuestas por Roma cuando Antíoco III se levantó contra los romanos. Por supuesto, también le interesaba tener en Jerusalén a un aliado del helenismo. Se quedaría con el medio siclo que todo judío pagaba anualmente al Templo para su mantenimiento.

La situación era inaudita -nunca había ocurrido tal cosa en Jerusalén- y también era peligrosa,  pues rompía la tradición sacerdotal  y evidenciaba no sólo la corrupción de un sacerdote sino además hasta qué punto era Seleucia quien decidía la vida de los judíos. Era de esperar que surgiera una fuerte oposición política ante semejante coyuntura.

Jasón solicitó permiso para construir en Jerusalén dos instituciones que no faltaban en toda urbe helenística que se preciara: un gimnasio -especie de instituto de enseñanza media, donde además de música y deporte se hace filosofía- y un efebion -especie de escuela preparatoria para el ejercicio militar. Estos eran los intereses del Sumo Sacerdote de Jerusalén en el año 173 a.e.c. Por si fuera poco, solicitó también que los jerosolomitanos fueran, a partir de ahora, antioqueños, cuyas jóvenes generaciones estarían adiestradas en el efebion para luchar a favor de los seléucidas en su entuerto secular contra los egipcios. Hasta ordenó a los levitas a practicar lanzamiento de disco y  lucha greco-romana desnudos en el patio de los gentiles del Templo. El Oficio Divino pasó a un segundo plano. En vez de cuidar de las provisiones de aceite de oliva para la Menorá usaban el aceite para embadurnarse a la hora de practicar deportes de pancracio. Los hebreos más duchos en el saber de La Torá preveían que algo horrible iba a suceder.

Jasón hizo lo que le dio la gana durante tres años. Cuando se celebraron unos Juegos en la ciudad de Tiro, con asistencia del propio Antíoco IV, Jasón envió a los muchachos instruidos en el gimnasio de Jerusalén con un dinero para comprar los animales necesarios para un sacrificio a Heracles. El escándalo fue tal que al final el dinero se donó al puerto de Tiro. Luego, Jasón envió al intendente de las finanzas del Templo, Menelao, a pagar lo que se debía a Antíoco IV. Pero Menelao, cuando sacó el dinero, le dijo al seléucida que le daría el doble de esa cantidad cada año si le designaba Sumo Sacerdote del Templo de Jerusalén. Antíoco IV abrió el ojo y aceptó de inmediato.

Jana y sus siete hijos. A Ciseri, 1878,

Menelao -cuyo nombre ya anuncia su grado de helenización- fue designado Sumo Sacerdote en el año 170. Sin pertenecer a la tribu de Levy y sin que en sus ancestros hubiera una estirpe sacerdotal. El pueblo judío rugía de tanta indignación, tanta ignominia. Y temía lo que le avecinaba, pues Menelao era conocido como un ser cruel. Se crearon dos facciones: los que apoyaban a Jasón, que eran la mayoría, y los que apoyaban a Menelao. Pero éste, con la ayuda del ejército seléucida, derrotó a Jasón, que huyó al otro lado del Jordán, a la tierra de los amonitas. No obstante, en 168, a un año de la revuelta macabea, Antíoco IV sufrió una derrota vergonzosa en Egipto a manos de los romanos y se rumoreaba hasta que había muerto. Jasón regresó a Jerusalén con un ejército de mil hombres. Derrotó a Menelao y a sus partidarios los hizo pasto de una masacre sin límites. Pero sin embargo, tuvo que regresar a donde había partido, porque el pueblo judío se levantó contra él para impedir repetir la jugada.

Antíoco IV no había muerto en Egipto. Lo demostró de la peor forma posible: en el año de 167 a.e.c. decretó una serie de ominosos decretos religiosos contra el judaísmo -castigado su pueblo por levantisco.

Lo primero que hizo fue mandar a uno de sus generales, Apolonio, gobernador de Samaria,  a sofocar la rebelión de Jerusalén. Menelao y sus secuaces helenistas se hicieron fuertes en la fortaleza de la Jakra -no hace mucho descubierta junto a la Puerta que entra a la explanada del Kotel. Allí mismo se perpetraban actos de infame idolatría pagana, profanando el Templo. A los judíos se les impusieron unas cargas fiscales enormes, tanto por elevadas en dinero como porque era muy difícil conseguir ese dinero, ya que muchas tierras les fueron confiscadas y no podían ni trabajar ni vender. Arruinados, agraviados y hundidos,  muchos tomaron la decisión de abandonar la ciudad. Ese es el caso del sacerdote Matitiahu ben Jasmón y sus cinco hijos, de la mishmeret primera, Yehoraib, que se refugiaron en la localidad de Modi´in.

El decreto de Antíoco prohibía el ejercicio de las mitzvot (los preceptos de La Ley) y obligaba a los judíos a cometer las abominaciones de la idolatría. El sacrificio diario en el Templo fue paralizado y con él todo lo que el acto conllevaba; en el Templo se levantaron altares para los sacrificios paganos de animales no kasher, como cerdos, y en el Sancta Sanctorum se erigió una estatua de Zeus Olímpico. Quedó prohibido guardar Shabat o cualquier otra fiesta -ahora se celebraban las Grandes Dionisas- practicar circuncisiones, guardar kashrut, abolición del Derecho Hebreo, sustituido por la dictadura del rey, que además tenía el derecho de pernocta. Pena de muerte inmediata a quien contraviniera lo decretado por el déspota Antíoco IV Epifanes, El Aparecido.