S. MEIR: NIÑO DE MAUTHAUSEN EN IBIZA

La odisea vital de  Siegfried Meir, un huérfano en un campo de concentración , adoptado por un futbolista de Burgos, que tras ser cantante en París se hizo escultor en Ibiza.


Siegfried Meir, que nació el 4 de mayo de 1934 en Frankfurt, Alemania, fue deportado a Auschwitz  el 23 de abril de 1943. El número que le tatuaron en el brazo para el resto de su vida fue 117.943.  Sus dos primeros meses en el campo los pasó escondiéndose de las guardianas del campo, pues en vez de haber sido enviado de inmediato a la cámara de gas, por lo que parece ser un error fuie enviado con su madre. Pero su madre murió de tifus. El dice que era tan grande horror que ni lloró. Entonces cayó enfermo él mismo.  Fue trasladado a la enfermería del campo masculino en la que operaba el tristemente célebre doctor Mengele…Su padre murió pero él se recuperó viendo las atrocidades del campo. El capitán Bachmayer decidió confiárselo a uno de los prisioneros españoles, Saturnino Navazo, futbolista y burgalés. El pequeño fue acogido en la «barraca de los españoles». Navazo cuidó de él hasta la liberación. El niño no tenía a dónde ir y  pidió a Saturnino que le adoptara. El prisionero burgalés no lo dudó ni un minuto. Saturnino Navazo le dijo sin titubear: «Di que te llamas Luis Navazo, que eres español y que has nacido en Madrid, en la calle Don Quijote, 43, en Cuatro Caminos».

Juntos se instalaron en el sur de Francia, cerca de Toulouse. 

Saturnino Navazo Tapia, número de prisionero 5.656,  había nacido  en Hinojar del Rey, Burgos, el 6 de febrero de 1914.  Con siete años se trasladó a Madrid y su pasión era el fútbol : centrocampista del  Club Deportivo Nacional (cinco temporadas en tercera división y dos en primera)  En 1936  se alistó en el ejército republicano, se exilió en Toulouse y  fue detenido en 1940,  trasladado al campo de concentración de Fallingbostel (Alemania). En 1941 fue trasladado al de Mauthausen (Austria)».  Luego Navazo se casó, la madrastra no le quiso y Luis se fue de casa. 

En cuanto obtuve mi certificado de estudios primarios busqué un trabajo en Toulouse, como aprendiz de confección con la familia Frydmann; y más tarde, cuando me trasladé a París, continué trabajando con un confeccionista llamado Stem»

Y tuvo que pedir un certificado de nacimiento por el cual se convirtió de nuevo en Sigfried.  O más coincretamente en Jean Siegfried, cantante de bastante éxito en París en los círculos de Georges Moustaki.

Amante del arte africano, que ha conocido en sus viajes como artista por el continente negro, monta una galería en el Barrio Latino en la que vende máscaras, esculturas y bisutería a clientes a los que convida a un vaso de sangría. Le va bien, pero asiste con un punto de envidia a los triunfos de excolegas como Aznavour o su buen amigo Moustaki. La galería marcha, pero él no se siente bien, en parte porque «se aburre pronto de todo», y decide con un antiguo admirador probar fortuna en las Islas Baleares. Allí sería  conocido como el Rey de Ibiza, porque era el alma mater de todas las fiestas ibicencas. En Ibiza empezó a dedicarse con 75 años a la escultura y exponía con el nombre Siegfried M. Bacharach. Su madre se llamaba Jenny Bacharach. Apátrida hasta 1980, que es cuando recibió la nacionalidad española.

 

En Ibiza fue muchas cosas, desde restaurador de casas payesas a fundador de algunas dsicotecas. Una de ella sería con el tiempo, Amnesia. Se arruinó jugando al póker. Tuvo que subsistir con una pensión del gobierno alemán.

 

En 2015 sacó a la luz sus Memorias. Mi resiliencia’ (Ediciones B), autobiografía de Siegfried Meir. Así sabemos que el número de su brazo para sus hijas era el número de la seguridad social (la SS) y que hasta llegó a apostar por ese número en el juego del Euromillón.

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