PARASHAT HA´SHAVÚA: VA´YIGASH

Parasha: “Va´yigash” וַיִּגַּשׁ‬,  Se acercó,  Genesis 44:18–47:27, Haftará sfaradit: Ezequiel, 37, a5-28. Darshán, Adi Cangado.


  EL LUGAR DEL ENCUENTRO POSIBLE

 

Cuando la semana pasada concluíamos la lectura de la porción semanal, se nos quedó el corazón en un puño. La copa de adivinación es descubierta en el saco de Benjamín y como castigo será siervo del visir. La promesa de Judá a su padre no podrá cumplirse. Ha fallado.

Pero entonces vayigash elav Yehudá, se acercó a él Judá. Este será el primer paso, el desencadenante del reencuentro de José con sus hermanos y,  más tarde,   después de muchos años, con su padre.  Pero, ¿por qué precisamente dice la Torá vayigash?

Vayigash elav Yehudá vayomer “se acercó a él Judá y (le) dijo” (Gén. 44:18).

En la Biblia Hebrea,  el verbo nagash se utiliza principalmente con las tres acepciones siguientes: entrar en guerra (como en 2 Samuel 10:13), reconciliarse (como en Josué 14:6) y rezar (como en 1 Reyes 18:36). Judá tiene tres salidas posibles, pero finalmente se acerca al visir y habla con él. Ha crecido. Ya no es el joven inconsciente que deja a su hermano en un pozo y después lo vende a los mercaderes. Ha madurado. ¿Qué puede ofrecer al visir? Está en Egipto y allí no tiene dinero ni posesiones. Quien en el pasado había abandonado a un hermano, en el presente se ofrece/sacrifica en lugar de otro. Tómame a mí como siervo en el lugar de mi hermano (por Benjamín). El disfraz de visir se resquebraja y su poseedor se retira. Su hermano lo ha desarmado. No puede fingir más.

Judá se acercó elav, “a él”. ¿A quién? Al visir (que ellos no saben que es en realidad José). Pero también a sí mismo, a lo mejor de sí, y así también a Dios. Cuando se queda solo y llora, José busca una parte de sí (quiere acercarse a ella). Pero esta búsqueda no es posible en soledad, sino únicamente en la relación (a través del “otro”). Pensad en él. Seguramente en un nivel subconsciente seguía encerrado en aquel pozo sin agua; siempre huyendo del pozo, siempre trepando para intentar salir. Durante años no quiere recordar: ni a sus hermanos, ni su tierra, ni a su padre. Pero no puede huir. Cuando sus hermanos se presentan por primera vez en la tierra de Egipto, los reconoce.

Léon Pierre Urbain Bourgeois, 1863, José y sus hermanos

Al ver que Judá está dispuesto a ofrecer su vida en lugar de la de Benjamín, José puede perdonar y comprender, y revelarse/ser por fin quien en realidad es. Observad las palabras específicas que utiliza y el orden que guardan entre sí (Gén. 45:3-4):

  • Aní Yosef: Soy José
  • Ha-od aví jay: ¿Mi padre aún vive?
  • (los hermanos se quedan sin palabras y no pueden contestar)
  • Gueshú na elay: Por favor, acercados a mí
  • (va´yigashu, “y se acercaron”)
  • Aní Yosef ajijem: Soy José vuestro hermano

Primero verbaliza quién y cómo piensa que es (Aní Yosef). Reflexiona sobre su pasado; desea confirmar si sus orígenes siguen palpitantes, vivientes dentro de él (¿Mi padre aún vive?). Ellos no pueden contestar estas preguntas. Después reclama el abrazo de sus hermanos y suplica que se acerquen a él (Gueshú na elay), y ellos se acercaron. En el encuentro acontece el (re-)conocimiento de uno mismo, por eso al final ya puede afirmar quién y cómo es sin miedo: Aní Yosef ajijem, soy José y soy vuestro hermano.

Vayigash elav Yehudá. Y se acercó a él Judá. Gueshú na elay. Por favor, acercados a mí, dice José. Vayigashu. Y se acercaron.

