ESPAÑA Y LOS JUDÍOS A FINES DEL S. XIX

 Resúmen somero de las relaciones gubernamentales de España con la comunidad judía en el último tercio del S. XIX.


Prim

Septiembre de 1868: con la Revolución de La Gloriosa, que depone a Isabel II, las cosas también cambian para los judíos: desde la Constitución de 1854 , judíos de los  Países Bajos, del sudeste de Francia -Burdeos- de Londres y demás países  europeos con comunidades sefardíes  habían ido pidiendo insistentemente derogar el decreto de expulsión de 1492. Pero no fue hasta la revolución setembrina del ´68 cuando el General Prim dijo que los judíos “son libres de entrar en nuestro país y ejercer libremente el culto, así como a los miembros de todas las religiones”.

Los partidos liberales, con matizaciones, apoyaron la causa judía y el retorno de los sefarditas respaldando así  al Gobierno de Sagasta; los conservadores, por su parte, aun defendiendo  la condena del antisemitismo y la aceptación de los judíos ricos en España, no deseaban la repatriación de los  judíos;  la facción  católica,  a favor del absolutismo monárquico,   proseguía manifestando su antisemitismo visceral ,  pertinaz y   oponiéndose al retorno y  hasta justificando  el antisemitismo europeo.

 

Moret

Tras el gobierno fugaz de Cánovas, el Gobierno liberal de Sagasta tiene como ministro de asuntos exteriores a Segismundo  Moret , quien cree que mediante los sefardíes aumentará el prestigio de una España en decadencia.  Sin embargo, el primer acercamiento a la comunidad judía no sería por el Mediterráneo, sino por Rusia y a consecuencia de los progromos zaristas de 1881. En 1881,  el marqués de la Vega de Armijo pide información a los cónsules españoles en Odessa y Kiev sobre los pogromos rusos contra los judíos de esos territorios. El cónsul de Odessa confirma que la situación es gravemente antisemita. El entonces embajador español en Constantinopla, Juan Antonio Rascón Navarro, conde de Rascón, inició una campaña para salvar a los judíos que huían de Rusia a Turquía. Pensaba que “España podría utilizar a estos judíos como agentes comerciales y ser representantes de sus exportaciones a estos países de la Europa Oriental y Balcánica y el Imperio Turco, utilizando los elementos comunes que había con esos judíos: la lengua y cultura común” Ese mismo año llegaron al puerto de Barcelona 51 judíos dispuestos a radicarse en España. En 1882, Rascón consiguió que otras 230 personas judías pudieran volver a Sfarad.

Ignacio Bauer

Nombres como Alejandro Aguado (banquero), los empresarios y banqueros hermanos Pereire (Émile e Isaac), pasando por Rothschild, Ignacio Bauer (agente comercial de los Rothschild), Abraham Camondo (banquero turco , agente de cambio y famoso coleccionista de arte), Daniel Westsvailer (representante también de la banca Rothschild), Alfredo Lowely (director de unos ferrocarriles en Andalucía) ahora empezaban a convivir con otro tipo de judíos que llegaban a Sfarad  ,  burgueses como Henry Mansberger y Klein, relojero de Palacio Real, con su yerno Julius Nelken con una relojería en la Plaza Mayor de Madrid,  ahora también con gente también prácticamente en la indigencia -Galdós describe a un sefardita vagabundo por Madrid-  y dispuestos a inventarse una vida aquí.

El periodista Isidoro López Lapuya funda el “Centro Nacional de Emigración Israelita” .  Se constituyó oficialmente el 30 de noviembre de 1886, publicando sus objetivos: atraer a los emigrantes judíos hacia España principalmente descendientes de familias españolas que fueron expulsados en 1492. En este centro colaboran conocidos periodistas, políticos y miembros de la “Asociación de la Institución Libre de Enseñanza”, separados de la universidad por defender la libertad de cátedra tras ser imbuidos por los preceptos pedgógicos de otro judío europeo , Krause. La primera institución laica de enseñanza en España, que primero fue de corte universitario y llegó con el tiempo a la enseñanza primaria. Apoyaban la asociación Joaquín Costa, Leopoldo Alas Clarín, José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Ramón Menéndez Pidal, Antonio Machado, Joaquín Sorolla, Augusto González de Linares, Santiago Ramón y Cajal y Federico Rubio.  Como director se eligió al judío británico de origen portugués, Haim Guedalla, y, como presidente honorario a Lapuya, que inició una campaña de prensa que tuvo gran difusión exterior llegando hasta las comunidades hebreas de los Balcanes y del Imperio austrohúngaro.

