Parashá: Va´Yetsé, וַיֵּצֵא, Salió, Genesis 28:10–32:3. Haftará sfaradit: Oseas, 11:7–12:12. Darshán: Morenu veRabenu HaGaón HaTzadik Rabí David Janania Pinto shlita.
“Y se encontró en el lugar, y durmió allí, porque se
había puesto el sol; y tomó de las piedras del lugar
y las puso a su cabecera, y se acostó en ese lugar.”
(Bereshit 28:11)
Rashí explica que el término “se encontró” quiere decir ‘plegaria’; y de aquí, aprendemos que Yaakov Avinu compuso la tefilá de Arvit, pues el versículo dice, “porque se había puesto el sol”, es decir, era el momento de la puesta del sol. Nuestros Sabios, de bendita memoria (Tratado de Berajot 27b), agregan que la plegaria de Shajarit y de Minjá son obligatorias; en dichas plegarias, la persona le agradece al Creador que le haya dado vida y la haya mantenido a lo largo del día. En contraste, la plegaria de Arvit originalmente era optativa, pero toda la congregación de Israel aceptó voluntariamente la obligación de decir la plegaria de Arvit.
Yaakov Avinu compuso la plegaria de Arvit con entrega total, pues, como es sabido, su pernoctar en aquel lugar era la primera vez que se acostaba a dormir en catorce años, los cuales había pasado estudiando Torá en la yeshivá de Éver (Bereshit Rabá 68:11). Yaakov Avinu, a pesar del gran cansancio, no se separó de su estudio para descansar sin antes componer la plegaria de Arvit, y agradecerle a Hashem por toda la bondad que había hecho con él hasta la fecha. En el versículo, se encuentra la frase “y tomó de las piedras del lugar y las puso a su cabecera, y se acostó en ese lugar”, sobre lo que Rashí explica: “Hizo como una especie de canal alrededor de su cabeza, pues temía de criaturas malas”.
Sobre esto, presenté mi objeción: ¿cómo puede ser que Yaakov pensara que el hecho de poner unas piedras de cabecera pudiera protegerlo de malas criaturas? ¡Si un montículo de piedras no representa un obstáculo para una criatura depredadora! Indudablemente, la colocación de las piedras a la cabecera de Yaakov Avinu no era para protegerse simplemente de las malas criaturas. Más bien, detrás de esa acción, se oculta un asunto “segulí”, el cual contiene una alusión y del cual se puede aprender para las generaciones por venir, en concepto de “los actos de nuestros Patriarcas son una señal para sus descendencias”.
Un hombre que hace depender todo lo que le sucede en la vida de sí mismo puede hundirse en la tristeza
con extrema facilidad, cuando lo que hace no tiene éxito o cuando le acontece alguna aflicción. En contraste, el hombre que hace depender toda su confianza y seguridad en el Creador del Mundo se encuentra en condición de “En Tus manos, confío mi alma” (Tehilim 31:6), amerita vivir con amplitud y dicha total; y aun cuando le sucediera algún incidente que lo aflija, tiene plena confianza en que Aquel que lo provoca todo es Quien le provocó que le sucediera ese incidente, y aun cuando no ve el bien en aquello que le sucede en ese momento, de todas formas, está completamente confiado en que proviene de Hashem, y todo lo que proviene de Hashem es para bien.
Las personas que depositan toda su carga y confianza en Hashem Yitbaraj viven más tranquilas y sosegadas debido a que en sus bocas se encuentra frecuentemente la frase que expresa su confianza en Hashem: “Todo lo que Hashem hace es para bien” y “Todo proviene del Cielo”, etc. En contraste, las personas sin identidad propia, que hacen depender todo lo que les sucede en sí mismas, muy prontamente se hunden en la tristeza y la depresión.
Los Patriarcas sagrados sabían que el día se divide en tres periodos: mañana, tarde y noche. Cada sección
del día le provee al hombre nuevas oportunidades y nuevas pruebas que enfrentar heroicamente a lo largo del día. Y para que la persona pueda tener éxito ante las dificultades que se le presentan a lo largo del día, tiene que rezar tres tefilot a Hashem, cada una paralela al periodo del día. La plegaria conecta al hombre con el Creador, y es lo que lo obliga a hacer depender su confianza solamente en Él. La plegaria agudiza en el hombre el conocimiento de que existe Alguien en el cielo que lo supervisa y lo guía por el camino correcto. Si ésta es la respuesta, ¿por qué Yaakov Avinu puso piedras alrededor de su cabeza? El acto de haber colocado esas piedras era un simbolismo que indicaba la petición de Yaakov Avinu a Hakadosh Baruj Hu de que protegiera su cabeza —que es en donde se encuentran todos los pensamientos— de las fuerzas del mal y de la impureza, que se envigorizan con el caer de la noche. Las malas criaturas que citaron los comentaristas son las fuerzas de la impureza que están al acecho del hombre.
Siendo así, Yaakov Avinu colocó las piedras en la cabecera como una forma de pedirle a Hashem que quería que Él lo cuidara de aquellas kelipot de la Inclinación al Mal, y no para protegerse de hecho de criaturas malas, pues las piedras no le iban a servir para ese propósito. La plegaria de Arvit era optativa y no obligatoria como las de Shajarit y Minjá, pero como la Inclinación al Mal se refuerza en la noche, y provoca que el hombre atraviese pruebas difíciles y amargas, entonces, solo por medio de la plegaria a Hashem en Arvit el hombre puede sobreponerse a esas fuerzas. Y debido a esto, Yaakov Avinu compuso la tefilá de Arvit, a pesar de su gran cansancio, porque sabía que el hombre necesitaría de fuerzas espirituales renovadas para poder enfrentarlas pruebas con heroísmo.
