PARASHAT HA´SHAVÚA: «VA´ERÁ»

Parashá: Va´Erá, «Aparecí» .  Exodo 6:2–9:35. Haftará sefaradit: Ezequiel, 28. Darshán: Rabí David Janania Pinto shlita.


“Ve al faraón; he aquí que él sale al agua, y te
presentarás a su encuentro al borde del río; y lleva
en la mano el báculo que se convirtió en serpiente.”
(Shemot 7:15)

Rashí escribió al respecto de la frase “he aquí que sale al agua” que el faraón se hacía a sí mismo como si fuera una deidad, y decía que él no tenía necesidades físicas que atender. De modo que, para encubrir su mentira, salía al río temprano en la mañana, cuando nadie lo veía, y hacía allí sus necesidades. Y Hashem le ordenó a Moshé que fuera hacia el río a ver al faraón, pues Hashem sabía que el faraón tenía que hacer sus necesidades y defraudaba a todo el mundo diciéndoles que él era un dios. De hecho, el faraón tendría que haberse avergonzado delante de Moshé y retractarse de su testarudez y dejar salir al Pueblo de Israel, porque Moshé Rabenu ya había visto que el faraón les mentía a todos con su historia de que era un dios. Pero a pesar de esto, el faraón endureció su corazón, y con total descaro continuó alardeando de ser una deidad.

De acuerdo con esto, podremos aclarar otro tema. Uno de mis conocidos me preguntó: ¿por qué Hashem endureció el corazón del faraón en las últimas cinco plagas? ¡Si Hashem castiga a la persona solo si transgrede por su libre albedrío! Y si Hashem endureció el corazón del faraón, le quitó al faraón su libre albedrío; entonces, aparentemente, no merecía ser castigado. El versículo de la plaga de la peste dice:

“Y endureció Hashem el corazón del faraón y [este]
no los escuchó (Shemot 9:12),

sobre lo que el Rambán explicó que, hasta ese momento, en las primeras cinco plagas, hasta la plaga de la peste, la Torá escribió “y se endureció el corazón del faraón” y “el faraón endureció su corazón”, y similares; mientras que, desde la plaga de la peste en adelante, la Torá se expresa diciendo que “Hashem endureció el corazón del faraón”. De aquí que, en las primeras cinco plagas, según el Rambán, el faraón había endurecido, por iniciativa propia, su corazón. Pero desde la plaga de la peste en adelante el faraón se habría arrepentido y no iba a endurecer su corazón; no obstante, Hashem le endureció el corazón al final de cada plaga hasta la plaga de la muerte de los primogénitos. Siendo así, se presenta aquí una dificultad: ¿por qué fue castigado el faraón si Hashem fue Quien le endureció el corazón?

Según lo que hemos aclarado, podemos decir que el faraón mismo endureció su corazón en las primeras plagas, y descaradamente reforzó su mentira de que él era una deidad, aun delante de Moshé. E incluso después de las primeras cinco plagas, Hashem vio que el faraón elegía cada vez el mal, endureciendo su corazón, y no trató siquiera una vez de escoger el bien, para enterarse de cuán bueno es el bien; todo lo que lo motivaba era el mal. En vista de lo expuesto, Hashem lo castigó, quitándole el poder de la elección, y le hizo continuar conduciéndose con las malas fuerzas que tenía, pues ya había establecido el faraón en su corazón escoger solo el mal. Y por el sendero que la persona fija seguir, desde el Cielo, le fijan continuar por ese sendero, toman de ella el poder del libre albedrío y le establecen de forma fija aquel sendero que había escogido seguir al principio.

El Rif, zíaa, explica el versículo (Shemot 10:1):

“Ven donde el faraón porque Yo he endurecido su corazón
y el corazón de sus súbitos con el fin de colocar estas
señales Mías en su seno”,

que, por cuanto Hashem vio que el faraón no había hecho una verdadera teshuvá en su corazón sino que era algo solo superficial, Hashem endureció su corazón para enviarle las demás plagas —las langostas, la oscuridad y la muerte de los primogénitos— hasta que hiciera también una teshuvá interna. No obstante, Hashem volvió a endurecer el corazón del faraón también después de la plaga de los primogénitos con el fin de que ellos salieran en persecución de los Hijos de Israel hasta el Mar de los Juncos. Esto fue porque el faraón también había hecho teshuvá superficial en la muerte de los primogénitos, solo por temor al castigo y no por anularse delante de Hashem. Vemos de esto cuánto se le reclama a la persona por sus acciones.

Esta es una gran lección; no basta con arrepentirse de la boca para fuera, sino que hay que sentir el arrepentimiento en el corazón. Para esto hace falta hacer una introspección profunda, para ver si la teshuvá se hizo también desde el corazón. Porque cuando la persona retorna en teshuvá solo de la boca para fuera y no por tener el corazón roto y sumiso, se mantendrá en su maldad, y su arrepentimiento nunca será por el temor a Hashem.