PARASHAT HA´SHAVÚA: «VA´YIKRÁ»

Parashá; וַיִּקְרָא, Va´Yikrá, LLamó. Levitico  1:1–5:26. Haftará sfaradit :Samuel I 15:1-34 Darshán: Morenu Verabenu Ribí David Jananiá Pinto, shlita


 

“Y lo que pecó del Kódesh,
pagará, y le agregará un quinto
[de su valor].” (VaYikrá 5:16)

El Ben Ish Jay escribió (VaYikrá, primer año): “Nuestros Sabios, de bendita memoria, dijeron (Tratado de Bavá Batrá 75b): ‘En el futuro, [los ángeles] van a decir delante de los Tzadikim «Kadosh» de la misma forma como le dicen a Hakadosh Baruj Hu’. Pensé en explicar, con ayuda del Cielo, que la intención es que los ángeles dirán tres veces ‘Kadosh’ cuando vean a un Tzadik. Esto es a lo que se refirió la Guemará cuando dijo que ‘así como le dicen a Hakadosh Baruj Hu’, es decir, los ángeles le dicen: ’¡Kadosh! ¡Kadosh, Kadosh!’. Y la razón por la que los Tzadikim tendrán este privilegio precisamente en el futuro es porque la persona solo se hace meritoria de que los ángeles le digan tres veces ‘Kadosh’ a raíz de su integridad respecto de tres santidades, que son la santidad del pensamiento, la del habla y la de la acción.

Hoy en día, no hay Tzadik que tenga la integridad de estas tres santidades como se debe; todos tienen algún defecto, por menor que sea. Por eso, solo en el futuro, los Tzadikim tendrán el mérito de que les digan ‘Kadosh’ tres veces”. Debemos explayar acerca de estas preciadas palabras del Ben Ish Jay.

Como es sabido, aquel que ha tenido provecho de algo sagrado ha malversado, por lo que la Torá lo multa obligándole a pagar el capital más un quinto. ¿Qué es ese quinto? Podemos explicar, con ayuda del Cielo, que aquello que es del Hekdesh no le pertenece al hombre, sino a Hakadosh Baruj Hu, y el hombre no tiene el permiso de hacer uso personal de ello. Si involuntariamente transgredió e hizo uso de ello, malversó y causó un defecto, no solo en el objeto del Hekdesh mismo, sino también produjo un gran defecto en toda la Torá entera, y en todos los cinco libros del Pentateuco. Por eso, el hombre tiene que pagar “un quinto más” (“quinto” en hebreo es חומש ‘jómesh’, que contiene las mismas letras de la palabra en hebreo con la que se designa a cada uno de los cinco libros del Pentateuco: “Jumash”), pues un objeto que fue consagrado para Hashem ya no le pertenece a la persona en absoluto, y le queda absolutamente prohibido usarlo u obtener provecho alguno de él, ya que eso convertiría el objeto en profano. Este asunto es muy grave; tan grave que se considera como si el hombre le estuviera causando un daño a toda la Torá entera; por ende, tiene que pagar un quinto más.

Si en un objeto inanimado consagrado al Cielo existe malversación y se tiene que pagar un quinto más, con mayor razón, si uno malversa su propio cuerpo y lo usa para cosas profanas, para algo que no es consistente con la Torá o, mucho menos, si lo usa para pecar —jalila—. Eso también es considerado malversación y la persona se hace responsable de pagar un quinto, porque causó un defecto en los Cinco
libros del Pentateuco. ¿Cómo? Aun los miembros y ligamentos del cuerpo de la persona son considerados Hekdesh, ya que Hakadosh Baruj Hu obliga a la persona a ser sagrada, como dice el versículo (Vaikrá 19:2): “Sagrados serán, porque Yo soy sagrado; Yo soy Hashem”.

Por ello, la Torá dice: “Si un alma pecare e hiciere alguna de todas las mitzvot de Hashem que no se debe hacer, y no sabía, y fue culpable, cargará con su pecado” (Vaikrá 5:17). Aquí se trata de que la persona cometió un pecado de forma involuntaria, sin la intención premeditada de hacerlo. Aun así, la Torá dice que la persona tiene que “cargar” con las consecuencias, como está escrito: “cargará con su pecado”; es decir, el pecado reposa sobre ella como una carga pesada, se encuentra sobre sus hombros y le pesa hasta que traiga el korbán por su descuido.

A simple vista, podemos preguntar ¿por qué la Torá lo toma como algo tan grave? ¡Si no tuvo la intención de hacer mal! ¡Si pecó, fue inadvertidamente! ¿Por qué la Torá fue tan estricta con esta persona? No obstante, podemos entender esta seriedad según lo que hemos expuesto, ya que el cuerpo es considerado sagrado, bajo la orden de “sagrados serán”, y no es propiedad de la persona para que la persona pueda hacer con él lo que quiera, ¡pues está consagrado a Hashem!

Eso es lo que dice el Ben Ish Jay, que los Tzadikim consagraron sus cuerpos de forma absoluta en honor de Hashem Yitbaraj, sin dejarse nada para ellos mismos. Por lo tanto, en el futuro, los ángeles vendrán y dirán delante de los Tzadikim: “¡Kadosh! ¡Kadosh, Kadosh!”, porque ellos pueden atestiguar que esos Tzadikim se dedicaron con toda la santidad del cuerpo por el honor de Hashem, a las tres santidades: pensamiento, habla y acción