Mientras tanto, Lapuya comunica que 13 judíos de Brody, frontera de Ukrania con Austria , han pedido asilo en  Sfarad en 1897. Se les concede y llegan a la península en unas condiciones de miseria total, por lo cual pide ayuda a instituciones judías de todo el mundo para pedir ayuda. Inmediatamente llegaron otros trece de Marruecos.

El 16 de abril de 1899, el embajador ruso en Madrid, Dimitri Slevich, entrega al jefe del Gobierno español, Francisco Silvela (1843-1905), un documento secreto de su Gobierno en el que expone la situación y los temores de los diversos Gobiernos europeos, y más concretamente del ruso (Nicolás II), sobre el sionismo y pidiendo información al Gobierno de Madrid sobre las posibles actividades de este movimiento en España.

Por otro lado, por el lado del sur, en 1859 , con la Guerra de Marrueos, dirigida por O´Donell, las tropas españolas entran en Tetuán el 6 de febrero de 1860 y contactan con la comunidad sefardí. Si bien Pedro Antonio de Alarcón no esconde su antisemitismo periodístico, otros periodistas ayudaron a los judíos cuando fueron víctimas de un ataque de los musulmanes. Más tarde, en  1864, la junta gubernativa de los hebreos de Tetuán  se dirigió al cuerpo diplomático acreditado en la ciudad para que se definiera  el trato diplomático que se debía dar a los judíos tras el acuerdo l con el sultán de Marruecos  con sir Moisés Montefiore, barón de Montefiore, según el cual se igualaba ante la ley a israelitas y musulmanes. España se sumó a la idea inglesa de que se debía protestar contra las injusticias cometidas contra los hebreos. Los consulados españoles recibieron la orden de considerar a los judíos como a sus protegidos. Cuando las tropas españolas se marcharon de Tetuán, muchos judíos las siguieron hasta Ceuta y Melilla, creando nuevas comunidades. Otros emigraron a América. Pero otros lo hicieron creando la comunidad de Sevilla. Mientras tanto, las fiebres tifoideas asolan Marruecos y el cónsul español solicita la gobierno un hospital de caridad para tratatr a la judería, donde hay muchos voluntarios ofreciendo su ayuda. Los hebreos ahora son atendidos por médicos del Consulado, que dirige Ramón Lon, que muestra hacia los israelitas una entrega generosa considerándolos como ciudadanos españoles. La comunidad judía agradece a las autoridades españolas esta ayuda y, especialmente la del médico del Consulado, Francisco Palma, dirigiéndose tanto al Gobierno español como a la organización judía internacional más importante de la época “Alliance Israélite Universelle” elogiando la labor del médico del Consulado y haciendo referencia a “la ayuda a los descendientes de los proscritos españoles de 1492”.

Pulido tras la reunión con Alfonso XIII

Mientras tanto, el dr. Angel Pulido,  en viaje por las orillas del Danubio, entra en contacto con una serie de judíos que le inspiran una serie de artículos periodísticos llamando a la reconciliación con la raza hebrea y buscando una sensibilización en la opinión pública e intelectual. Habla hasta con el rey y con el Senado. Gracias a Pulido, se consiguió crear la primera Cátedra de hebreo rabínico en la Universidad Central en 1915, que desempeñó el hebraísta Dr.Abraham Yahuda. Estas iniciativas fueron apoyadas por políticos de distintas tendencias: Alcalá Zamora, Melquiades Álvarez, Antonio Goicoechea, Juan de la Cierva e incluso el rey Alfonso XIII. Y se difundía en la revista La Raza, pagada por Ignacio Bauer, el más prominente judío de entonces en España, agente de los Rothschild y de amplísimo eco social en los últimos años del S XIX:

Bibliografía: «El retorno de los judíos «, de Isidro González, Nerea, Madrid  1991

 

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