James Tissot, 1902, Faraón recibe a José

Escuchamos la Torá de boca del narrador, pero si nos ponemos en el lugar de los protagonistas es más complicado. Los hermanos se quedan paralizados. ¿Tomará represalias? ¿Se vengará por lo que le hicimos cuando era solamente un niño? También el niño dentro del visir tendrá emociones encontradas incluido el miedo. Pero se acercan superando lo pasado y se abrazan.

Judá da el primer paso y desencadena al final la reunificación de la familia en la tierra de Egipto, concretamente en Goshen. ¿Dónde estaba Goshen? Podría ser un lugar al este del delta del río Nilo, es decir, entre Canaán y Egipto. Sin embargo los lugares citados en la Torá no siempre se corresponden con ubicaciones geográficas. La Biblia Hebrea no es un libro de historia o de geografía. Detrás de cada nombre, ya sea de persona o de lugar, hay un símbolo. La palabra Goshen (גשׁן) contiene las mismas letras que el verbo nagash (נגשׁ) usado en los versos que hemos citado y que significa “acercarse”, “aproximarse”, “alcanzar” o “acudir”. ¿Acaso se trata de un supuesto de paronomasia? La palabra Goshen, acentuada como llana, parece evocar esa misma idea de “encuentro” o “acercamiento”. En el versículo 47:11 se llama al mismo lugar Ramsés (רעמסס), palabra que podemos descomponer en dos, leyendo ra masás (רע+מסס), es decir, “el mal ha desaparecido”. Goshen simboliza el lugar del encuentro posible, del perdón, el lugar en el que el mal es parte del pasado.

“Y los hijos de José, que él tuvo en Egipto fueron dos en número – por lo tanto, el total de la casa de Jacob que bajaron a Egipto fueron setenta nefesh personas (o almas)” (Gén. 47:27).

El Midrash,  al relatar la vida de Esaú,  dice que éste tuvo seis almas (o miembros de su familia) y en la Torá se las llama nefashot “las almas” de su casa, en plural. ¿Por qué allí se usaba el plural y aquí se prefiere el singular? Porque el singular refleja el vínculo tan fuerte que había entre los hermanos más allá de cualquier diferencia o problema y la corresponsabilidad de unos con otros (Rabí Shmuel Weinberg de Slonim, 1849-1915, Lituania). Es ese espíritu de corresponsabilidad y preocupación y cuidado mutuos el que ha permitido al pueblo judío sobrevivir a lo largo de una historia larga y tantas veces trágica.

Queda mucho por hacer para mejorar la relación que unos judíos tenemos con otros, y también la relación que tenemos, como judíos, con todos los demás. Cada judío es un universo y no debemos acallar ese pluralismo sino aceptarnos tal y como somos. Un judaísmo viviente no puede desatender las necesidades ni los desafíos del lugar y la época en que está, debe soltar lastre para perdurar y ser capaz, más allá de las diferencias, de alcanzar la celebración, el estudio en común y la colaboración. Los matices, las dificultades y la distancia nos enriquecen y no perjudican este cometido.

Deberíamos acercarnos más, pero partiendo del relato de esta semana, ¿quién va a dar el primer paso? En Goshen, la tierra del encuentro (que no implica renunciar a nuestros valores ni creencias ni tradiciones particulares) a través del respeto mutuo se pueden tender puentes. Visitemos con más frecuencia ese “lugar del encuentro posible” y no subestimemos su importancia pues tal y como dicen nuestros sabios, de bendita memoria, kol yisrael yesh lahem jélek la-olam ha-ba “todo/a judío/a tiene su sitio en el mundo que está por venir”, es decir, en el mañana. Al igual que en el relato de la Parashat Vayigash, en el mundo actual ocurre de igual manera: cuanto más unido esté el pueblo judío, más preparado y seguro estará en sus relaciones con los demás pueblos. Por eso después de reconciliarse los hermanos y reunir a la familia, solamente después, Jacob y sus hijos se encuentran con el Faraón.

Sin más os deseo que tengáis paz en el Shabat. Shabat Shalom!

© Adi Cangado