EL SEFARDÍ QUE PINTABA COCODRILOS

Reseña sobre J. Teixeira de Mattos,  un artista holandés del S XX, caído en el olvido quizás porque huyó de la vida bohemia y el escándalo.


No, en los canales de Amsterdam jamás hubo cocodrilos. Pero en los canales de la mente colectiva de los judíos, algunas vías líquidas son capaces de llevarte muy lejos: por ejemplo, hasta Egipto, donde los múltiples dioses de la abominación de la idolatría adquirían formas de animales que representaban atributos místicos. Es el caso de Sobek, el dios reptil -pero de carácter benéfico- que creó El Nilo. Acuarelas hebreas del señor de las aguas del país donde se fragua -crea- la nación hebrea. Así es el arte y así son los artistas.

Yosef Teixeira de Mattos fue a nacer junto a los canales de Amsterdam, en el seno de una antigua y prominente familia de importante raigambre sefardí. Vio la luz de la vida en el año de 1892 y podéis navegar por su obra en el Teylers Museum, de Haarlem (Holanda, no N,Y.)

Autoretrato de 1921. Haarlem, Teylers Museum

Sus ancestros, de obvio origen portugués, abandonaron la costa atlántica de la Península Ibérica cuando se instauró el tribunal luso de la Inquisición. Pero no se establecieron en Amsterdam, sino en Altona, el antiguo distrito de lo que hoy llamamos Hamburgo, en el norte de Alemania, pero junto a la frontera con Dinamarca. Ambos países siempre han estado enemistados por el exacto dibujo de sus fronteras. Altona sólo fue incorporada a Alemania en 1934, un año después de que el innombrable nazi hitleriano accediera al poder. Abraham Teixeira de Mattos, rico comerciante portugués, prestó dinero al rey Federico III de Dinamarca para financiar sus guerras fronterizas contra los alemanes por los ducados medievales de Holstein y Shleiswig. En compensación, en 1657 -un año después de lo de Recife y lo de Londres- el monarca danés ofreció a los judíos profesar libremente su religión, además de conceder la gracia de absoluta libertad de movimientos para ejercer sus negocios comerciales sin límites legales. La tumba de este antepasado aún puede verse en el cementerio judío de Altona. Es decir, los Teixeira de Mattos -que emparentaron con los Mocatta, creando la rama Mocatta de Mattos, la de la madre de sir M. Montefiore- son un importante linaje de la aristocracia sefardí del norte de Europa. El padre del protagonista del artículo fue  Jacob Texeira de Matos, y la madre fue Abigail López Cardoso.

Yosef no fue el único  y ocasional y eventual miembro famoso de la estirpe de los Texeira en su tiempo. Un primo suyo, nacido en 1898, fue un conocido bobsledder, un corredor de vehículos en el hielo en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1928 (sustituyendo al primer participante olímpico de Holanda, Albert Levy, que no pudo asistir por unas grandes huelgas en sus familiares fábricas de zapatos-Sobrevivió a La Shoá). Yosef. como Alvert,  fue un jonkheer, es decir, un receptor de un título nobiliario de la monarquía holandesa, un «señor» para los parámetros de la nobleza de los Países Bajos. También hay que decir que no hay que confundirlo con su tío, que se llamaba igual que él, pero que no era pintor, sino escultor.

Además de artiosta fue un agente de la Agencia Neerlandesa de Información, esto es, fue un espía, para hablar claro y sin problemas.

En 1934, Texeira Mattos ingresó en la prestigiosa academia Arti et Amictiae -Arte y Amistad- comúnmente llamad Arti, que es la institución mayor de las artes plásticas en Holanda. NO obstante, era muy reacio a seguir pautas académicas y puede decirse que fue un artista autodidacta, que afirmaba estar muy influido por otros dos pintores sefardíes de Holanda: Joseph Mendes da Costa (1863-1939) y Samuel Jessurun de Mesquita (1870-1944).

Falleció en París en el año de 1971, donde vivía -ajeno a la bohemia del artisteo- desde 1938, por lo cual fue testigo de la Segunda Guerra Mundial desde esa ciudad, y sobrevivió a su invasión nazi. Son muy apreciados sus dibujos ilustrando la vida parisina: peatones, niños y caminantes en el Jardïn dr Luxemburgo (que dicho sea de paso fue construido por una gran amante de lo hebreo, María de Médeci cuando su hijo la echó de casa -El Louvre- y ella no tenía donde vivir)

Su obra puede contemplarse en su mayor parte en el Lovre y en el museo Tylers de la ciudad holandesa de Harlem.