LA ORACIÓN MÁS IMPORTANTE DEL RITO HEBREO

Notas sobre «Shmá, Israel», la principal y básica declaración del judaísmo.


La Creación del Mundo, según los primeros versículos del Libro de «Be´Reshit» en La Torá,  es un hecho verbal -aunque divino, pero verbal. Y esto es porque lo verbal tiene en el judaísmo una importancia notable. La primera manifestación de A´a Abraham fue verbal, llamándolo por su nombre. «Hineni» (Héme aquí)  respondió el de Ur (como si A´no lo supiera; aun siendo obvio, hay que verbalizarlo). Es decir, también en el Hombre había una necesidad de manifestarse verbalmente a pesar de lo evidente. Porque el primer vínculo que une al ser humano con A´es que el primero está hecho a imagen y semejanza del segundo. Pero A´carece de imagen, es una entidad incorpórea; así, pues, ¿qué quiere decir a imagen y semejanza? Es una forma de decir iguales. Esto es, el resto de criaturas creadas son distintas. Pero el ser humano es igual a A´: tiene el don del razonamiento y de poder usarlo expresándose verbalmente. Palabra de A´. El Logos. Cuando A´necesita ponerse en contacto con Su Pueblo, lo hace verbalmente -con Moshé Rabenu adoptó la forma de zarza que no se consume, pero a través de ella hablaba en Sinaí, comunicaba sus intenciones, expresaba sus deseos. Todas las personas que tenían capacidad para recibir mensajes verbales de A´y que podían usar sus gargantas humanas para expresar al Pueblo lo que A´deseaba –Va´yomer=Dile- se denominan, en hebreo, Nebiim. Del verbo «lehabí», traer, pues traen La Palabra Divina. En castellano, Profetas. Y Nebiot, pues también ocurre en seres humanos del género femenino, como Miriám, Juldá. La importancia de lo verbal en la comunicación del Hombre con Elokím es total. Lo que no tiene nombre es que no existe. Lo que no existe es que no ha sido creado.

Pero lo verbal -la Palabra, el Logos- no es sólo lo que se pronuncia, sino también lo que se escucha. Es un concepto bidireccional, reflexivo y recíproco. Cuando alguien habla es porque alguien escucha. Este es el fundamento de la oración hebrea: Escucha. Hay un diálogo. Bien sea por alabanzas, rogativas, súplicas, bendiciones,  la voz de un orante hebreo asciende, lleva -como en el caso de los nebiim– un mensaje, una garganta «abre» los cielos en nombre de otros y, por eso, esos otros agregan al final el término Amén, para que el efecto de la oración se extienda también a ellos. No debemos traducir Amén como «Así sea», pues en hebreo ni hay tiempo presente del verbo ser/estar ni hay tampoco modo subjuntivo. Amén es el imperativo del verbo Lehamím, creer (de donde Emuná, creencia)  Créase. O sea creído. Es decir, adopte la forma real de algo que es. Lo que la garganta del orante ha llevado hasta los cielos, que sea real como si lo hubiera hecho yo.

Y es aquí en donde entra en juego la mayor oración del rito hebreo: » Shmá, Israel». Escucha, Israel.

 Libro de Deuteronomio,  6,4  que dice:

«Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno»

(שְׁמַע יִשְׂרָאֵל יְהוָה אֱלֹהֵינוּ יְהוָה אֶחָד

Shmá Israel, A´ Elokenu, A´ Ejad),

Y eso es lo que hay que escuchar. La declaración básica del judaísmo: A, nuestro dios, es UNO. (Y se exagera la dalet final de «Ejad», UNO (y en masculino)  para que quede claro que no es una resh, pues entonces diría «Ajer», que es  otro; para que haya otro es necesario que hubiera al menos dos, es decir , que  no hubiera tan sólo uno). El monoteísmo: la base principal del judaísmo. Lo que lo diferencia de todas las religiones de su época, extremadamente politéista, idólatra y a ojos de A´, abominable.

A la entrada de La Kneset en la capital de Israel, Jerusalén

«Shma, Israel» es tan importante que se reza tres veces al día. En el rezo sinagogal que recuerda el sacrificio de la mañana en el Templo es una de las partes más importantes, la Amidá, el rezo que se hace de pie, para marcar su solemnidad. Luego se vuelve a recitar en la oración de mediodía. Y por último a la hora de irse a acostar. Tal es su magnitud significativa para el judaísmo que El Talmud empieza precisamente debatiendo hasta qué hora es lícito – para La Halajá-  el recitado nocturno de Shma.

Hay un cuarto momento en que el judío pronunciará el Shmá: cuando su vida corra peligro porque alguien quiera acabar con ella. Esto se hace desde la terrible muerte de R. Akiva a manos de los romanos. Por ejemplo, en los hornos crematorios de los nazis se habrán oído millones de veces los versos sagrados del Shmá, Israel.

En otro momento hablaremos del aspecto kabalístico de estas palabras, que requiere incluso varios artículos.

El rezo en sí consta de cuatro partes:

  • El shemá propiamente dicho: Shemá Israel, A´ Elokeinu, A¨Ejad, ‘Escucha Israel, Adonai es nuestro Señor, Adonai es Uno’.
  • Veahavta (‘Amarás’).  Impreca al judío a mantener  los fundamentos principales del judaísmo,  transmitiendo de generación en generación  «amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza».
  • Vehaiá (‘Cumplirán’). Consta de dos partes. La primera sugiere una recompensa: «si respetas los preceptos, Dios dará lluvia a tus tierras, y pan y vino a tus hijos». La segunda presupone una amenaza: «de no respetar los preceptos, Dios provocará sequías en tus tierras».
  • Vaiomer Adonai (‘Y Adonai ordenó’). Se refiere al uso de los tzitzit y del talit.

A continuación un ejemplo de su recitación perfecta en nosaj sfardí yerushalmi, a cargo del jasán Jagay Batsri.

Amén