LOS JUDÍOS DE CIUDAD REAL

Una aljama importante, de la que quedan restos arqueológicos y que, sin embargo, nadie recuerda  (e incluso hay quien ni la conoce)


Azulejo de la sinagoga de Ciudad Real, en el Museo Provincial .

Ciudad Real, a mitad de camino entre Toledo y Córdoba, antes de tener el título de ciudad, fue villa; pero antes de ser la capital de La Mancha fue una pequeña aldea llamada Pozuelo Seco de D. Gil.

Este villorrio pertenecía a los territorios de la primer orden religioso-militar que hubo en España: la Orden de Calatrava, guardiana de la frontera de los territorios re-conquistados a los musulmanes;  tras la derrota de la Batalla de Alarcos –  Pozuelo, a 8 kms del cerro de la batalla en cuestión,  tuvo un incremento poblacional  y en 1255 Alfonso X El Sabio le concedió el título de villa, llamándola Villa Real.

No recibiría el título de muy noble y leal ciudad hasta 1420, reinando Juan II, cambiando a Ciudad Real.

Ruta tradicional entre Córdoba y Toledo, el Campo de Calatrava fue recibiendo en su territorio a los judíos que tras el fin del Califato de Córdoba y el principio de los inestables reinos de taifas abandonaban el Al Andalus. Muchos de ellos fueron a Toledo; otros prefirieron quedarse antes, en Montiel o el Campo de S. Juan, pero sobre todo en la más grande de las aljamas de la zona, la de Villareal (donde no se pagaban al rey unos impuestos tan altos como en Toledo, aun siendo los de Villa Real bastante gravosos)

Para 1290,  esta aljama de realengo estaba ya plenamente  constituida y su magnitud no era ni grande ni pequeña; al este,  lindaba con la muralla que iba desde la Puerta de la Mata hasta la Puerta de Calatrava; por poniente, hasta la calle Leganitos (hoy de la Paloma) Por el norte, la calle de la Mata y por el sur, la calle de la Lanza.  Recorría calles  aún existentes, como la del Lobo, la Sangre, Lirio, Tercia y Culebra.

Plano de  la judería de  Ciudad Real el S XV, por  el historiador  israelí Jaím Beinart

Según Beinart,  la judería de  Villa Real  alcanzó su período álgido  reinando Pedro I , el Cruel, (1350-1366)  que protegió a los hebreos. No obstante,  desde 1347 -en el marco de la peste-  se fue fraguando paulatinamente un descontento  entre los vecinos de Ciudad Real contra los prestamistas judíos y sus intereses de usura. (Enrique IV, ya a mediados del S XV,  tuvo que condonar las deudas judías en una cuarta parte, legislando sobre ellas, es decir, señalando plazos para restituir las mismas.)

Luego , en 1391,  Villa Real sufrió la violencia antijudía de las matanzas que destruyeron tantas comunidades en toda la Península Ibérica. Quien quedó vivo, tenía dos opciones, o huir a otra parte o convertirse.

La gran sinagoga de Villa Real fue donada por Enrique III en 1393, con el fonsario de los judíos, (el cementerio) a  d. Gonzalo de Soto, Maestresala del rey.  Suponemos que como regalo de agradecimiento por algún bien del maestresala a la monarquía; tres años más tarde, en 1396, estos bienes  fueron cedidos o vendidos (el texto dice enajenados) a Juan Rodríguez, vecino de Villa Real  y tesorero del rey. En 1399, Juan Rguez.  las regaló al convento de los dominicos de Sevilla -orden monástica de la Inquisición en la ciudad donde primero se implantó el Tribunal. Constan las escrituras del regalo; y de aí sabemos el porqué: construir en la antigua sinagoga mayor de Villa Real un convento dominico. Y así se hizo. Sólo queda la puerta principal, cedida al Museo de la Ciudad.

En un  Acta  con fecha  del 13 de Junio de 1407, consta que el Concejo, Justicia y Regimiento de Villa Real, donan “un pedazo de calle que llaman al compás de la puerta de la Iglesia” al convento de Santo Domingo .  Y este documento es clave, pues continua  explicando el porqué:

por facer bien e merced e limosna a la dicha Orden e al Monasterio que aquí en la dicha Villa Real es nuevamente fundado en la Iglesia consagrada que antes fuera Sinagoga Mayor de los Judíos, que agora dicen S. Johan Babtista”.

Casa del rabino Alvar García, del S XV, en la Plaza Mayor

Parece ser que hubo otra sinagoga en la esquina suroeste de la Plaza del Conde de Montecarlo, cerca de la casa señorial del lugar donde en 1483 fue  sede de la primera Corte del Tribunal de la Inquisición. En sus anales encontramos   nombres como Alfonso de Villarreal, Antón González, Asueros, Bartolomé González, Juan Ruiz, Lope de Atugia, Juan Vásquez, Alfonso de Aguilera, Diego de Medina, Juan de Herrera, Juan Torres de Bueso  y María de Loaisa.

En 1431 se produce un terremoto que asola la villa,  ya asolada por un incendio pavoroso en 1396 .

En 1449,  según Jaim Beinart, hubo una revuelta motivada  “por una grave crisis” , de gran significación para los conversos, gobernados por algunos conversos demagógicos y tiránicos. . Tuvo que intervenir el Gran Maestre de la Orden de Calatrava que, mediante un destacamento, arrasó la villa y puso a salvo sus propiedades en la misma.  Numerosas casas fueron saqueadas. Se abrasaron documentos de indudable valor y manuscritos. El monto de lo robado ascendió a unos 60.000 maravedís. Los conversos, por decreto real, quedaron inhabilitados para ejercer cargo público, lo que dio luego a más revueltas conversas, la más grave de 1474.

Luego vino la expulsión y una larga historia de procesos contra los cripto-judíos.

En 1947 , de casualidad, un albañil descubrió el Fonsario Judío  -el cementerio-  mientras se realizaban  las obras de cimentación del Barrio de de Vicente Galiana.