TORTOSA , JUDERÍA AL MENOS DESDE EL SIGLO V

 La ciudad de Tortosa además de conservar el trazado de su muy antigua judería conserva una lápida que es crucial para conocer su antigüedad y por tanto su importancia tanto entonces como después en tiempos del Reino de Aragón.


El pueblo ibero de los ilercavones -entre el norte de la provincia de Castellón (Valencia)  y el sur de la de Tarragona (Cataluña)- hacia el s III a.e.c. tenía su capital en Hibera, en la colina donde se eleva hoy el Castillo de la Suda y sobre todo por la zona del Parador Nacional.  Por esa época los romanos fundan la gran ciudad de Tarraco (Tarragona) -por los historiadores que hablan de este importante enclave romano sabemos de Hibera- y en el Delta del Río Ebro, que se desploma de las montañas de Cantabria al Mediterráneo, fundan Dertosa, por donde pasaba la Vía Augusta, la más importante calzada romana de la Península Ibérica. Como municipium romano era importante por su industria del jaspe en la cantera de La Cinta, de dónde salía gran parte del mármol que hoy puedes ver en Génova  y en Roma; o como dicen algunos historiadores  israelíes que, por imitación del lujo romano, mandó Herodes llevar hasta el Herodión e incluso Cesarea Marítima, la capital de su reinado.

Es decir, las relaciones entre poblaciones del Mediterráneo Occidental con las del Oriental, iniciadas con los comercios del reino de  Tartesos con los fenicios en tiempos de Salomón y los griegos en tiempos de los Macabeos, son lo suficientemente habituales como para pensar que incluso antes de la Diáspora de Roma tras la destrucción del Templo, había judíos en la Península Ibérica y sobre todo en el norte de la costa mediterránea -donde estaba la principal ciudad, Tarraco. Es sólo cuestión de tiempo el que los judíos fueran adentrándose por el Valle del Ebro hasta llegar al Cantábrico. Basta abrir un mapa para ver que todas las juderías están en esta zona en el Valle del Ebro, el posterior reino de Aragón, Navarra, comarca de Las Merindades, hasta llegar a la costa verde,  Castro Urdiales, Balmaseda.

La evidencia arqueológica  más antigua que disponemos de todo esto es la famosa lápida trilingüe -hebreo, latín y griego- del S VI, dos siglos más tarde de la mucho más rudimentaria y polémica Lápida de Orihuela ,localidad también sobre la Vía Augusta, en dirección al puerto mediterráneo de  Cartagena. La lápida trilingüe  de Tortosa es la estela funeraria de una judía de 24 años de edad, llamada Meliosa , hija de  Yehudá  y Miriam.  Se conserva en la catedral de Tortosa, importante receptáculo de muestras epigráficas de la ciudad.

Para que hubiera cementerio en el SVI es de necesidad pensar que al menos había comunidad en el S V.

In nomine domini hic est memoria ubi requiescit benemoria Meliosa filia iudanti et cura maries vixit annos vingti et quattuor cum pace . (El tono del latín tardío se debe a que en el S. VI Dertosa ya estaba bajo el dominio visigodo, no del romano) 

Tortosa, además,  fue luego ocupada por los musulmanes,  en el S VIII, y convertida en taifa en el 1031, para pasar a depender de la taifa de Zaragoza, Aragón,  en 1061 y luego de la de Játiva , Valencia.  La ciudad fue tomada en 1148 por Ramón Berenguer IV de Barcelona, quien donó los antiguos astilleros árabes a la comunidad judía para la construcción de 60 viviendas -la judería vieja-  y luego en el S XIII, tantos eran,  la judería nueva.  La judería tortosina ha mantenido el trazado de sus calles hasta el día de hoy y está convenientemente señalizada de diversas formas para comodidad del visitante.

La sinagoga está documentada desde principios del s. XIV aunque es evidente que tuvo que haber desde el principio del asentamiento.  Cerca  había, también, un mikve y  por la calle de Jerusalem se lelga al emplazamiento de  la carnicería, otra institución indispensable para el judaísmo y la kashrut. Al lado, el Horno del Sr. Rey, también judío, que pagaba diezmos a la Orden del  Templo y a la familia Montcada. Y poco más allá, los restos de la muralla del S . XIV, con el Portal de los Judíos, que era la salida extramuros al cementerio.

Durante años, aunque éste no ha sido así y se ha sustituido por una dramatización  basada en  la Disputa de Tortosa , en la que el inquisidor general de Valencia va a Tortosa a pasar revista a los conversos, se venía realizando “La Judía de Tortosa”, una judía  llamada Blanca que vivió a finales del siglo XV , un viaje en el tiempo para explicar la vida cotidiana de la comunidad judía, con cánticos tradicionales judíos de la tradición catalana.