PARASHAT HA´SHAVÚA: «PIKUDEI»

Parashá: Pikudei, פְקוּדֵי‎, «Cantidades de … Exodo,  38:21–40:38. Haftará sefaradit:  Reyes I, 7:40–50 Darashán: Morenu Verabenu, el Admor, Ribí David Jananiá Pinto, shlita


“Y acercarás a Aarón y a sus
hijos a la entrada de la Tienda
de Reunión y los bañarás con
agua; y vestirás a Aarón con
las vestimentas sagradas, y
lo untarás y lo consagrarás, y
Me servirá como sacerdote.”
(Shemot 40:12-13)

Siempre tuve varias dudas respecto de los versículos de esta parashá. ¿Para qué Hashem le ordenó a Moshé que bañara a Aharón con agua, que lo vistiera y que lo untara con el aceite de unción? ¿Aharón no podía haberlo hecho por sí mismo? ¡Es como una falta al honor de Aharón Hacohén y una especie de menosprecio el hecho de que su hermano Moshé lo lavara como se hace con un bebé! A simple vista, esto era humillante para Aharón Hacohén. En la orden que le dio Hashem a Moshé estaban también incluidos los hijos de Aharón. El versículo (Shemot 40: 14-15) dice:

“Y a sus hijos acercarás y los vestirás con túnica,
y los ungirás así como ungiste a su padre, y Me servirán
como sacerdotes”.

Sin duda, existe una razón por la que Hakadosh Baruj Hu le ordenó a Moshé Rabenu que los vistiera ¿Acaso no tenían la fuerza para hacerlo solos? Con ayuda del Cielo, podemos decir que la Torá quiere enseñarnos un fundamento en el servicio a Hashem, que es la sumisión y la anulación ante la voluntad de Hashem Yitbaraj. La persona debe saber que su función en el mundo no es otra que hacer la voluntad de Hashem; toda su voluntad particular debe quedar anulada ante las mitzvot de Hashem. El amor del siervo por su patrón debe ser tan grande y fuerte que él está dispuesto a reducir su valor propio ante el patrón; todo con el finde cumplir su voluntad. Ya que hay en su corazón una verdadera sumisión y completa anulación ante la orden del patrón, no hace nada más que el cumplimiento de la voluntad del amo.

Hakadosh Baruj Hu quiso enseñarle esta conducta a Aharón y a sus hijos, el hecho de que conocieran con
exactitud qué es la verdadera “esclavitud”. En el momento en que Aharón y sus hijos fueron ungidos con el aceite de unción, se convirtieron en recipientes de servicio en el Mishcán, tal como cualquier otro objeto del Mishcán, el Altar o el Lavabo, porque Aharón y sus hijos fueron ungidos por Moshé de la misma forma como éste había ungido los enseres del Mishcán, a través de lo cual se convirtieron en “objetos” sagrados. Y así como con cualquier objeto del Mikdash, todo el que los hiciera de uso personal debía hacerse responsable de pagar el capital y un quinto más, y estaba obligado a ofrendar un Korbán Asham, así también sucedió con Aarón Hacohén y sus hijos: después de que fueron lavados y ungidos por Moshé con el aceite de unción, se convirtieron en “objetos” de santidad; se convirtieron en “objetos” de servicio sagrado delante de Hashem Yitbaraj.

No obstante, solo se puede llegar a esta elevada condición después de anularse por completo delante de
Hakadosh Baruj Hu. Y no hay anulación y sumisión que se compare al hecho de que Aharón Hacohén, el hermano mayor de Moshé Rabenu, tuviera que estar de pie delante de Moshé, de todo corazón, y le permitiera que lo lavara como si fuera un infante. Así como aquel siervo que se subyuga a su amo, cuando la voluntad de Hashem es lo que hay que hacer, los propios deseos de la persona quedan anulados así como su interés particular.

No cabe duda de que desde el punto de vista de Moshé Rabenu, esto no era nada fácil, pues él tenía que lavar a su hermano mayor. Moshé sabía muy bien que eso implicaba un cierto nivel de vergüenza ante su hermano Aharón. Pero, de todas formas, Moshé se dijo a sí mismo: “Si esta es la voluntad de Hashem Yitbaraj, estoy dispuesto, en este lugar y momento, a cumplir con lo que Hashem me ordenó”; y así lo hizo. Esa es la conducta del siervo fiel, que está entregado por completo a su amo; esa es la sumisión y la anulación de sus propios deseos para el cumplimiento de la orden del amo.

En esta parashá, se expresa este importante mensaje: todo el que quiere ser un objeto consagrado a Hashem Yitbaraj debe pasar por el proceso que atravesó AharónHacohén. Primero —“y los lavarás con agua”—, la persona debe lavarse toda la suciedad espiritual que tiene adherida y debe hacerlo con las aguas de la sagrada Torá; luego de esto —“y vestirás a Aharón con las vestimentas sagradas”—, debe envolverse con vestimentas espirituales hechas del cumplimiento de la Torá y las mitzvot, y de las buenas acciones, las cuales son una vestimenta espiritual, llamada por nuestros Sabios, de bendita memoria, “itztelá Derabanán”. Por último —“y lo untarás”—, la persona debe untarse a sí misma como un cohén que es ungido para ir a la guerra, la guerra de la Torá. Si el hombre sigue por este sendero sagrado, puede estar seguro de que se convertirá en un recipiente sagrado, apto para servir delante de Hashem Yitbaraj, y Hashem querrá posarse dentro de su ser.