Notas sobre el papel de Manuel Hadida para que los judíos cubanos tuvieran un cementerio hebreo.
El siete de octubre del año 1906, Manuel Hadida, al frente de una comisión comunitaria de otros once judíos, se entrevistó en Nueva York con el rabino jefe de la congregación sefardí neoyorquina, Shearith Israel, r. Jaím Pereira Mendes. ¿El motivo? Que los Estados Unidos se implicaran en la ayuda para que en Cuba hubiera un cementerio judío.
Manuel Hadida, judío de Orán, Argelia, es un personaje de no fácil rastreo, pues el apellido Hadid -aunque mayormente argelino, es profuso y aparece en muchos registros. No obstante sabemos que fue uno de los oraneses que, en tanto que ciudadano de Francia, emigró primero a París y, luego, a Londres; desde allí pasó, en un momento impreciso, a los EE.UU. y de allí a La Habana. Debió hacerlo con familiares, pues el motivo de la necesidad del cementerio surgió cuando uno de sus parientes falleció y tuvo que ser enterrado en el cementerio cristiano de Colón (fundado en 1886).
Hadida es parte importante de la creación de la comunidad judía cubana: en su domicilio -nº 9 del Pasaje de Arcado- se habían reunido el 5 de agosto de 1906 once judíos cuyo propósito era fundar una comunidad nueva. La mayoría de los once judíos reunidos eran de origen ashkenazí emigrados desde Europa, pero no podemos concretar cuántos eran de origen sefardí. Sí sabemos que en ese entonces el número de judíos de La Habana, Matanzas, Camagüey y lo que entonces aún se llamaba la isla de Pinos, hoy de la Juventud, rondaba la centena. Pero sólo quedan registros de los de La Habana.
El nombre elegido para esta comunidad fue Congregación Hebrea Unida (UHC) y ninguno de sus miembros era estrictamente observante de la Ley de Moisés. Hablaban en inglés entre sí y por eso, cuando más tarde empezaron a llegar judíos del Imperio Otomano, no fueron bienvenidos, porque además de la lengua tenían costumbres propias del judaísmo sefardí de los turcos y no eran potentados económicamente hablando.

La consagración de un cementerio judío no fue un asunto simple. Aunque, tras la Independencia de Cuba (1902) hubo una separación oficial de la Iglesia y el Estado, la Iglesia Católica Romana aún mantenía el monopolio respecto a lo funeral. Otras minorías, como los chinos, se beneficiaron de la intervención de sus respectivos gobiernos. Los judíos, sin embargo, no tenían un gobierno al que recurrir para la mediación. Por lo tanto, los judíos de aquella Cuba hoy inexistente eligieron identificarse como estadounidenses, ya que estos tenían una influencia especial en la isla con forma de largo lagarto verde, que diría el poeta.
En aquella primera reunión de la comunidad en casa de Hadida, se eligió como presidente de la comunidad a Louis Jurick, judío nacido en Yugoslavia y naturalizado estadounidense en 1889, en Cuba desde 1902. Manuel Hadida fue elegido secretario general. Robert Diamond fue elegido, en agosto de 1906, parnás de la congregación, esto es tesorero. Pero un mes después falleció y Joseph Steinberg fue nombrado nuevo parnás.
Manuel Hadida tuvo un papel principal en la interacción con el gobierno de los Estados Unidos para la consagración del cementerio judío. Cuando se entrevistó en N.Y. con el jajám de Shearit Israel, éste le recomendó a Hadida que consultara la cuestión con un sefardí llamado Adolphus Simeon Solomons de Washington, D.C., pues tenía influencia en el Departamento de Estado, además de consejero del gobierno americano para asuntos de los judíos del Imperio Otomano y, además, presidente del Seminario Rabínico desde 1902. Luego el presidente de esta institución fue Solomon Schechter, judío rumano formado en la Universidad de Cambridge que fue el que se hizo con todos los documentos encontrados en la guenizá de la sinagoga de Ben Ezra en El Cairo.
Con la mediación de Schechter y el Seminario fue posible la recaudación de fondos para la ayuda de los refugiados judíos en Cuba cuando la Primera Guerra Mundial. Pero esta conexión con el Seminario terminó en 1923, con la contratación de un nuevo presidente. Este es el momento de inflexión por el que la comunidad cubana acabará adoptando el Judaísmo Reformista (de Schechter).
En la octava reunión de la Congregación Hebrea de Cuba, Hadida anunció que el gobierno cubano había otorgado, al fin, un permiso para fundar el cementerio hebreo. Esa misma noche, Hadida comenzó a solicitar suscripciones para que pudieran seguir adelante con la compra de la tierra. El cementerio, consagrado en 1910, se encuentra en Guanabacoa, un vecindario al otro lado de la bahía de la Habana Vieja.
En foto principal, puerta del cementerio en cuestión en la actualidad.


