Reseña sobre unos restos arqueológicos de gran antigüedad y que pertenecieron a la aljama hispalense.
Sevilla, ciudad con el casco antiguo más grande de España -y sexto de Europa- es tan antigua que los historiadores no se ponen de acuerdo en si es de fundación fenicia o tartésica. Luego fue habitada por los cartagineses -a la sazón también de origen fenicio, esto es cananeo-pero cuando este pueblo se enfrentó a los romanos (Segunda Guerra Púnica, 206 a.e.c.) la localidad pasó al poder de Roma y Escipión El Africano la convirtió en Itálica. En tiempos del Imperio fue capital de uno de los cuatro conventus de la provincia de la Bética. Ocupada por los vándalos, fue tomada por los visigodos, que la perdieron con la invasión de los musulmanes a principios del S VIII.
Ya en época del Califato de Córdoba tenía población judía, pero la mayoría acabó huyendo de la ciudad hacia Toledo o Lucena cuando los bereberes llamados almohades decidieron conquistar Al Alandalus. En 1248, el rey castellano-leonés Fernando III El Santo reconquistó la ciudad y expulsa a los musulmanes, pero no a los judíos. De hecho, muchas familias de las huidas a Toledo regresan entonces a Sevilla. Se calcula que hablamos de unas doscientas familias. En 1252, Alfonso X El Sabio (hijo de Fernando III) decidió que tres antiguas mezquitas de la ciudad serían entregadas a los judíos para que tuvieran allí sus sinagogas. Hoy, tras la destrucción de la judería hispalense cuando la matanza de judíos de 1391, son iglesias: Sta. Mª La Blanca, S. Bartolomé y la de la Sta. Cruz. Además hay muchas razones por las que se considera que el convento de Madre de Dios fue edificado sobre unas casas de la judería en donde durante el S XIV se rezaba en hebreo por los judíos.
S. Bartolomé fue totalmente destruida y re-edificada, por lo que no queda nada de su pasado hebreo. No es el caso de Sta. Mª La Blanca, en donde en 2024, durante unos trabajos de restauración del retablo principal, aparecieron las hornacinas donde se ubicaba el hejal de la antigua sinagoga. Es lo que pueden ver en la foto a su izquierda. La mikvé estaba enfrente, en lo que hoy son los almacenes del restaurante «El Cordobés». Poco más arriba, la casa de Yosef Pichón, almojarife real en tiempos de Enrique II; la casa, comprada por Samuel Abrabanel -Juan Sánchez de Sevilla, como converso- hoy es el Palacio de Altamira, Consejería de Cultura. Y la calla de los levíes, con la casa de Samuel Ha´Leví, almojarife (tesorero) de Pedro I de Castilla. Algunos restos de la muralla de la aljama judía están señalados con una franja de pavimento especial en la actual calle de Mateos Gago. El contorno de esa muralla de la judería dejaba dentro los terrenos que hoy son los barrios de S. Bartolomé, Sta. Mª La Blanca y el más turístico, Santa Cruz.
En este último barrio se levantó, como hemos dicho, una de aquellas mezquitas que fueron donadas a los judíos y que, tras lo de 1391 se convirtió en iglesia. Pero, ojo, la actual iglesia de Sta. Cruz no es la original mudéjar, que habría estado levantada sobre lo que hoy es la plaza de Sta. Cruz. (vid. foto principal). Estaba en ruinas a fines del S. XVIII, dejada de usar en 1806 y fue demolida en 1811, cuando la invasión francesa de Napoleón y su re-planificación urbanística. Tres de las columnas de aquella sinagoga se conservan en la calle de La Rábida, sustentando una gran reja.

Las columnas, de granito, dicen que pudieran ser de origen romano o visigodo, pasaron a ser parte integrante de la mezquita y por tanto también de la posterior sinagoga, destruida el 6 de junio de 1391 por un gran ataque de sevillanos cristianos enfervorecidos por las continuas soflamas anti-judías del arcediano de Ecija, que vivía en Sevilla. Por tanto, esas columnas fueron vistas y tocadas por los judíos que no quisieron convertirse y huyeron y se asentaron en la localidad hoy marroquí de Debdú.
Esas columnas permanecieron intactas hasta 1930, que es cuando deciden cuando deciden erigirlas junto a la glorieta de Buenos Aires para que formaran parte de un jardín botánico que finalmente no se llegó a construir. Hoy, inadvertidas incluso para los propios sevillanos, y por supuesto por los turistas, forman parte de la entrada a los jardines de S. Telmo.

