PARASHAT HA´SHAVÚA: «VA´ERA»

Parashá: «Va´Erá» וָאֵרָא, Apareció.  Exodo 6:3 . Haftará sefaradit: Ezekiel 28:25–29:21. Darshán: Morenu veRabenu HaGaón HaTzadik Rabí David Janania Pinto shlita


“Y sobre ti, y sobre tu
pueblo, y sobre todos tus
siervos, subirá la rana.”
(Bereshit 7:29)

La Guemará, en el Tratado de Pesajim 53b, dice: Esto también disertó Todós el de Roma: “¿Qué vieron Jananiá, Mishael y Azariá para querer entregar sus vidas en santificación del Nombre de Hashem, para dejarse arrojar a la hoguera? Ellos hicieron un razonamiento lógico: ‘Si sobre las ranas de la segunda plaga en Egipto —que no están encomendadas a santificar el Nombre de Hashem—, está escrito (Shemot 7:28):

vendrán
y subirán a tu casa […] y a tus hornos y a tusartesas», y por el hecho de que el versículo

menciona las artesas y los hornos juntos, decimos que las artesas están a la mano cuando el horno está caliente; de aquí deducimos que las ranas entraron a hornos ardientes. Entonces, nosotros, que sí estamos encomendados a santificar elNombre de Hashem, con más razón, debemos ir a la hoguera’ ”.

Resulta que uno de los propósitos de todas las criaturas de La Creación es que aprendamos de ellas la lección de cómo se debe conducir uno en el sendero de Hashem. Tal como dice la Guemará (Tratado de Eruvín 100b): “Dijo Rabí Yojanán: ‘Si no fuera porque fue entregada la Torá, habríamos aprendido a ser recatados, del gato; a no robar, de la hormiga; a cuidarnos del adulterio, de la paloma; y los buenos modales, del gallo’”. Y también dijeron nuestros Sabios, de bendita memoria (Tratado de Avot 5:21): “Yehudá Ben Temá dice: ‘Sé atrevido como una pantera, ligero como el águila, ágil como el ciervo y valiente como el león, para hacer la voluntad de tu Padre Celestial’ ”. De aquí vemos que de las criaturas y las bestias aprendemos cómo se debe servir al Creador, Hakadosh Baruj Hu. Así hicieron Jananiá, Mishael y Azariá; de la rana aprendieron que debían santificar el Nombre de Hashem Yitbaraj entrando a la hoguera. Pero no debemos aprender que lo principal de la mitzvá de santificar el Nombre de Hashem radica en la muerte del hombre, en el hecho de que esté dispuesto a morir con el fin de cumplir la orden de Hashem. ¡Al contrario! El hombre puede, estando en vida, santificar Su Nombre sagrado en el mundo con sus acciones y su conducción, cuando su conducción implica honor, decencia y honradez.

Por ello, sabemos nosotros, los que cumplimos la Torá, que recae una gran responsabilidad sobre nuestros hombros, pues se requiere que seamos muy cuidadosos. Todos nos observan y aprenden de nuestras acciones; debemos tenerlo siempre en mente y cuidarnos incluso del menor incidente —jalila—, de discusiones entre vecinos, etc., lo cual provoca una terrible profanación del Nombre de Hashem. Éste fue el mensaje importante que Hakadosh Baruj Hu quiso transmitir al Pueblo de Israel cuando éstos vieron las plagas de Egipto: “Ustedes vieron cómo todas las criaturas cumplieron con Mi voluntad e hicieron lo que les encomendé hacer. Así ustedes están obligados a cumplir Mi voluntad. Así como vieron cómo las ranas hicieron Mi voluntad, e incluso se arrojaron a los hornos ardientes, así ustedes deben aprender de ellas a hacer Mi Voluntad con integridad y con ganas”.

Ese es todo el propósito de los milagros que hubo en el seno de Egipto, para enseñar a los Hijos de Israel el sendero del servicio a Hashem, Baruj Hu, porque la salida del Pueblo de Israel de Egipto no fue con el simple propósito de liberarlos del yugo de la esclavitud y nada más. Hakadosh Baruj Hu Los sacó para que recibieran sobre ellos el yugo de la Torá y las mitzvot, y se dedicaran a ellas y santificaran Su Nombre en el mundo. Y el hombre no llegará nunca a este elevado nivel de santificación del Nombre de Hashem en el mundo si él mismo no es sagrado y puro. Siempre, ante todo, debe cumplir en su persona el versículo que dice

“Sagrados sean”, y a pesar de que su explicación simple es que deben separarse de lo que no es bueno, explicó el Rambán que eso no quiere decir solamente separarse de las cosas que están prohibidas —que sobre ello no habla el versículo—, sino que también de las cosas que están permitidas el hombre debe saber alejarse y disminuirlas, y no dejarse llevar por ellas, de modo que no sea considerado un villano que se conduce de forma indecorosa pero manteniéndose dentro de los parámetros de la Torá. Más bien,
“santifícate con aquello que te está permitido”. Solo por medio de absorber la santidad en su ser y de cuidar la santidad de los ojos, la persona se cuida de lo que ve, de lo que piensa y de lo que dice; y por ende, su cuerpo se hace sagrado, y dicha santidad le da el poder y la voluntad de santificar el Nombre de
Hakadosh Baruj Hu en el mundo.