PARASHAT “VA´ETJANÁM”

Parashá: Va´etjanán-Supliqué, ואתחנן.   Deuteronomio  3:23–7:11. Haftará sefaradí: Isaiah 40:1–26.  Darshán, Adi Cangado.


La parashá de  de esta semana es  Va´Etjanán. Pero como el domingo pasado  fue Tishá BeAv, se abre un período de siete shabatot llamados de “consuelo”, el primero de los cuales es este Sábado, que llamamos por lo tanto “Shabat Najamú”.

    En su primer discurso,  Moisés rememora los andanzas de Israel hasta entonces y las experiencias en  el Monte Jorev. Esta semana,  abrimos las lecturas con su cierre y seguimos con el segundo de los tres discursos, en el que se destaca el Código de Leyes sobre el servicio a Dios, el gobierno, el derecho criminal, la vida doméstica y los rituales en el santuario. Esta semana destacaremos tres conceptos: Torá, Mitsvá y Shemá.

Torá: Experimentar y Presenciar

(Deuterenomio 4:1)

Ahora pues, oh Israel, escucha los estatutos y los decretos que yo os enseño para que los ejecutéis, a fin de que viváis -Le´maan tijiyú-  y entréis a tomar posesión de la tierra que el SEÑOR, el Dios de vuestros padres, os da.

( Deuteronomio 4:44)

Ve´Zot Ha´Torá

Y esta es la Ley que Moisés estableció sobre los Hijos de Israel.

    ¿Qué es La Torá? Literalmente, La Torá es el conjunto de los cinco primeros libros de la Biblia Hebrea, lo que en griego se llamó Pentateuco. Sin embargo, la tradición rabínica consideró que ésta era solamente Torá She´bijtav, o “Torá Escrita”, habiendo también la tradición oral o Torá Shebeal Pe, formada por la Mishná y la Guemará. Sin embargo también es posible ir más allá y traducir Torá como “Instrucción”, de manera que Torá no solamente es el versículo con su cadena de lecturas, comentarios e interpretaciones, sino también el acto mismo de la transmisión (mesorá-kabalá). Aunque normalmente se dice que el judaísmo no tiene dogmas´,  lo cierto es que a lo largo de la historia la interpretación de la Torá se ha llevado a cabo con un método que sí se eleva como un dogma: la “transvaloración”, según la cual se adscriben a los versículos significados que ni fueron contemplados ni deducidos jamás por los autores originales. Mediante este método, los comentaristas justifican ciertas prácticas y rituales, por ejemplo, a partir de versículos determinados, ensanchando su significado, y afirmando que el versículo ya decía efectivamente eso. Ese es el método que el judaísmo tradicional usa aún para leer La Torá y establecer estándares legales. En los últimos doscientos años, una parte importante del judaísmo ha abandonado la “transvaloración” a favor de la “revaloración”, es decir: analizar y singularizar y aceptar las implicaciones del texto tradicional de manera que puedan ayudarnos a afrontar los desafíos morales y espirituales en la modernidad.

    Muchos creen que este otro método conduce a la derogación (o eliminación) de versículos, pero no es cierto. Los versículos siguen ahí, incluso aunque no podamos aplicarlos, respondiendo  a antiguas regulaciones de una sociedad y un lugar y una época histórica diferentes. Podemos aprender mucho incluso de algunos de esos versículos o capítulos que por lo que contienen nos parece que están errados, pero eso no es un problema para la integridad de la Torá. La Torá es Jaim, “Vida”, es un cuerpo que respira, es algo más que el texto escrito, es su fonética, su pronunciación por el fiel, su estudio, su lectura, su transmisión y su práctica. La Torá  va de generación en generación, adaptándose a las sociedades cambiantes y a la historia: negar esto es negar el significado más íntimo de halajá que es el de “travesía”. La Torá holéjet “camina” a lo largo de la historia, y su papel central no reside en aquello que perteneció a una época o sociedad determinada, sino en la aplicación y lucha por los valores de intemporal vigencia que encontramos a lo largo de sus páginas (y de las páginas de los comentarios de los comentarios de los .. ). Una Torá sobre la que no podamos leer de manera creativa, sobre la que no quepa un midrash nuevo, es una Torá muerta. Para respirar, la Torá se adapta a la historia. Ese es el verdadero significado de la Torá.

