LOS JUDÍOS DE OPORTO

Breve reseña histórica sobre la comunidad judía de Porto, Portugal, ejemplo de la rehabilitación de la vida judía en el país.


Fernando I de León,  en el año 1040, fue padre de Alfonso VI, El Bravo -reconquistador de Toledo y conquistador de cinco mujeres. Una de ellas fue Jimena Muñoz, doncella de alcurnia del Reino de Galicia, según unos, del de las Asturias, según otros. Con Alfonso trajo al mundo del nuevo milenio dos mozas, Elvira -que casa con el conde de Tolosa, en Navarra, y Teresa, a quien su padre le otorga en el condado de Portugal al casarla con Enrique de Borgoña; ambos serán progenitores  del primer rey de Portugal, Alfonso I. Y de esta época y este marco es de donde parten en Portugal las documentaciones de judíos en el nuevo reino hispánico.

Lápida de la Sinagoga de Monchique

La más antigua huella, que es histórica y no turística, nos habla de una antigua sinagoga  en el corazón de la primitiva ciudad de Porto, en el interior de la Cerca Vieja, en el “Morro da Pena Ventosa”.  Hoy la calle de Sta. Ana. Los judíos burgueses, no obstante, se asentaron hacia el río, por el comercio y el tráfico, que a través de la banca y la artesanía hacían prosperar a la comunidad. Hacia el S XIV hay constancia de otra sinagoga -señal de crecimiento- en la que hoy se conoce como Calle del Comercio. Y luego, extramuros, la judería de Monchique, cuya lápida fundacional conocemos, conservamos, admiramos en el Arqueológico de Carmo, Lisboa. Se descubrió en el S XIX, en un monasterio en ruinas.  El texto  de la lápida hace referencia al Rabí Mayor del Rey D. Fernando – Don Yehudá ben Maner  y al responsable de la obra, posiblemente el Rabino de Porto,  Don Yosef ben Abasis) Más allá de la sinagoga de Monchique, la orografía -hay un río- hace pensar que estaba el cementerio.

A finales del S XIV se construyó , pro orden real de Juan I, el Olival, judería única para los hebreos portucalenses. El objetivo del monarca era que “sus judíos” estuvieran a salvo de un posible ataque de los castellanos. En Castilla los judíos también eran propiedad del rey, no súbditos. El Olival era entonces lo más. En su libro «Los Judíos en el Viejo Porto», Barros Basto  dice :

«La Judería del Olival con sus calles anchas y aireadas y sus
edificios nuevos contrastaba singularmente con las viejas y estrechas callejuelas de la
antigua ciudad. Por este motivo, todos los funcionarios que venían a trabajar a Porto,
procuraban obtener alojamiento en este nuevo y airoso barrio».

Poco después de su construcción, llegaron los judíos castellanos , los judíos expulsos. Los portugueses los acogieron, sin sospechar que pronto ellos correrían la misma funesta suerte de la expulsión el día 5 de diciembre de 1496, cuando  Manuel I firma el Edicto de Expulsión de los Judíos  de Portugal. Y el motivo del edicto no fue otro que una exigencia de los reyes de Castilla para entregar la mano de su hija, Isabel, Princesa de Asturias, al rey de Portugal, pues habiendo enviudado , la infanta se casó  en 1495 con el tío del fallecido, Manuel, que fue rey de Portugal con el nombre de Manuel I, el Afortunado, muriendo ella de parto en 1498.

Manuel, que no estaba dispuesto a perder a “sus judíos”, que raudos y veloces huían vía maris a Amsterdam y otros lugares, como Venecia, promovió la conversión al cristianismo para retenerlos. Algunos jugaron ese juego mientras pudieron. El Olival pasó a llamarse, hasta hoy, Vitoria. Por la presunta victoria del cristianismo.

«Sus sinagogas abandonadas – escribió Barros Basto – se fueron arruinando con el tiempo y
las oraciones y salmos que allí se recitaban y cantaban pasaron a ser murmurados en
oratorios improvisados en las residencias de los falsos cristianos, dando así origen al
cripto-judaísmo practicado por aquellos que no pudieron huir o que por amor intenso
estaban atados a la hermosa tierra portuguesa, donde reposaban desde hacía siglos sus
antepasados».

 En 1536 se implantó en Portugal el Tribunal del Sto. Oficio de la Inquisición. Pero Porto ponía trabas a sus actos y sólo hubo dos Autos de fe. Uno, perpetrado en pleno invierno,  el día 11 de febrero de 1543, para que hubiera hoguera y calor,  y otro el 27 de abril de 1544, junto a la Puerta del Olival, donde cerca de  un centenar de  nuevos cristianos  fueron penitenciados por mantener prácticas judías y pecar contra la fe.

Habría que esperar, no obstante,  a principios del S XX para ver el resurgir de la comunidad judía de Porto, obra total del capítán del ejército d.  Arthur Carlos de Barros Basto, Abraham Israel Ben Rosh, fundador de la Comunidad Israelita de Porto y el gran impulsor de la construcción de la sinagoga Kaduri Mekor Jaim. (Sufragada con donaciones de la familia Kaduri, mekor jaím significa en hebreo, la fuente de la vida.)

Barros Basto, cripto-judío por parte de padre, católico por madre, héroe de la Primera Guerra Mundial, se convirtió al judaísmo en 1920 con un beit din de Tánger. Tres años después,  tenía legalizada la Nueva Comunidad Israelita de Porto. Pero la comunidad estaba formada no por sefardíes, sino por askenazíes que se habían refugiado en Portugal. Y con ayuda inglesa, ayudó él a todos los cripto-judíos portuenses al retorno a la fe de Moisés-Era tal su odisea que Cecil Roth lo apodó El Apostol de los Marranos.

 

inaugurada el 16 de enero de 1938

 

Escuela, un patronato de trabajadores, un periódico. La comunidad renació de sus olvidadas cenizas. Pero no todo fue un cielo sin nubes sobre las aguas del Duero. Hubo acusaciones por la realización de circuncisiones, incluso difamaciones sobre homosexualidad para apartarlo del Ejército -el Dreyfus portugués- con la pérdida de los galones, el dinero, las ilusiones, mientras en Europa se erguía el nazismo.

Barros Basto murió en 1961, sin ver sobre su persona justicia. Fue moralmente rehabilitado 50 años después ,  a solicitud de su nieta, con la declaración de la 1ª Comisión del Parlamento portugués, por unanimidad, el 29 de febrero de 2012, de que

«Barros Basto fue separado del Ejército debido a un clima genérico de aversión contra él motivado por el hecho de ser judío, de no ocultarlo y, por el contrario, de ostentar un proselitismo enérgico convirtiendo a judíos portugueses marranos y a sus descendientes