LA MIMUNA, LA FIESTA DE LA PROSPERIDAD PARA TODOS

La celebración de la Mimuna, una de las fiestas más emblemáticas de la judería magrebí -y en especial marroquí- no es como te han dicho el fin de Pésaj, sino un deseo de prosperidad para empezar el año , ya que Nisán es el primer mes del calendario antiguo hebreo.


La mimuna, la exaltación primaveral de la judería marroquí, con su festival de sabores, colores y sonidos, con su retorno al jametz, todo un rasgo distintivo de los judíos magrebíes, va mucho más allá de comer mufletas y ponerse trajes tipicos en una especie de kermés popular  en los parques de Israel. Es un rito propiciatorio, según la antropología.

Otra habitual desvirtuación de la Mimuna es pensar que se trata de una fiesta antiquísima, pero esto es relativo, ya que data del s XVIII d.e.c. (lo que para hablar de judaísmo, una cultura tan desde los orígenes de la humanidad,  significa que es una fiesta moderna) Caída en el olvido, en el año 1965 -de la mano de Shimon Ben Shimjon,  del comité central de la asociación de originarios de Fez en Israel-  fue rehabilitada  con tal éxito que hoy es prácticamente el día nacional de los marroquíes en Israel . Y como tal,  es celebrada de forma popular y  pública en parques de todo el país y con participación de autoridades y celebridades de toda índole.

Para entender su sentido hay que entender su nombre: Maimún -como Maimónides (étimo griego)  el hijo de Maimún- es una palabra árabe (también la misma raíz aparece en hebreo, pero en Marruecos la recibieron a través del árabe) que significa “fortuna” , “éxito” (buen fario, en castizo, pues fario proviene también del bereber hispanizado con el mismo sentido de fortuna, por contraposición a “malfarium”, maleficium, nefarium)

Nisán -el primer mes del calendario antiguo de los hebreos (en el moderno es Tishrey)- significa “retoño” en acadio. Es decir, una vez acabadas las restricciones alimenticias de la kashrut le´Pésaj – lo pato para Pesaj- se celebra una fiesta propiciatoria de abundancia y prosperidad , de alegría familiar y amistosa, para que el nuevo año sea igual de bueno que todos esos manjares que se ofrecen a amigos y vecinos  e invitados con las mejores galas y la más jovial de las disposiciones, con hombres tocados por el fez (tarbush) en sus cabezas y mujeres  al son de la zalguta, esa característica voz que surge de poner labios y lengua de forma especial para expresar alegría.

Aharon Mamún, filólogo israelí de origen marroquí, apunta que los sabios marroquíes -numerosos- no se casaban entre Purim y Pésaj por miedo al jametz -lo que leuda- y después,  por el semi-duelo entre Pésaj y La´G Ba´Omer. Así que alargaban un día la alegría de Pésaj , día al que denominaban Lala Mimuna, la heroína de la fortuna, en referencia a la novia. Y de ahí proviene la bendición popular que se dice en las mimunot, tarbiju ve´tesadu, תרבחו ותסעדו”, Sacad provecho y  comed de este banquete (seudá) hay quien en esta costumbre de los judíos magrebíes ve influjos de festividades paganas muy antiguas también relacionadas con la fertilidad y la prosperidad de las personas y la tierra.

Con el tiempo, la diáspora marroquí también le dio un sentido religioso, pues no en vano hay en la palabra mimuna la misma raíz que emuná (creencia, maltraducido a veces por “fe”) La creencia en favorecer la suerte, la fortuna, que tuvo el Pueblo de Israel para ser sacado de Egipto, deseando que la judería magrebí pasara de la diáspora al regreso a Sión. Un ciclo que gira sobre su propio eje todos los años, todos los meses de Nisán -ese mes que etimológicamente significa brote, retoño.

De ese deseo de saltar del inverno a la primavera, de la diáspora a Israel, nace la costumbre de tener las puertas de las casas  abiertas y admitir a todo el que venga a celebrar. En los lugares donde hay concentración significativa de judíos magrebíes -en Sfarad, en varios lugares, como Málaga o Valencia- se acostumbra no a tener las puertas abiertas sino a realizar una especie de éxodo de casa en casa, permaneciendo un buen rato en cada una de ellas, por supuesto comiendo y bebiendo, contando historias graciosas o cantando canciones alegres hasta altas horas de la madrugada.

En las mesas preponderan  manjares, muy elaborados y llenos de color, dulces, aunque todos con una regla común: no se usa aún harina alguna, como en el resto de los días pasados de Jol Ha´Moed. Al día siguiente, no se trabajaba, sino que se dedicaba el día a salir con la familia al campo, para pasar el día haciendo una comida campestre junto a ríos o lugares donde poder bañarse, que era un tradición que los musulmanes entendieron como buena para que el año fuera lluvioso.

En Israel, donde se celebra con profusión popular notoria, es una fiesta de fraternidad entre sefardíes y askenazíes, israelíes y turistas, invitando a las celebraciones a las más altas autoridades, empezando por el presidente de Israel y demás, incluyendo líderes de partidos políticos y demás.