Mitsvá: Sentirse Interpelado

    Desde sus albores,  la humanidad se ha sentido interpelada por un “Tú” Eterno, más allá de la indagación científica;  un “Tú” que no se experimenta sino que se presencia, un “Tú” no empírico sino vivo. Dios es Metsavé, “el que interpela”, y el ser humano responde con sus labios y sus acciones (mitsvot). La Torá es el resultado de la búsqueda de ese “Tú”, de Dios, y cómo se ha plasmado esa relación para el Pueblo de Israel a lo largo de las generaciones. La tradición judía es el fruto de esa búsqueda inconclusa. Cuando te aproximas a la Torá, en el estudio o la oración, entras a la presencia de ese “Tú”, pero no menos que con la Mishná o con la Guemará o con un salmo o un poema.. El instrumento no es lo importante sino la identificación inconsciente de ese “Tú” como el Eterno “Tú”, ese que al encontrarlo, sea a través de la Torá o a través de un poema, dices “Tú eres”, y luego recuerdes “Ése es Mi Dios”. Y ese Dios es la fuente que nos enseña a discernir lo mejor de lo peor, incluso a través de los versículos de la Torá, y esa separación no es nueva sino sumamente antigua, y un ejemplo valioso lo tenemos en la elaboración de los primeros sidurím en los siglos IX y X: los rabinos escogieron lo mejor que está en las fuentes y lo condensaron en el sidur para que el judío de a pie tenga un instrumento de inspiración y de consuelo.

    Martin Buber, genial filósofo alemán de principios del S. XX, defendió siempre que las mitsvot son algo personal, es decir, no el fruto del capricho del individuo sino el resultado de esa interpelación, de esa relación entre el oferente y el interpelante (es decir, Dios). Es la conexión con la comunidad la que determina el minhag o “costumbre” al afrontar el cumplimiento de esos preceptos, pero en última instancia es la relación entre el judío y Dios lo que ha de determinar en las generaciones el alcance y los detalles de esas mitsvot. Algunas de ellas tendrán validez para uno solo o unos pocos, otras para muchos en una época o comunidad; y otras tienen eficacia eterna, y ellas son la amudá, el “tronco” de la Torá. Pero no siempre es fácil diferenciar unas de otras, el oferente debe estudiar y formarse para tomar sus decisiones personales en materias como la observancia de los detalles, y hacerlo de tal manera que su práctica religiosa sea efectivamente la cáscara, el brillo que dibuja su relación personal con Dios. Lo cual se traslada no solamente a las disposiciones éticas sino también a las rituales: pero a partir de ahí él o ella deben construir en común: en su vida de pareja, o con su familia, o su sinagoga, .. de ahí la importancia de ponderar los elementos de “tradición” y “espiritualidad”, que muchas veces colisionan, y que así el creyente pueda mantener su relación con Dios también a través de su comunidad. Esa diversidad en la liturgia no es algo cismático sino enriquecedor.

Shemá: Algo más que Escuchar

    En 5:6-18 está la lista de los “Diez Mandamientos”. Más adelante, en 6:4-9, se dice:

Shemá Israel, Adonai Eloheinu, Adonai Ejad ..

Escucha Israel, el Eterno es Nuestro Dios, el Eterno es Uno”.

    El Eterno no solamente es “Mi Dios”, también es “Nuestro Dios”. La comunidad judía se convierte así en una familia unida por unos fortísimos lazos de pertenencia, de “compromiso” con el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, y de Sara, y de Rebeca, y de Raquel y de Lea. Pero un Dios que también es Nuestro Dios. La pieza fundamental del engranaje es la “identificación”.

    El rabino Israel Abrahams daba especial importancia al mensaje práctico de estos seis versículos (6:4-9), porque en ellos se concentran: el dogma fundamental (monoteísmo), el compromiso fundamental (amor), la disciplina fundamental (estudio) y el método fundamental (la unión entre la “letra” y el “espíritu”) del judaísmo como religión.

    Pero, ¿qué significa shemá?

    En primer lugar, shemá es “¡oye!”. Y oír alude a una capacidad. Pero no es oír en el sentido de percibir sonidos, sino en el de abrir tu capacidad a lo que vas a escuchar.

    En segundo lugar, shemá es “¡escucha!”, pero no puedes escuchar si no oyes, si no te predispones o preparas o si no estás capacitado todavía. Hace alusión a sentirse interpelado, en silencio, sin lenguaje, es unirte en la presencia, en la relación.

    En tercer lugar, shemá es “¡asiente!”, acepta el cometido, disponte para la contestación; es atender y contestar a esa llamada, y es perseguirla a través de la fe, aceptando el yugo de ese cometido o pacto.

    Y en último lugar, shemá es “¡entiende!”, búscalo, y esa búsqueda es la Torá, y es el Midrash, y el Talmud, y es un salmo o un poema, o la cristalera de la sinagoga, o las acciones cotidianas, .. es el estudio, es la práctica, es la oración, es leer y escuchar de boca de semejantes el mensaje del judaísmo.

© Adi Cangado