PARASHAT HA´SHAVÚA: «EMOR»

Parashá: Emor, אֱמֹר , Di. Levítico  21:1–24:23. Haftará:  Ezekiel 44:15–31. Darshán: Morenu Verabenu, Ribí David Jananiá Pinto, shlita


“Le dijo Hashem a Moshé: ‘Háblales a los cohanim, hijos
de Aharón, y diles a ellos que no se impurifiquen con
nadie de su pueblo.” (Vaikrá 21:1)

Rashí explicó: “[La redundancia de los términos] ‘háblales’, ‘diles’ viene a advertir a los adultos acerca de los pequeños [que no se impurifiquen tampoco]”. A Rashí le resultaba problemática la repetición de la expresión “hablar/decir”, cuando la Torá bien habría podido escribir: “Diles a los cohanim…”; por eso, explicó que de la redundancia se aprende que cuando se les advirtió a los hijos de Aharón, los cohanim, acerca de evitar impurificarse con la impureza relacionada con los muertos, había, además, otra advertencia que “decir”: que los cohanim se cuidaran de que los pequeños tampoco se impurificaran con la impureza de los muertos. En estas palabras de Rashí, se encuentra una enseñanza moral muy importante: aun cuando estamos ocupados en el servicio a Hashem y en la educación de los pequeños —
pequeños de conocimiento— con el objeto de que continúen en este sendero de acercamiento a Hashem Yitbaraj, de todas formas, tenemos en nuestras manos el poder de, a la vez, inculcar en ellos la forma de cómo hacer arder la llama que se encuentra en nuestro seno. También cuando les mostramos el sendero a los pequeños, y los nutrimos y supervisamos su crecimiento, debemos tener claro, a lo largo de todo el camino, que debemos conducirnos de forma que no contradiga el mensaje que les estamos  transmitiendo.

Encontramos un ejemplo de esto en la Parashá de Shemot (4:20-26), cuando Hashem le ordena a Moshé retornar a Egipto y hablar ante el faraón para que deje salir a los Hijos de Israel. La Torá nos hace saber que “Tomó Moshé a su esposa y a sus hijos, y los montó sobre el asno, y regresó a la tierra de Egipto […] Y sucedió que, en el camino, en la posada, lo encontró Hashem y quiso matarlo. Tziporá tomó una piedra y cortó el prepucio de su hijo, y tocó los pies [de Moshé] y dijo: ‘Novio de sangre eres para mí’”. En la Guemará (Tratado de Nedarim 30b), Ribí Yosé dijo: “Moshé Rabenu hizo el siguiente cálculo: si le hacía la circuncisión a su hijo y salía de viaje, el bebé correría peligro, pues los primeros tres días luego de la circuncisión son críticos. Pero circuncidarlo y esperar tres días para partir hacia Egipto, no era una buena opción, pues Hakadosh Baruj Hu le había ordenado que volviera a Egipto a redimir a Israel. Entonces, ¿por qué fue castigado? Porque antes de dedicarse a la circuncisión, se dedicó a hospedarse en la posada”.

Ciertamente, hubo una queja contra Moshé. Una vez que estuvo lo suficientemente cerca de Egipto, ¿por qué se ocupó de arreglar su estadía y la de su familia en un posada? Todo el tiempo que Moshé estuvo ocupado en el camino y no se estacionó, no hubo ningún reclamo de por qué no había circuncidado a su hijo. Pero en el momento en el que se detuvo y se dedicó a otras cosas, entonces demostró que se estaba contradiciendo. Cuando Eliézer creciera y Moshé le explicara por qué no lo había circuncidado en su debido momento, le transmitirá a Eliézer el mensaje de que hay que hacer la voluntad de Hashem una vez llegado el momento, sin perder un instante. No obstante, esa lección va a “chocar” con la forma como, de hecho, se condujo Moshé, pues una vez que estuvo lo suficientemente cerca de Egipto, en lugar de continuar su misión y llegar hasta el faraón, se dedicó a arreglar su estadía en una posada. Entonces será “atrapado” Moshé como que se está contradiciendo, pues, por un lado, salió de inmediato de Midián para ir donde el faraón, posponiendo el berit milá de su hijo, pero, por el otro, se detuvo a arreglar su alojamiento en una posada, haciendo una parada cuando ya estaba por llegar a Egipto; si tenía tiempo disponible debía haberlo invertido en circuncidar a su hijo.

Éstas son, en verdad, unas palabras duras contra Moshé, pues, de hecho, no encontramos que Hashem le haya ordenado a Moshé llevar a su esposa y a sus hijos consigo a Egipto. La prueba de ello está en que, cuando Moshé se encontró con su hermano Aharón, quien había salido a su encuentro, Aharón le preguntó: “¿Quiénes son éstos que vienen contigo?”. A lo que Moshé le respondió: “Son mi esposa y mis hijos”. Le dijo Aharón: “Por los primeros que están en Egipto, nos estamos lamentando porque están siendo esclavizados, ¿y tú vienes a agregar más?”. Moshé escuchó sus palabras y envió a Tziporá con sus hijos de regreso a Midián.

De aquí se entiende que no se le había ordenado explícitamente a Moshé que los trajera. Y, a pesar de que los había traído por iniciativa propia, el ángel no había llegado a atacar a Moshé por no haber circuncidado a su hijo a su debido tiempo. Todo el tiempo que Moshé Rabenu sostenía que había que apresurarse a cumplir con la orden de Hashem de retornar a Egipto, entonces, le estaba permitido posponer el berit milá de su hijo, pues el que está ocupado en una mitzvá está exento de cumplir con otra mitzvá. Solo cuando contradijo su conducta al dedicarse a buscar alojamiento en la posada, de inmediato, “lo encontró el ángel de Hashem y quiso matarlo”.

De aquí, tenemos una gran lección que aprender.