LOS JUDÍOS DE MOZAMBIQUE

Historia de una pequeña comunidad pero de grandes dimensiones.


 La monarquía portuguesa ya desde fines del S XIV estuvo interesada en explorar la costa atlántica de Africa y pronto comprendió que tenía que buscar la forma de llegar al Océano Indico -pasando por el peligroso cabo de Buena Esperanza- y llegar hasta lo que entonces se llamaban las Indias Orientales. La riqueza del reino luso no estaba en Europa sino en sitios tan lejanos como las Molucas, de donde obtenía todo el género con el que grandes armadores cripto-judíos -como los Nasi y familia- comerciaban en Amberes y todos los puertos de la Liga Hanseática y la Unión de Kalmar.

En el S XVI, reinando Joao III -hijo de Manuel I y de Isabel de Castilla, la hija de los Reyes Católicos-un portugués llamado Lourenço Marques, acompañado de Antonio Caldeira, dirigieron las exploraciones de la costa de lo que hoy llamamos Mozambique. Y tras tratar con los índigenas, se quedaron a comerciar con marfil en lo que al tiempo se llamó la ciudad de Lourenço Marques. Tras la independencia de Mozambique (1975) pasó a llamarse Maputo. Mientras tanto, en la metrópoli, a mediados del S XVI,  el rey Juan III implantaba el tribunal de la Inquisición Portuguesa. Al mismo tiempo, su cuñado Carlos I de España y V de Alemania luchaba contra los brotes rebeldes de la Reforma Protestante en el norte de su imperio.

 El negocio del marfil -directa e indirectamente- atrajo el interés de muchos judíos, en especial judíos sefardíes que ya no vivían en Portugal mismo, sino que habían emigrado a localidades como Marrquesh, primero, y a Londres, ya a mitad del S. XVII. Pero entonces no existía una comunidad  judía organizada -una kehilá.

 El establecimiento de una comunidad en Lourenço Marques es del S XIX. En concreto, del año 1899, cuando la ciudad colonial vivía en un gran esplendor económico, pues como tantos otros, los judíos no fueron indiferentes a la fiebre del oro y los diamantes.

Y tantos judíos emigraron a Mozambique que hubo que levantar una sinagoga para atender sus necesidades espirituales, celebración de fiestas del calendario hebreo y hasta un rabino que pudiera mediar entre judíos entre los que pudiera surgir algún tipo de entuerto. Este rabino fue un askenazí de Yohanesburgo, Sudáfrica, que en el marco de la Guerra de los Boers buscó refugio en la vecina Mozambique. A partir de él se levanta la sinagoga y, por supuesto, el cementerio. (Ver cementerio aquí) Antes de tener sinagoga habían alquilado un local en la avenida Rhodes, ahora Chitepo. Luego compraron el solar de Centro Polana.

Acuarela de la sinagoga.

La sinagoga que conocemos hoy se consagró en el año de 1926 y el número de judíos miembros de la congregación era de 30. En 1938, a punto de estallar la Segunda Guerra Mundial, llegaron 250 familias huyendo del cada vez más aterrador crecimiento del nazismo. Para 1942, en Lourenço Marques había unas 500 familias judías. No podemos precisar cuántas eran askenazíes y cuántas eran sefardíes. Para 1945, con el fin de la guerra en Europa, muchas familias decidieron emigrar a Estados Unidos, distintos países de América del Sur y Erets Israel. Sin embargo, hacia fines de la década de los años ´30 habían llegado desde Portugal alguna familia de cripto-judíos con origen en Belmonte. Pero los que no zarparon hacia América, se habían integrado en las iglesias protestantes, por lo que en los años ´70 tuvieron que tratar con Sudáfrica el problema de no poder encontrar los reglamentarios diez varones judíos para realizar los servicios de la sinagoga.

 La sinagoga, de estilo barroco portugués, de techumbre azul, siempre fue muy discreta en su interior.  Tiene un vitral colorido en forma de Estrella de David. Su hejal no es nada despreciable, pero carece de tevá propiamente dicha -usan una mesa auxiliar- y no hay galería para las mujeres.

Pero la mayoría de los judíos practicantes, incluso los cripto-judíos, en 1975, con la independencia de Mozambique abandonaron el lugar, pues no estaban dispuestos a aceptar el régimen comunista del Frente de Liberación de Mozambique, Frelimo, que crea la República marxista-leninista de Mozambique. La sinagoga, al igual que las iglesias y las mezquitas, fue profanada. Se convirtió en un almacén.

En 1989, un gentil de nombre griego, comenzó una campaña para devolver la sinagoga a la comunidad judía. Publicó un anuncio en la prensa local, pero eran ya poquísimos los judíos que vivían en lo que ahora se llamaba Maputo. No obstante, mediante esta iniciativa, se consiguió limpiar el edificio y alrededores, dados al abandono total. Se pensaba que la sinagoga la iban a convertir en un centro de interpretación del judaísmo mozambiqueño. Pero los pocos judíos que quedaban empezaron a sentir necesidad de rezar de nuevo en la sinagoga. De hecho, en 2010 se formalizó legalmente una nueva comunidad, Honem Danim, Ayuda al Pobre,  que en 2013 realizó una reforma integral del edificio. Abren cada dos Shabat y los ritos se celebran en portugués, inglés y por supuesto hebreo. El número de miembros en 2018 era de 35.

El cementerio