JANUKÁ A LA SEFARDÍ

 Miscelánea de costumbres de todo tipo para la celebración de Januká en una casa sefardí.



 Por supuesto, los sefardíes celebran Januká con sus propios rasgos distintivos, algunos comúnes entre los sefardíes orientales y occidentales y otros no. Por ejemplo, Siduk ha´Din,  la  oración por el alma de difuntos que se reza tras el servicio de  shajarit en los siete días de duelo, no se recita en Egipto durante los ochos días de Januká. Todas las comunidades leen durante los ocho días, versículos de Números , 7. (La consagración del Mishkán)

 La palabra Janukiá , para sorpresa de muchos, no es antigua y , además, es de origen sefardí, o al menos creada por una sefardí;  más concretamente de origen  sefardí balcánico;  fue introducida en el hebreo moderno, a fines del S XIX,  a propuesta de Jemda, la esposa de Eliezer Ben Yehudá. Hasta entonces, se usaba el estado constructo Menorat Jánuka, esto es, el Candelabro de Januká. (En español con /k/ porque no es una palabra castellana, como whiskey)

 

Janikiá creada en la Escuela de Artes y Oficios de Betzlalel, Jerusalén, en los años´20.

Todas las comunidades de la cuenca mediterránea utilizan aceite de oliva para encender las janukiot, porque con aceite de oliva se encendía la Menorá del Templo de Jerusalén . Recuerden que el milagro es sobre la cantidad de aceite para la re-consagración del Templo….La aceituna, el fruto del olivo,  es fruto sagrado para el judaísmo desde  los  tiempos de  Moshé Rabenu porque es inmiscible (no se puede mezclar con otro líquido, perdura en su pureza y, además,  sus beneficios para la humanidad llegan a ser excelencia en sanaciones y prevenciones )  Todas las janukiot   que ha encontrado la arqueología en Sfarad (o en el Yemen, o en otros sitios) son de aceite, pues en la antigüedad, obviamente, no se conocía la parafina, un subproducto obtenido a través de la destilación del petróleo. Los pabilos que se usan para hacer arder el aceite deben tener aceite suficiente para arder al menos media hora, y durante ese tiempo está prohibido realizar tareas ajenas a la celebración.

Antes de encender el primer día,  se recitan tres bendiciones en este orden: primero, Lehadlik (encender) por el precepto (rabínico) de prender los pabilos. Segundo, «She´Ashá Nisim» (que hizo milagros) a neustros antepasados y en aquellos tiempos. La tercera, She´ejeyanu, porque es el primer día de encendido (el resto de días ya no se recita) El rabino Shem Tob Gaguine,  en su Keter Shem Tob,  menciona que la costumbre en Israel, Siria, Turquía y Egipto sería decir la primera  bendición de Lehadliq Ner Janouka por cada vela. Aún se hace en las familias más tradicionales.

 Luego,  la versión larga de Nero halalu (54 palabras, no 36) Y luego,  el Salmo 30 de David, que se cantó en la inauguración del Primer Templo. Tras el retorno del Sefer Torá al Hejal de la sinagoga en el servicio de la mañana,  también se recita inmediatamente el Salmo 30.

En el orbe sefardí se usa una janukiá por casa, no una por miembro de la familia. Pero por orden  de edad, empezando el padre y la madre, todos encienden. Y se enciende todos los días en el mismo orden, de derecha a izquierda, porque el judaísmo entiende que a la derecha está el lado de la bondad.  (Los askenazíes sólo lo hacen así el primer día, luego lo hacen al revés)

Según Yosef Karo en Shulján Aruj, el encendido comienza por la vela más cercana a tu mano derecha; la segunda noche el encendido comienza en la vela adyacente a la noche anterior, de modo que el último día la primera vela que se enciende es la situada en el extremo izquierdo y luego irás,  una por una,  encendiendo el resto, siendo la última la que encendiste el día primero. Nuestra era rabínica, como sabemos, comienza con la edición de esta obra y por ella seguimos rigiéndonos.

La vela auxiliar que sirve para encender las velas de la janukiá se llama Shamash (de útil, en hebreo) pero algunas comunidades , como la siria, la llama SamOsh. En las comunidades de origen en Arám Tsobá, (Jalab) se enciende una vela más en recuerdo de la aceptación de la comunidad cuando llegaron. Tenían tantas ganas de integrarse que cuando lo consiguieron lo consideraron milagroso.

Piút de Januká sirio, cantado al laúd por el jasán Itamar Dwek Hacohén, compuesto por r. Raphael Antebi , alias Jajam Tabush,  de  Jalab, Alepo, y fallecido muy mayor en El Cairo, en 1917.

 

Las janukiot se encienden en la puerta de la casa, para anunciar el milagro, pero si no es prudente hacerlo, se hará dentro de la casa, al lado izquierdo de la  emzuzá,  para que al menos los miembros de la casa reciban el anuncio del milagro del aceite.

Por razones cabalísticas, en la bendición de encendido no se pronuncia «lehadlik ner SHEL Januká» sino Ner Januká. Intercalar la preposición Shel rompe la lógica, además de que en hebreo no es necesario por un asunto gramatical llamado estado constructo.

En la sinagoga, en Shabat, según Shulján Aruj, se enciende la janukiá antes de hacer la havdalá. Pero esto no se observaba en Alejandría o El Cairo. Moshé Pardo escribe que en Jerusalén también era costumbre primero decir Havdalá.

Sobre Erev Shabat hay diversas polémicas porque la regularidad prevalece en norma, así que hay quien enciende la janukiá antes de las velas de Shabat y quien después, siempre y cuando no haya llegado el horario de la puesta de sol.

En la sinagoga, la janukiá se coloca en la pared más meridional, para que la primera noche se encienda la luz más occidental y la última noche, la primera sea la oriental.

 

Atayif, con nueces, requesón y jarabe de  agua de rosas.

La costumbre de acabar el servicio de encendido comiendo  dulces fritos en aceite de oliva,  en Egipto se llamaba Zalabya ​​o Loqmat El Qadi. (como en turco lukum ) En Irak y Siria a ese dulce se le llamaba Zingol. En Turquía se llamaba Bilmuelos. En Grecia, Lukomades. En Marruecos ,  Sfinz, cubierta con azúcar en polvo o glaseada con miel. En Tánger se llamaba bunuelos. Atayif en Siria. Awamak en Líbano. Durante los ochos días se incrementan los platos que llevan aceite, como los Keftes de Prasa (albóndigas de puerro)

En la Ciudad Vieja de Jersualén, antaño,  el último día de Januká se hacía una gran fiesta para todos los niños pobres, que eran bastantes.  También se les daba algo de dinero para el invierno. En Marruecos, existía la tradición infantil de recoger todos los residuos de los encendidos y hacer una hoguera que luego saltaban llenos de energía y felicidad.

Otras costumbres son, por ejemplo, en Túnez (es decir, en las comunidades originarias de Túnez, dispersas entre París y Jerusalén) la fiesta del séptimo día de Januká, que es la fiesta de las chicas, en eco del episodio de Yehudit y Holofernes.