PARASHAT HA´SHAVÚA: «BEJUKOTAY»

Be´Jukotai, En mis leyes, בְּחֻקֹּתַי‎ , Levitico 26:3–27:34. Haftará sfaradit:  Jeremías ,  16:19–17:14. Darshán: Morenu veRabenu HaGaón HaTzadik Rabí David Janania Pinto shlita.


“Si en Mis estatutos anduviéreis y Mis preceptos
observáreis, y los hiciéreis.” (Vaikrá 26:3)

En las noches de Shabat, se acostumbra en los hogares de todas las familias judías a entonar el canto de “bar Yojay”; y uno de los versículos de dicho canto reza así: “‘Haremos un hombre’ se refiere a ti, [Ribí Shimón bar Yojay]”. Dijeron nuestros Sabios, de bendita memoria (Tratado de Sanhedrín 38b): “Cuando Hakadosh Baruj Hu quiso crear al hombre, se ‘aconsejó’ con los ángeles ministeriales, preguntándoles si es que valía la pena crearlo o no”. Los comentaristas explican que cuando Hakadosh Baruj Hu previó las generaciones por venir, y vio el alma de Ribí Shimón bar Yojay, dijo de inmediato: “Haremos un hombre, pues vale la pena crear todo el mundo, aunque [los hombres] no sean dignos, con tal que el alma de Ribí Shimón bar Yojay baje al mundo”.

¿Cómo llegó Ribí Shimón bar Yojay al elevado nivel que le ameritó que Hashem se expresara así de él? La respuesta es por el poder de su dedicación a la Torá y el esfuerzo que invirtió en ella. No en vano, el día de la hilulá de Ribí Shimón bar Yojay cae justo en la parashat Bejukotay, en la que está dicho: “Si en Mis estatutos anduviereis”, y Rashí escribe: “Se trata de que se esfuercen en la Torá”, porque la principal forma de adquirir la Torá es dedicarse a ella con asiduidad, con esfuerzo y tomándose las molestias que ello involucre.

Así dice el Taná (Avot 6:4): “Éste es el sendero de la Torá: pan con sal, comerás; agua, con mesura tomarás; sobre el suelo, dormirás; y a la Torá, te dedicarás”; solo así se adquiere la Torá. Y quién como Ribí Shimón bar Yojay puede ser el mejor ejemplo, pues él vivió en una cueva por trece años, pasando angustias y sufrimientos. Y para no desgastar la única vestimenta que tenía, cubría todo su cuerpo en la arena hasta el cuello, lo cual le causaba grietas en toda la piel; en esas condiciones, se dedicó a la sagrada Torá, sin descanso e invirtiendo un esfuerzo extraordinario. ¿Cuál fue su alimento a lo largo de todos esos años? Algarrobos de un árbol que milagrosamente surgió allí, y agua de un manantial que fluía dentro de la cueva. Así vivió, con extremaausteridad, con lo cual ameritó llegar a los más elevados niveles de la sagrada Torá.

En la Torá, está escrito: “Si en Mis estatutos anduvieren y Mis preceptos observareis, daré vuestras lluvias en sus momentos”. Y, además, está escrito: “Y daré paz en la tierra”. De este versículo, vemos que existe la certidumbre de que todo el que se dedique a la Torá, se cumplirá en él esta promesa de Hakadosh Baruj Hu de que le dará “vuestras lluvias” —que representan lo material— aun por medio de ángeles, como sostenía Ribí Shimón bar Yojay, quien dijo: “Daré vuestras lluvias en sus momentos”. Y, además, Ribí Shimón bar Yojay aseguró que la persona que se dedica a la Torá tiene el poder de proteger a todo el mundo y eximirlo del Juicio, en concepto de “daré paz en la tierra”, pues el mundo llegará a la perfección gracias a la dedicación a la Torá.

Ahora se puede comprender cuán grande es la dicha y la alegría que hay en la hilulá de Ribí Shimón bar Yojay, en que todo el mundo está contento, y todas las criaturas, desde Adam Harishón hasta nuestros días, se regocijan. Esto se debe a que no solo que Ribí Shimón bar Yojay puede eximir a todo el mundo del Juicio por el mérito de la Torá oculta que él nos reveló, sino que gracias ala dedicación a la Torá, por cuyo poder se puede llegara lo más profundo de ella, se acerca la Redención, y se tiene la posibilidad de redimir a la Sefirat Hahod de las manos de la kelipá (‘fuerza maligna’) llamada “yagón veanajá” (‘profunda tristeza y lamento’). Por eso, es una mitzvá alegrarse en esta hilulá. Si —jas veshalom— uno estuviere triste, la kelipá obtendría poder a través de esa tristeza, porque es sabido, según dice el Arí Hakadosh, que yagón veanajá son el símbolo de la kelipá; por lo tanto, es una gran mitzvá alegrarse en ese día.

Se relata que cuando el Arí Hakadosh estaba en Merón, en la hilulá de Ribí Shimón bar Yojay, con gran entusiasmo se levantó a bailar. De pronto, llegó un hombre alto, con rostro resplandeciente, y empezó a bailar con él. En el medio del baile, se sumó un asistente a bailar con ellos. Todos observaban asombrados tal escena, preguntándose, por un lado, quién era ese hombre alto que llegó de pronto, y, por otro, qué hacía un asistente bailando junto con ellos. Una vez que terminó el evento, el Arí les explicó que aquel hombre alto no era otro sino Ribí Shimón bar Yojay en persona, y el asistente que se había sumado al baile era Ribí Elazar Azcari, un gran Tzadik desconocido hasta entonces.

Por lo tanto, ya que las generaciones se han degenerado hoy en día, y gracias al avance en el mundo de las computadoras, teléfonos celulares inteligentes y similares, se ha reducido mucho la fe, tenemos que reforzarnos en la fe del poder de los Tzadikim.