PARASHAT HA´SHAVÚA: «SHEMOT»

Parashá: Shemot, Nombres, שְׁמוֹת.  Exodo 1:1–6:1. Haftará sfaradit: Jeremías, 1. Darshán: Rabí David Janania Pinto shlita.


“Se le apareció a él el ángel
de Hashem en la llama
del fuego, en medio del
arbusto; vio y he aquí que
ardía en el fuego, pero el
arbusto no se consumía.”
(Shemot 3:2)

La Torá nos relata que Moshé Rabenu condujo el rebaño de su suegro, Yitró, por el desierto y vio de pronto ante sus ojos algo asombroso: un arbusto llamado “zarza” ardía en fuego, pero, a pesar de ello, permanecía completo y no se quemaba. Moshé Rabenu se asombró por lo que estaba viendo, y dijo: “Me desviaré ahora para ver esta aparición grandiosa. ¿Por qué no se consume el arbusto?”. Y cuando Moshé se aproximó al arbusto, escuchó la voz de Hashem que se dirigió a él y le solicitó que se quitara el calzado que llevaba puesto, porque el lugar sobre el cual él se encontraba de pie era tierra sagrada. Hakadosh Baruj Hu se dirigió a Moshé con la petición de que rescatara al Pueblo de Israel de Egipto y del yugo de la esclavitud, porque “Ciertamente, he visto la pobreza de Mi pueblo y su clamor escuché”. He aquí que Hakadosh Baruj Hu eligió atraer la atención de Moshé por medio de la aparición de un arbusto ardiente debido a su simbolismo, pues el arbusto es una especie de árbol al cual se asemeja el hombre, como está dicho (Devarim 20:19):

“Porque el hombre es un árbol del campo”,

y así como el árbol necesita agua para existir y florecer, así el Pueblo de Israel necesita de la Torá —la cual ha sido comparada al agua— para existir y mantener la continuidad de la vida. Hakadosh Baruj Hu eligió precisamente un arbusto, ya que el arbusto es un árbol bajo y pequeño. Así le hizo ver a Moshé, por medio de esa apariencia, que “Yo estoy con él (‘Israel’) en la angustia”.

Hakadosh Baruj Hu le dijo a Moshé que dicha circunstancia de que el arbusto no se quemaba se encontraba fuera de los confines de la naturaleza, así como también ocurría con la existencia del Pueblo de Israel, que continuaba existiendo en medio de la carga de Egipto, fuera de los límites de la naturaleza; aun así, el Pueblo de Israel no estaba protegido de la asimilación para siempre. Asimismo, Hakadosh Baruj Hu le recalcó a Moshé que faltaba muy poco para que el Pueblo de Israel se hundiera más y atravesara el quincuagésimo portón de la impureza; si llegaban a tal condición, todos los cercos que se habían impuesto para protegerse ya no servirían para salvarse de la esclavitud.

Estas palabras de Hakadosh Baruj Hu a Moshé contienen una gran moraleja, que nos dice que el hombre no puede hacer depender su existencia del cumplimiento de una mitzvá, como tefilín, Shabat, etc., pues, ciertamente, no hay forma de evaluar o cuantificar el cumplimiento de una mitzvá. Pero, de todas formas, para vivir un verdadero estilo de vida judío, con todos los méritos que dependen de ello, hay que agregar el estudio de Torá al cumplimiento de todas las mitzvot. Y ya vimos muchas personas en Marruecos, Tunes y Argelia, que poseían una fe íntegra, pero, junto con ello, no fueron meticulosos en dedicarse a la Torá y cumplir las mitzvot con celo. Como consecuencia, en la siguiente generación, los hijos de estas personas le dieron la espalda a la tradición de Israel, y se casaron con mujeres no judías; así se hicieron socios en traer hijos no judíos al mundo.

En la plegaria de Shajarit de Shabat, decimos: “Se alegrará Moshé con el obsequio de su porción, pues lo llamaste ‘siervo fiel’”; y de aquí aprendemos acerca de la conducción de los líderes del Pueblo de Israel. Moshé sentía integridad y alegría verdadera al ser el siervo del Pueblo de Israel, porque solo en la condición en la que él estaba, en que se vio a sí mismo sometido al pueblo, subyugado a su servicio, llegó a la sensación de bienestar y alegría verdadera. Ya vimos en los versículos que tratan acerca del recibimiento de la Torá que dicen (Shemot 19:14):

“Descendió Moshé
del monte hacia el pueblo”

y nuestros Sabios,de bendita memoria, explicaron que en lugar de descansar un poco y de satisfacer sus propias necesidades, Moshé descuidó sus intereses personales y descendió de inmediato al pueblo para enseñarles lo que había aprendido directamente de Hashem. Es lo que dijo Rashí: “Nos enseña que Moshé no se dirigió a atender sus asuntos personales, sino que del monte fue al pueblo”.

Dice el versículo (Malají 3:22):

“Recuerden la Torá de Moshé, Mi siervo”.

Vemos que Hakadosh Baruj Hu está de acuerdo con la sensación de servidumbre que tenía Moshé respecto del Pueblo de Israel, e incluso, le cambió el título de siervo a uno de honor al haberlo llamado “siervo de Hashem”.