PARASHAT HA´SHAVÚA: «PEKUDEI»

Parashá: Pikudei, פְקוּדֵי‎, «Cantidades de … Exodo,  38:21–40:38. Haftará sefaradit:  Reyes I, 7:40–50 Darashán: Morenu Verabenu, el Admor, Ribí David Jananiá Pinto, shlita


Éstas son las cuentas del Tabernáculo, el Tabernáculo del
Testimonio…” (Shemot 38:21).

Nuestros Sabios, de bendita memoria, disertaron que el Tabernáculo fue el testimonio fehaciente para todos los seres humanos en el mundo de que Hakadosh Baruj Hu les había perdonado el pecado del becerro de oro a los Hijos de Israel. Y dijeron, además (Tanjumá, Pekudé 2), que Hakadosh Baruj Hu había planeado posarse en medio de los Hijos de Israel, pero, por el pecado del becerro de oro, al enojarse con ellos, los Hijos de Israel pensaron que Él nunca más se iba a posar en medio de ellos. ¿Qué hizo Hakadosh Baruj Hu entonces? Dijo:

“Me harán un Santuario, y habitaré en medio de ellos; y sabrán
todos en el mundo que perdoné a Israel”.

De esta parashá, surgen varias objeciones. La parashá en la que Hashem le dijo a Moshé “Me harán un Santuario” aparece antes de que los Hijos de Israel cometieran el pecado del becerro de oro. ¿Cómo es que Hakadosh Baruj Hu les mandó que hicieran un Santuario para expiar un pecado que todavía no habían cometido?

Y, además, los Sabios de antaño (Rabenu Efraim, Shemot 25:8) precisaron que en la expresión “Me harán un Santuario, y habitaré en medio de ellos”, Hakadosh Baruj Hu dijo “en medio de ellos” y no “en él (el Santuario)”,con lo cual quiso decir: “Habitaré dentro de cada persona de Israel”. Si Hakadosh Baruj Hu iba a posar Su Shejiná dentro de los Hijos de Israel mismos, ¿para qué necesitaba un Santuario en el cual posar Su Shejiná?

Ya hemos esclarecido en varias oportunidades la instrucción de que el hombre siempre tiene que estudiar Torá o rezar en un Bet Hamidrash, pues uno que estudia en su casa a solas no se puede comparar a uno que estudia en el Bet Hamidrash. Y así dijeron nuestros Sabios, de bendita memoria (Tratado de Yomá 28b): “Desde los días de nuestros Patriarcas, no se apartó la yeshivá de sus vidas. Avraham Avinu, aun anciano, estuvo en la yeshivá; Yitzjak Avinu, aun anciano, estuvo en la yeshivá; Yaakov Avinu, aun anciano, estuvo en la yeshivá. Incluso en Egipto, [los Hijos de Israel] tuvieron yeshivá”.

En verdad, podemos preguntar: ¿acaso nuestros sagrados Patriarcas no podían haber estudiado Torá en cualquier otro lugar que no fuera una yeshivá? Más bien, de este hecho, la persona debe aprender que no se puede estudiar toda la Torá si no es en un Bet Hamidrash. Incluso Ribí Yojanán ben Zacay le pidió a Vespasiano — el general romano que tuvo sitiada la ciudad de Jerusalem — que dejara intacta la ciudad de Yavné y sus Sabios. No solo le pidió que salvara a los Sabios de Yavné sino también le pidió que salvara la ciudad entera, porque allí había una yeshivá reconocida. Lo importante era que la Torá no pasara al olvido. Y no se podía pensar siquiera en Yavné sin sus Sabios, o en los Sabios sin Yavné. La regla es que no se puede aprender Torá sino es en un Bet Hamidrash; y la Inclinación al Mal no abandona al hombre sino cuando éste entra al Bet Hamidrash. Por eso, el hombre no se salva de la Inclinación al Mal si no es dentro del Bet Hamidrash.

Muchas veces, he visto hombres que entran al Bet Hamidrash, pero no lo hacen para sentarse a estudiar,
sino solo entran para ver. Al final, acaban tomando un libro y se sientan a estudiar entre los alumnos presentes. Esto no se debe sino solamente al hecho de que la voz de la Torá que resuena entre las paredes del Bet Hamidrash vence a la Inclinación al Mal, y enciende en el corazón de La persona la voluntad de sentarse a estudiar Torá. Así le dijo Hakadosh Baruj Hu a Moshé Rabenu:

“Por cuanto los Hijos de Israel aceptaron la Torá y cesó la inmundicia de ellos en el Monte Sinai (v. Tratado de Shabat 146a), vengo a posar Mi Shejiná en medio de ellos, dentro de cada uno de ellos. Y a pesar de que Yo poso Mi Shejiná en medio de ellos, te pido que me hagas un Santuario, que funcione para los Hijos de Israel como Bet Hamidrash, para que entren en él siempre y se alejen de la Inclinación al Mal, y ésta no se asiente en el corazón de ellos. Pues aun cuando todos los cielos no pueden contener Mi Gloria, la razón por la que te pido que me hagas una ‘casa’, un Santuario en el mundo terrenal, es para que el Pueblo de Israel pueda entrar en él y dejar a la Inclinación al Mal fuera. La Inclinación al Mal abandona al hombre cuando éste se encuentra dentro del Bet Hamidrash, en el lugar donde se posa Mi Shejiná”.

Y cuando los Hijos de Israel entraban al Mishcán, la Inclinación al Mal se alejaba de ellos; y entonces, de
inmediato, merecían que la Shejiná se posara dentro de cada uno de ellos.

Ahora, podemos decir que, si antes del pecado, Hakadosh Baruj Hu quería que los Hijos de Israel entraran al Bet Hamidrash, para así lograr alejar a la Inclinación al Mal, entonces, con más razón, después del pecado del becerro de oro, en que la Inclinación al Mal volvió a entrar dentro de los corazones de Israel, los Hijos de Israel tenían que hacer un Santuario para alejar de ellos a la Inclinación al Mal; y debían entrar a ese Mishcán constantemente, para que la Torá que estudiaran se conservara dentro de ellos y la Shejiná se posara en ellos.