PARASHAT HA´SHAVÚA: “METZORÁ”

Parashá: “Metzorá”, מְּצֹרָע. Leproso.  Levitico, 14:1–15:33. Haftará sfaradit: Reyes II. 7:3–20. Darshán:Jonathan Saks.


El 20 de diciembre de 2013, una joven llamada Justin Sacco esperaba en el aeropuerto de Heathrow ,Londres,  un vuelo a África. Para pasar el tiempo, escribió un twit sin sentido sobre el peligro de contraer SIDA. Al principio no hubo comentarios y subió  al avión sin saber que iba a ocurrir una tormenta. Once horas después, cuando aterrizó, descubrió que era una celebridad internacional. Las reacciones a su comentario en Twiter  se habían viralizado. En 11 días su nombre  fue buscado en Google más de un millón de veces. Fue etiquetada como racista y perdió su trabajo. Se convirtió en una marginada de la noche a la mañana.

El fenómeno del shiming (burla en redes sociales por el aspecto físico. N.T.) ayuda a comprender el fenómeno de la lepra,  la cual ya  fue parcialmente descrita en la parashá de la semana pasada pero que no nos queda claro completamente de qué se trata. La tzaarat  ha sido identificada con la lepra de hoy (enfermedad de Hansen) o una enfermedad dermatológica de escamación infecta, pero identificarla con la lepra bíblica no deja de presentar muchos problemas. Los síntomas de la lepra descritos en la Torá no son equiparables a  los de la enfermedad de Hansen. Además, la lepra en la Torá afecta no solo al cuerpo humano, sino también a las casas, los muebles y la ropa. Esta característica es desconocida  a todo fenómeno médico conocido.

La Torá se ocupa de la santidad y del comportamiento correcto; no es un libro de medicina. La lepra en la Torá es una condición que no causa enfermedad sino impureza. La enfermedad no es impureza, ni la salud  es pureza. Estos son sistemas conceptuales diferentes. .

Nuestros Sabios – Jazal-  tras estudiar  diferentes fuentes, concluyeron que la  lepra es un castigo por difamación. Esto explica por qué los mohosos y hediondos síntomas de la lepra que aparecen en las paredes, los muebles, las herramientas y la piel humana; estos síntomas son una serie de señales y una  advertencia.. . en primer lugar, Ha´Shem advierte al infractor manchando  con podredumbre  las paredes de su casa. Si el infractor recapacita, el proceso se detiene aquí,  pero si no, incluso los muebles son  dañados y, después,   la ropa, y finalmente la piel.

¿Por qué se consideró que Leshón Ha´Ra era una ofensa tan grave que se requería  de un extraño fenómeno natural para indicarlo? ¿Y por qué la lepra, en lugar de otro fenómeno?

La antropóloga Ruth Benedict  ha explicado al público en general que hay  que distinguir entre dos tipos de culturas humanas: culturas de culpabilidad y culturas de vergüenza. La antigua Grecia, así como Japón, son culturas vergonzosas. El judaísmo y las religiones que han sido influidas por él , son culturas culpables. La diferencia entre ellos es sustancial.

En las culturas de la vergüenza, las personas son guiadas por otra persona. Es importante para ellos cómo miran a los demás; su imagen es importante para ellos. En las culturas culpables, sin embargo, las personas están orientadas internamente. Es importante para ellos lo que piensan de sí mismos en momentos de total honestidad. La vergüenza es la humillación pública; la culpa es una tortura interna.

El judaísmo surgió como la primera cultura de culpa debido a la forma en que entendía la relación entre Dios y el hombre. El judaísmo no cree que seamos actores en la obra o que la sociedad sea espectador  y crítico. Podemos engañar a la sociedad, pero a Dios no  le podemos engañar. Las culturas vergonzosas son colectivas y conformistas. Sin embargo, el judaísmo, la cultura de la culpa, enfatiza al individuo y su relación con Dios.  No  es importante para el judaísmo si nos adaptamos a la cultura contemporánea, sino que seamos buenos, correctos y honestos.

En este contexto  es  donde surgen  la gravedad de la lepra. Este es uno de los únicos casos en la Torá de castigo por vergüenza en lugar de culpa. La aparición de la lepra en las paredes de la casa era un signo público de pecado privado. Era una forma de decirle a todos los transeúntes: “En esta casa sucedieron cosas malas”.  Sigilosamente las señales de ello  se han ido acercando al acusado. Desde las paredes de la casa asaltaron su cama,  se pusieron sus ropas, y desde allí se subieron a su piel y lo dejaron impuro.

Y el sacerdote lo declarará impuro y será aislado fuera del campamento. Levítico, 13.-

Estas son las más claras expresiones de vergüenza. Primer etiquetado: Marcado público de la desgracia. Quitar la ropa, agitar la cabeza, rapado al cero”. Luego vino el ostracismo: una exclusión temporal de la vida cotidiana de la sociedad. El etiquetado y el ostracismo no conciernen a la enfermedad sino a la denuncia social. Aquí está el origen de la  dificultad  para comprender  las leyes sobre la lepra,  puesto  que es un caso raro de cultura de la vergüenza vergüenza pública en  una cultura de la culpa. Pero este caso no existe porque la sociedad elija denunciar a una persona, sino porque Dios le hizo una señal, en la plaga de la lepra, de que ella debería hacerlo.

¿Y por qué sucede esto precisamente por causa de Leshon ha´Ra  y no por otros pecados? Porque el discurso es lo que une a la sociedad. La colaboración requiere confianza. Por eso la malediciencia es tan destructiva: socava la confianza,  hace que la gente  sospeche mutuamente, desenreda los hilos que unen al grupo. Si no lidiamos con el mal lenguaje, destruye a cualquier grupo que ataca: familia, comunidad, incluso individuos.

Por lo tanto, el castigo por la calumnia es el retiro temporal de la sociedad a través de la exposición pública, el etiquetado, la vergüenza y el ostracismo. Es difícil, quizás imposible, castigar al hablante por los medios convencionales: la ley, el tribunal y el establecimiento que sustenta la cultura de la culpa. La mejor manera de tratar con las personas que envenenan las relaciones sin mentir es proclamar su nombre, su condena y su vergüenza.

Tal es, según nuestros sabios, la acción milagrosa de la lepra en la antigüedad. Esta forma de la lepra ya no existe Sin embargo, Internet y las redes sociales tienen el poder del escarnio público -. Y demuestra la fuerza y ​​los peligros de una cultura de la vergüenza. .La Torá pasa de la culpa a la vergüenza solo en casos raros y el uso del leproso es la obra del Señor, no la obra de la sociedad. Aún así, la lección moral permanece. El chisme malicioso es un acto que socava las relaciones, erosiona la sociedad y destruye la confianza. Vale la pena exponerlo y denunciarlo.Nunca hables mal de los demás, y siempre mantente alejado de quienes lo hacen.

R. Jonathan Saks, 2019

Traduce del hebreo, Sfarad.es