Parashá: «shminí», שְּׁמִינִי , Octavo. Levítico 9:1–11:47. Haftará: : 2 Samuel 6:1–19. Darshán: Morenu veRabenu HaGaón HaTzadik Rabí David Janania Pinto shlita
“Y fue al octavo día, Moshé llamó a Aharón y a sus
hijos.” (Vaikrá 9:1)
En el servicio a Hashem, existen dos caminos principales. Uno es el servicio a Hashem en medio de la alegría, con mente distendida, a la vez que se disfruta de deleites; la porción de la persona en este camino es la alegría. El segundo, y más importante que el primero, es el servicio a Hashem que se realiza en medio de los sufrimientos y los dolores, acompañado de escasez y adversidades. Sin duda, la virtud de este segundo camino es mayor que la del primero, pues, el hecho de que una persona sirva a Hashem a pesar de que la pobreza y la carencia sean porción diaria en su vida, junto con los sufrimientos que la rodean, revela el gran amor que dicha persona siente por Hashem Yitbaraj y su disposición a entregar su vida por Hakadosh Baruj Hu con amor. El que sigue este camino se sobrepone a todas las dificultades con el fin de hacer la voluntad de Hashem. La separación entre ambos caminos, que llegan al mismo destino, es tan delgada como el grosor de un cabello.
He aquí que la parashá de Sheminí, dijeron Jazal (Yalkut Shimoní, Sheminí 9) que la alegría que tuvo Hakadosh Baruj Hu en las Alturas en el octavo día de la inauguración del Mishcán fue como la del día en el que creó los cielos y la tierra. En la Creación, dijo: “Fue noche y fue mañana”, y aquí dijo: “Y fue en el día octavo”; ese día se coronó con diez coronas.
El octavo día fue el día en el que se reunieron todos los Hijos de Israel en el Mishcán para ofrecer los korbanot por medio de Aharón Hacohén; por eso, hubo una gran y poderosa alegría en ese evento. Pero inesperadamente sucedió una gran tragedia, de las peores que podrían suceder: en medio de aquella gran alegría, el Atributo de la Justicia cobró su reclamo, y tomó la vida de los hijos mayores de Aharón, los sagrados y puros Nadav y Avihú, como dice el versículo: “Y murieron delante de Hashem” (Vaikrá 10:2). Y Moshé le dijo a Aharón (Vaikrá 10:3):
“Eso es lo que dijo Hashem, diciendo: ‘Con Mis allegados, Me santificaré’ ”.
Rashí explica que Moshé le dijo a Aharón: “Aharón, hermano mío, yo sabía que esta Casa iba a ser santificada con los cercanos de Hakadosh Baruj Hu, y pensé que iba a ser a través de mí o de ti. Ahora veo que ellos (Nadav y Avihú) eran más grandes que yo y que tú”. Hace falta comprender, ¿por qué precisamente en el momento de la gran alegría que estaba experimentando todo el Pueblo de Israel, Hakadosh Baruj Hu castigó a los hijos de Aharón con tan difícil y amarga punición? ¡Si Hakadosh Baruj Hu podría haberlo hecho en otro lugar o momento! La respuesta es que Hakadosh Baruj Hu quiso enseñar a los Hijos de Israel que existen dos caminos para servirle; hay posibilidades de servir a Hashem con mucha alegría y regocijo, con mente distendida, y también se lo puede servir en medio del mayor dolor.
Existen situaciones en las que una persona se puede encontrar atravesando una terrible dificultad — jas veshalom—, como Aharón Hacohén, a quien le fallecieron dos de sus sagrados hijos en plena alegría, lo que llenó su corazón de aflicción y pena. Es entendible que él tuvo que recurrir a todas sus fuerzas y a una extrema entrega total para poder sobreponerse a la circunstancia y continuar con el servicio a Hashem. Y así, en efecto, lo hizo; Aharón Hacohén se recuperó y continuó adelante ofreciendo los sacrificios y llevando a cabo su labor sagrada en el Mishcán, junto con todo Israel, como si nada hubiera sucedido; como dice (Vaikrá 3):
“Y se calló Aharón”
, pues había aceptado el Juicio del Cielo con amor. Ese es el servicio a Hashem más importante y elevado
que hay; precisamente, en el momento de mayor dificultad que puede sucederle a una persona, con todo lo que ello implica en el diario vivir, de todas formas, el hombre no debe desesperarse ni sucumbir, sino, más bien, debe seguir sirviendo a Hashem Yitbaraj. De esta forma, él cumple “con Mis allegados, Me santificaré”, porque en un servicio a Hashem como éste la Gloria de Hashem se engrandece y santifica por medio de aquellos Tzadikim considerados como los allegados de Hakadosh Baruj Hu, quienes, a pesar del sufrimiento y el aprieto, continúan cuidando de su fe en Hashem, y Su Torá y Sus mitzvot. Esa es una verdadera entrega total.
Y si el servicio a Hashem, cuando el hombre se encuentra en una buena situación —que goza de un sustento fijo con abundancia, de buena salud y de tranquilidad—, se equipara al servicio a Hashem en el Mishcán mismo, con más razón, el servicio a Hashem en medio de la dificultad de obtener el sustento —entre otras dificultades que lo acosen— es considerado nada menos que como el servicio en el Kódesh Hakodashim, ya que éste es más importante y considerable a los ojos de Hashem, como dijeron Jazal (Avot Deribí Natán 3), “Es mejor una en aflicción que cien sin aflicción”.
