ISABEL CORREA Y DANIEL YEHUDÁ DE MALLORCA

Nota sobre una de las primeras literatas del S XVII en la comunidad de Amsterdam y su esposo.


Sigue a la noche, tumba de esplendores,la aurora, cuna en que dispierta el día;sigue al invierno, salmandra fría,el verano, pancarpia de mil flores;sigue a la lid, insidia de rigores,la paz, olivo que Minerva cría;a la tormenta, infestadora harpía,sigue la calma, iris de colores.Noche, invierno, infiel lid, tormenta errante,son vivas alusiones del pasado,disgusto que al presente os cede palma.¡Oh, Mirtilo! ¡Oh, Amarilis! Ya triunfante,os sigue el nupcial gozo figuradoen la aurora, el verano, paz y calma

Isabel Rebeca Correa nació en Lisboa hacia 1655 en el seno de una familia de neo-conversos que decidió, como tantas otras, abandonar Portugal para radicarse en los Países Bajos. Sabemos muy poco de los avatares de su vida, pero sí conocemos que su llegada a Amsterdam estuvo precedida por tiempo en Bruselas y Amberes. Una vez integrada en la comunidad hispano-lusa de Amsterdam, retornó al judaísmo de sus ancestros y se convirtió en una judía muy popular.

Allí casó con Nicolás Oliver de Fullana, cristiano mallorquín convertido al judaísmo con el nombre de Daniel Yehudá de Mallorca. Aunque formado en la jurisprudencia, participó desde 1641 como capitán de infantería de una compañía de mallorquines en la guerra de Cataluña, donde estuvo ocho años. También escribía versos y tenía fama como nigromante, por lo que acabó en la corte de Felipe IV de España como astrólogo. Pero la Inquisición, dice Caro Baroja,  le abrió un expediente inquisitorial y fue condenado a una condena a cuatro años de presidio y seis de destierro (de Toledo, Madrid y Mallorca). Cumplida la pena, marchó a Bruselas, donde fue coronel. Luego pasó a Amsterdam, donde enviudó, se involucró en los círculos literarios de la comunidad sefardí y rehizo su vida con quien decían era la mujer más bella de la ciudad: Isabel Correa.

Daniel Yehuda de Mallorca fue, en tanto que poeta, núcleo del grupo formado por autores muy conocidos -como Miguel de Barrios y Joseph Penso de la Vega o Manuel Belmonte; será en ese grupo, la Academia de los Floridos,  donde  también se desarrolle la actividad literaria de Isabel. De Barrios dejó escrito de ella que era una excelente lingüista, que escribía cartas deliciosas, componía versos exquisitos, tañía el laúd como un maestro y cantaba como un ángel, mientras también era admirada por sus ardientes y vibrantes ojos oscuros.

De su conocimiento de lenguas nos queda su labor de traductora. Hablamos de la famosísima obra «EL pastor fido», de Giambattista Guarini, estrenada en 1585 y nombrada como obra de la biblioteca de El Quijote. Isabel la traduce del italiano al español. Y la traducción está dedicada a Manuel Belmonte. Como dice la propia portada de la obra traducida, «ilustrada con reflexiones» que se consideran brotes evidentes de la emancipación de la mujer. Estas reflexiones no deben entenderse en el actual sentido del término, sino amplificaciones.

Esta es aquella que voraz conmueve, hablando en modo breve, cuanto rigor excita,cuanto desdén vomita en tu trato corriendo,cual bruto que, rompiendo los preceptos del arte desbocado,al gobierno de acero se ha negado,atropellando ciega a las razones, de su pasión guiada otras pasiones

De Pastor Fido, que puede leerse  pinchando en este enlace. 

Isabella falleció en Amsterdam en 1700.