«LOS FANTASMAS DE GOYA»

Película sobre la realidad del mundo converso en la España de Carlos IV, cuando la Inquisición quiso reavivar su celo contra los herejes.


Francisco José de Goya y Lucientes (Fuendetodos, Zaragoza, 1746-Burdeos, Francia, 1828) fue un pintor -rococó, neoclásico y pre-romántico- para quien la pintura no era un objeto estético sino  un instrumento moral. Uno de los mayores tesoros de pinacotecas como El Prado o el Louvre. No es éste espacio para analizar su obra, que suponemos por otra parte bastante conocida en el mundo entero. Goya, por convicciones propias, estaba en contra de las actividades de la Inquisición, como bien deja denunciado en unos cuantos de sus óleos, sobre todo en el ciclo de «pinturas negras».  La fotografía principal de esta entrada, hoy en la  Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, es una buena muestra de ello. La Inquisición le tuvo en su punto de mira cuando salió a la venta pública la serie de los caprichos; sólo estuvo a la venta dos semanas: sabedor del riesgo, la puso a buen recaudo regalándosela a su majestad Carlos IV.

En 2006, el gran cineasta checo-norteamericano  Milos Forman, decidió dirigir, con un guión de Jean-Claude Carrière  -colaborador de Buñuel- y él mismo, una co-producción hispano-norteameicana que llevó por título «Los fantasmas de Goya».

El argumento de la película es totalmente ficticio -así como los personajes principales-  pero el contexto y el tema son totalmente históricos.

La cinta -que sólo puede ser calificada como magistral- nos lleva a la  España de 1792 -tres siglos después de la expulsión;  en el Santo Oficio de la Inquisición,  discuten  Los caprichos de Goya. Existe un retrato que inquieta por algo más que su belleza,  la hija de un rico mercader,  Inés Bilbatúa  y más tarde al hermano Lorenzo Casamares, quien tendrá la mala suerte de no comer cerdo en una taberna, ante unos familiares de la Inquisición que la denuncian. Detenida y torturada, se crea un nudo en la acción que no os desvelamos.

La película no recibió buenas críticas por parte del mundo cinematográfico. Javier Bardem, que interpreta el papel de Gran Inquisidor,  fue nominado al Premio Fernando VII como el Peor actor protagonista en los Premios Godoy que galardonaban a las peores películas españolas del año y que se otorgaban mediante votación en Internet. La cinta no ofreció sino pérdidas.

A nosotros nos parece una gran película que no debíamos obviar por su temática. Incluso nos parece que debe ser de visión obligatoria para todos los descendientes de hispano-hebreos y conversos de todo el mundo, pues en ella se ilustra muy realísticamente esa parte de la historia oscura que para nosotros siempre debe estar iluminada.

Aquí podeís verla de forma completa y gratuita: