LOS MONTEFIORE VIAJAN POR SEGUNDA VEZ A ERETZ ISRAEL

Segundo viaje de los Montefiore , en 1838, según la edición de los diarios por Louis Loewe.


 Tras el primer VIAJE a Jerusalén -en 1828- los ya barones de Montefiore decidieron regresar a Eretz Israel en 1838.  Partieron de su mansión en Park Lane el  jueves Primero de Noviembre ,  en un carruaje de cuatro caballos de postas, acompañados por algunos sirvientes y con un buen número de cartas de presentación para diplomáticos británicos en todas las etapas del viaje.

Zarparon desde el puerto de  Dover  para alcanzar  Calais, Francia;  luego, bajo unas condiciones climatológicas muy adversas, su carruaje fue  traqueteando por angostos caminos ( que a veces eran de nieve  congelada  bordeando ríos a punto de desbordarse )  hasta que llegaron a Estrasburgo; desde allí,  alcanzaron  Lyon, donde se dispusieron a descansar porque era Shabat. Tras el azaroso trayecto de Estrasburgo a Lyon, decidieron abandonar el carruaje -craso error-  y embarcar en un vapor para llegar a Avignon navegando  por el Ródano. Debían partir a las seis de la mañana, pero era tal el vendaval que azotaba el puerto que el capitán quería anular la singladura; al final , tras muchas deliberaciones, zarparon y se encontraron con que el río había crecido tanto que el barco no era capaz de pasar por debajo del primer puente que se encontraron. Todo el pasaje tenía miedo a que una ola les elevara lo suficiente bajo el puente -sólo había 15 cms de margen- y perecieran todos ahogados. No pasó nada, pero en sus diarios,  Montefiore constata que hubiera preferido estar dentro de un huracán en alta mar. En Avignon, para su pasmo, otro obstáculo: descubrieron que había muchos judíos, pero no sinagoga y aún  mucho menos carne kasher;  así que se apañaron con pescado y vegetales.

 Desde Avignon,  llegaron  a Marsella, de ahí a Tolón, y tras pasar Cannes, llegaron a Niza, donde no les gustó saber las discriminaciones sufridas por su comunidad judía , que siquiera podían educar a sus hijos en un oficio. (En 1826, el rey  Luis XVIII de Francia visitó Niza;  los judíos, como los demás súbditos del reino, quisieron presentarle respetos (así pide el mismísimo Talmud)  A los judíos, sin embargo,  se les negó esa posibilidad.)

Partieron de Niza el 31 de diciembre de 1838  y su barco atracó en el puerto de Génova el 2 de enero. De allí fueron a Carrara, donde un judío les enseñó cartas del padre de Sir Moses Montefiore. Luego se acercaron a Livorno -donde nació él-  para arreglar las tumbas de los padrinos de Montefiore. Seguidamente,  alcanzaron Florencia, donde estuvieron hasta el 2 de febrero, esperando a que cambiara el clima invernal y  también deliberando si continuar el viaje o regresar a Inglaterra.

Hejal de la sinagoga mayor de Roma, donde al sacar los Sifrei Torá había soldados que presentaban armas en honor de los Libros

Continuaron hasta Roma. Allí,   se encontraron con el dr. Louis Loewe, intelectual prusiano, judío, que estaba estudiando documentos de lenguas semíticas en la Biblioteca de El Vaticano. Se habían conocido en 1835 en Londres.  Tanto los Montefiore como el erudito se causaron mutuamente una gran simpatía desde el primer momento; tanto es así que, ahora que se re-encontraban en Roma, los Montefiore  le invitaron a viajar con ellos  en calidad de  secretario y traductor. Loewe aceptó. Será su secretario personal para siempre. De hecho, cuando fallezca Lady Montefiore y su viudo la recuerde construyendo una yeshivá, será Loewe quien la dirija. También es quien en 1890 editó y publicó los diarios privados de los Montefiore, en los que nos basamos ahora  para conocer, entre otras muchas cosas, sus viajes.

  Estando en Roma,  recibieron un telegrama de la Baroness James de Rothschild para advertirles de que en Alejandría estaba a punto de estallar la guerra entre el pachá de Egipto y el sultán del Imperio Otomano. Pero los Montefiore hicieron caso omiso al telegrama, preferían dedicarse a celebrar Pésaj en Roma.

 El viernes 12 de abril siguieron su rumbo y el domingo embarcaron en el Sesostris con destino a Malta, llegando el 17 de abril. En La Valleta estuvieron descansando unos días, dedicados al estudio diario de 3 Salmos, en hebreo,  con la inestimable docencia de su secretario. También hicieron vida social y buscaron cómo conseguir que alguien quisiera llevarlos hasta el puerto de Yafo. El 28 de abril, el cónsul de Francia les envió el Journal de Smyrne, para que leyeran las noticias sobre el brote de cólera que se había desatado en Jerusalén. Una mortandad que llegaba al 45% de su población. En otra página hablaban de que habían comenzado las hostilidades egipcio-otomanas en Siria. ¿Era fiable la información de aquel periódico otomano? Para corroboralo ,  fueron al puerto de la cuarentena -entonces existían esas cosas en los puertos-  y preguntaron  a un capitán recién llegado de Beirut. Les remitió a informarse con la familia Freemantle, ya confinados en Fort Manuel. Estos, les dijeron que la situación era terrible y que,  si querían continuar el viaje,  tendrían que ir a Beyrut -el puerto de Yafo estaba totalmente cerrado- y pasar dieciocho días de cuarentena en un lazareto que estaba infectado de serpientes venenosas. Sobre Jerusalén dijo la señora Freemantle que la situación se agravaría con la llegada del calor, que las autoridades otomanas tenían a los judíos casi en régimen de esclavitud y que los judíos sabían que Montefiore iba hacia ellos , que le esperaban con ansia y cariño.

  El viernes 3 de mayo zarparon hacia Alejandría en un vapor. Cuando entregaron la Carta de Salud de Malta, los alejandrinos la tomaron con unas tenazas: tal era el miedo al contagio.

Tumba de Zebulón

Llegaron al puerto de Beyrut el Shabat 11 de mayo, pero no pudieron desembarcar hasta el día siguiente. Los alojaron en una casa propuesta por el cónsul británico y el gobernador de la ciudad les prometió cartas de presentación -más bien salvoconductos- para visitar algunas poblaciones que encontrarían a su paso. Las autoridades de la comunidad hebrea fueron a llevarle cartas de las comunidades de Tsfat, Tiberias y Jerusalén. No había posibilidad de proveerles de una escolta y mucho menos de mandar un jenízaro con el dinero a Jerusalén. Montefiore, entonces,  lo dividió con sus propias manos  en once pequeñas bolsas escondidas  y así, en una caravana de catorce mulas,  tres caballos y unos cuantos burros,  partieron de Beyrut.

Antes de llegar a Sidón fueron recibidos por un grupo de judíos. Les llevaron a rezar en la tumba de Zebulón, el sexto hijo de Yaakov y Lea.

 Aquel atardecer Loewe dio orden de que  montaron las tiendas para pasar la noche, pero de pronto se oyeron unos gritos y era que habían querido quemarlas. Loewe no durmió esa noche, hizo guardia de pie ante la tienda donde durmieron los Montefiore, con dos revolver al lado.

Al día siguiente cruzaron el río Kasmiyah, que antaño dividía las tierras de Dan y de Asher. Agotados por  tan  mal dormir y por  tanta  cabalgadura, recibieron un mensajero privado que les venía a dar la bienvenida en nombre de los Sabios de Tsfat, donde ya estaba todo preparado para agasajarlos. De hecho,  todas y cada una de las casas de la localidad no caídas durante el terremoto se habían esmerado en engalanrse  y adecuarse  para hospedarlos: podían elegir la que quisieran. Dos horas después, divisaron Tsfat, en lo alto de la montaña, orlada de olivos. Cuatro horas después se encontraron con dos rabinos sefardíes que les harían de escolta de honor para entrar en la ciudad. Había gente hasta en los techos de las casas. Se disparaba al aire a modo de salvas. Aún quedaba tiempo para que comenzara el Shabat. Los Montefiore, no obstante, estaban exhaustos desde la primera noche que habían dormido al raso, no había fuerzas para acercarse hasta la sinagoga. De inmediato , diez caballeros aparecieron en la habitación de sir Moshé Montefiore para rezar con él arvit. Pero el sir estaba agotado. Ni siquiera al día siguiente pudo levantarse para Shajarit de Shabat en Shavuot. Sí que al día siguiente, ya Montefiore repuesto,  fueron todos a la Sinagoga de Abohav y el invitado especial fue quien tuvo el honor de leer la Parashá en el más antiguo Sefer Torá de la sinagoga.

  Luego le contaron sobre la situación de la comunidad tras el terremoto  y los eventos violentos del año pasado, cuando Tsfat  había sido atacada por los drusos, destruyendo muchas cosas, hiriendo a muchos judíos  e incluso asesinando a algunos de ellos. Al día siguiente, visitaron todo lo que era visitable  y hablaron con todos los que pudieron hablar;  y entonces, Montefiore decidió dar un dólar español (sic) a cada hombre, mujer y niño mayor de trece años, mientras que se entregaron dos dólares a los ciegos  y sin dejar atrás a los askenazíes. También hubo conversaciones para que los rabinos rindieran  cuentas del reparto del dinero que Montefiore había mandado desde Londres cuando el terremoto.

La cueva de Hilel, hoy

Fueron invitados a un bar Mitzvá, visitaron la tumba de Bar Yojai en el Monte Merón y la tumba de Hilel, que gustó mucho a los Montefiore porque hay una cueva dentro de otra, unidas por el agua más límpida que uno pueda imaginar, con el arco de  mármol labrado , ruina  de una muy antigua sinagoga al lado.

Al día siguiente fueron a Tiberias, siendo recibidos por una corte de alegres darbukas y cantos en hebreo y en árabe, para luego rezar arvit. El gobernador de Tiberias también salió a recibirlos montado a caballo y vestido de gala, para darla bienvenida a los Montefiore y dejarles claro que en aquella ciudad todos eran bienvenidos. En el diario de Judith Montefiore este evento se constata como maravilloso e inolvidable, con tanta gente portando antorchas que aun en la noche era como el día, vitoreándoles todos al unísono Han venido, Han venido!! Fueron hospedados en la casa de rabí Abulafia. Y según lady Montefiore, la casa estaba limpísima, de amplias habitaciones, todo en estilo turco, y que la señora Abulafia les agasajó con un sorbete delicioso antes de dar paso a una suculenta cena.

A orillas del lago en pleno calor de finales de mayo recibieron cartas de invitación de la comunidad sefardí de Jerusalén, advirtiéndoles de que no podrían salir a recibirlos como procedía porque la ciudad estaba sujeta a un cierre perimetral por la pandemia. Montefiore preguntó al mensajero por la situación real de la plaga y éste le dio todos los nombres de los muertos en Jerusalén y que podía cortarle la cabeza si pensaba que no le estaba contando la verdad .

Las mujeres de Tiberias invitaron a Lady Montefire a una cena solo para damas, aclarando de antemano que comerían cordero absolutamente kasher. Querían convencer a los Montefiore para que abandonaran Londres y se instalaran en Eretz Israel porque hacía falta un líder de la comunidad hebrea y poder comprar tierras para cultivar.

El miércoles 5 de junio, de camino a Jerusalén,  visitaron las Tumbas de José, y luego las de Pinjas, Eleazar e Itamar , los hijos de Aarón , el Koén Ha´Gadol. En Jerusalén no quisieron entrar a causa de la pandemia y se instalaron en el Monte de los Olivos con sus tiendas. El gobernador, muy amistoso, fue a saudarlos y a ofrecerse en persona para llevarles al Jordán, el Mar Muerto y Jebrón; la comunida sefardí vino también a mostrarle sus respetos con grandes regalos de vinos selectos y pasteles y frutas y hasta cinco ovejas y bordados primorosos. Al día siguiente era el aniversario del matrimonio.

 Cuando partieron hacia Jebrón, primero pararon en la Tumba de rajel Imenu. Lady Montefiore, viendo el edificio muy deteroriado, pidió un presupuesto para arreglarlo todo como convenía.

Aproximadamente a una hora de camino desde Hebrón, nos recibieron los representantes de la comunidad hebrea, acompañados por cientos de sus miembros, muchos de los cuales bailaron y cantaron salmos para manifestar su deleite. Nos precedieron hasta el lugar donde montamos nuestras tiendas, en un olivar cerca del pueblo. Los alrededores del pueblo eran hermosos, muy montañosos, pero cubiertos de enredaderas, olivos y granadas. Asistimos a la sinagoga sefardí  y luego regresamos a nuestra tienda.

 Al concluir el servicio de Shabat , mientras desayunaban,  llegó el gobernador con  cuatro ovejas, pèro por precaución con la pandemia, no pudieron recibirlo en la tienda. Sin embargo, una vez finalizada la comida, se dirigieron a él, aunque no consideraron conveniente aceptar su regalo, ya que no había prestado a los peregrinos la atención que les correspondía a su llegada. El Gobernador, sintiendo que no había actuado como debería haber hecho, ofreció profundas disculpas, pero culpó a la comunidad por no haberle avisado debidamente de su llegada. En consideración a sus corteses excusas, su regalo fue aceptado.

Hebron en 1839, por David Roberts

 Al día siguiente el gobernador en persona fue a buscarlos para llevarlos a la Majpelá, tumba de todos los patriarcas, pero cuando llegaron a la escalinata de entrada fueron increpados y amenazados con palos. Decidieron abandonar la visita cuando comprobaron que dentro había unas quinientas personas también armadas con palos. Montefiore quedó muy decepcionado del comportamiento del gobernador, hasta el extremo de que ni le hablaba. Luego llegaron noticias de que los musulmanes estaban acosando a los judíos. Montefiore escribió a Jerusalén pidiendo refuerzos de hombres armados que pudieran velar por su seguridad. Desde allí partieron hacia Yafo, donde recibieron cartas del luez para ser presentadas en el puerto de Beirut, y luego partieron hacia Cesarea Marítima, la capital de Herodes, siguiendo la costa hasta las antiquísimas Atlit, asentamiento fenicio, el  Castellum Perigrinorum mencionado con frecuencia por los cruzados. Luego acamparon en el Carmelo.

Beirut en 1839

Allí recibieron noticias por mensajeros de la delicada situación en Beirut al borde de la guerra, lo cual unido a la pandemia dificultaba mucho llegar en barco hasta Alejandría. De pronto se oyeron disparos en la cercana Ako (San Juan de Acre) Eran  para celebrar que  Ibrahim Pasha había derrotado al ejército del sultán cerca de Alepo y había tomado muchos prisioneros.

Camino de Beirut  encontraron tres hombres de la  secta de los Metouáli .Los  guías les rogaron que les dejaran beber un poco de agua, pero se negaron a hacerlo. Como es algo muy inusual en Oriente no permitir que un viajero sacie su sed, finalmente se vieron obligados a entregar sus tinajas de agua, aunque no antes de que se produjeran algunas desagradables discusiones sobre su derecho a dar o retener. Una vez hubieron bebido, se  devolvió las tinajas a los Metouális, quienes las tomaron e inmediatamente las arrojaron contra las piedras, donde las hicieron añicos: su religión les prohibía usar cualquier recipiente después de haber sido tocado por una persona de un credo diferente.

Sir Moses se dedicó a escribir cartas al señor Young, el cónsul británico en Jerusalén, a quien envió dinero para distribuirlo entre los cristianos indigentes de la Ciudad Santa, así como para su cementerio. Al Sr. Joseph Amsaleg le envió 500 libras esterlinas para los pobres de las comunidades hebreas, y al reverendo Sr. Thomson envió una donación para los pobres cristianos de Beyrout, así como un recuerdo para él, en consideración del alojamiento ofrecido  en su casa. A los pobres de Safed les dio, a través de R. Moses Schmerling, 53.500 piastras, y a los de Hebrón les dio, a través de Nissan Drucker, 11.770 piastras, siendo la cantidad que había prometido para estas dos Ciudades Santas.

El ocho de julio embarcaron en el Acheronte, rumbo a Alejandría, y de allí a Malta, hasta Marsella, París y el 30 de agosto, Calais.