EL LIBELO DE DAMASCO

Un caso de antisemitismo que estuvo a punto de provocar un conflicto internacional  a mediados del S XIX.


 El controvertido jefe de las fuerzas armadas sirias, Mustafá Tlass ( responsable de la masacre de 40.000 sirios en Hama en 1982) publicó en 1983 un libro –La Matsá de Sión–  un panfleto antisemita en el que recordaba una gran mentira internacional: el presunto asesinato de un fraile franciscano en 1840 a manos de los judíos de Damasco.

  “Los judíos se aislaron con el fin de rodearse de misterio, para que el mundo musulmán casi no supiera nada sobre ellos. Por ende, no es de sorprender que Damasco se viera horrorizada por este crimen detestable. Sin embargo, rápidamente la población de la ciudad superó su ignorancia sobre los judíos y, para entonces, cada madre le advertía a su hijo: ‘Ten cuidado de no alejarte del hogar, no vaya a ser que vengan los judíos, te metan en una bolsa, te lleven y te maten brutalmente, y te saquen la sangre para preparar la matza de Sión’.” Generación tras generacióntransmitió este mensaje de traición de los judíos.»

O de cómo el poder político utiliza la mentira y el analfabetismo funcional de los ciudadanos para pervertir la Historia y  perpetuar el odio incluso a finales del S XX. Desde Apión con Calígula, el libelo de sangre, pasando por el caso español del Niño de la Guardia, cuya romería todavía se celebra hoy en día.

 Los hechos a los que se refiere son los siguientes: El cinco de febrero de 1840, por la noche, el fraile capuchino llamado Tomás, de origen sardo,  acompañado de su sirviente Ibrahim Amara,  desaparecen por completo, sin dejar el menor rastro tras de sí. Al cabo de unos días, en el convento franciscano de Damasco empezó a correr el rumor de que habían sido secuestrados por los judíos con el objetivo de sacarles la sangre y así poder cocinar los panes ácimos de la Pascua Judía.

Dibujos de prensa árabe relatando la mentira

Los misioneros católicos de Damasco -entre otros extranjeros en Siria- estaban protegidos por el consulado de Francia en tierras que entonces pertenecían al  Imperio Otomano. Nueve años antes del hecho en cuestión, el virrey de Egipto, Muhamad Alí, quiso desestabilizar el poder otomano en Siria y poner a gobernar a su hijo. Francia respaldaba las pretensiones egipcias, mientras que el Imperio Británico y el Imperio Austro-Húngaro respaldaban al Imperio Otomano. Así pues, el cónsul de Francia, Ulysse de Ratti-Menton, que detestaba la poderosa familia judía de los Farhi y deseaba mejorar las condiciones de los comerciantes cristianos, se hizo cargo de la investigación de la desapariciión. Sin más, declaró a toda la comunidad judía damasquina como autora de los hechos. Tras la desaparición de Thomas, el cónsul francés en Damasco, Ulysse de Ratti-Menton, que apoyaba a los comerciantes y asesores cristianos sobre los judíos, y las familias cristianas que buscaban ascendencia económica sobre la familia Farhi, antes empoderada, inició investigaciones en el barrio judío que dieron lugar a la sospecha. que los judíos estaban detrás de la desaparición del sacerdote. El  entonces gobernador egipcio de Siria, Sherif Pasha, que deseaba cortejar las simpatías francesas engendradas por las relaciones entre el gobierno francés y el bajá egipcio, Muhammad Ali, permitió que las acusaciones echaran raíces.

 Un barbero judío llamado Negrín, junto a ocho de los judíos más notables, entre ellos Joseph Lañado, Moses Abulafia, Rabi Jacob Antebi y un miembro de la familia Farḥi,  fueron  torturados durante días para que confesaran los hechos.  Mientras Ratti-Menton publicaba libelos contra los judíos en francés y en árabe, Sherif Pasha escribió a su superior , Muhammad Ali, para exigir la  autorización de ejecución sumaria de los que ellos decían eran los asesinos de fray Tomás.

 El populacho, de inmediato, se abalanzó sobre la antigua sinagoga de Jobar, donde destruyeron sus valiosos Libros de La Torá.

Montefiore llega a Alejandría

 El cónsul austríaco en Alepo, Eliahu Picciotto, también tomó cartas en el asunto: se puso en contacto con  Ibrahim Pasha, el hijo de Muhammad Ali en Egipto,  para que se ordenara una investigación.   G. W. Pieritz, la otra parte de la coalición contra Francia y Egipto,  también expuso el asunto en The Times. El político británico y líder de la comunidad judía británica, Sir Moses Montefiore, respaldado por otros occidentales influyentes como el británico Lord Palmerston y el cónsul de Damasco Charles Henry Churchill,  el abogado francés y judío  Adolphe Crémieux, el cónsul austríaco Giovanni Gasparo Merlato, el misionero danés John Nicolayson y Solomon Munk, encabezaron una delegación ante el gobernante de Siria, Muhammad Ali. La cita, del 4 al 28 de agosto en Alejandría. El resultado,  la liberación incondicional y el reconocimiento de la inocencia de los nueve prisioneros que aún permanecían con vida. Montefiore persuadió al sultán Abdulmecid I en Constantinopla  para que  emitiera un firman (edicto) el 6 de noviembre de 1840 exigiendo  detener la propagación de las acusaciones de libelo de sangre en el Imperio Otomano.

«… y por el amor que tenemos a nuestros súbditos, no podemos permitir que la nación judía, cuya inocencia por el crimen que se les imputa es evidente, se preocupe y atormente como consecuencia de acusaciones que no tienen el menor fundamento en la verdad. … «.

Sin embargo, en 1853, estalló el libelo de Alepo.

En 1860 se publicó en un periódico ruso -y judío- que el monje estaba vivo, escondido, y que había recibido una importante cantidad de dinero si se quedaba callado y no destapaba la verdad. La fuente de esta notiica no se verificó jamás.

El decano de la música sefardí en Israel, Yehorám Gaón, cantó el evento en su canción «Sir Moshé Montefiore»

Fotografía principal: óleo sobre lienzo de Moritz Oppenheim en el que se representa a uno de los judíos presos bajo la mirada de un monje capuchino.