PARASHAT HA´SHAVÚA: «EKEV»

Parashat Ha´Shavúa_ Ekev, עֵקֶב‎ , persigue, Deuteronomio 7:12–11:25, Haftará 2ª de consolación: Isaías, 49. Darshán: Morenu veRabenu HaGaón HaTzadik Rabí David Janania Pinto shlita


“Porque Hashem, tu Dios, te introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes; tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel; tierra en la cual no comerás el pan con escasez, y donde no te faltará nada; tierra cuyas piedras son de hierro y de cuyos montes sacarás cobre” (Devarim 8:7-9).

Estos versículos nos esclarecen acerca de la santidad de la Tierra de Israel, la Tierra sagrada, en los que la Torá enfatiza que “Hashem, tu Dios, te introduce en la buena tierra”. Es decir, cuando uno llega a la Tierra de Israel, tiene que saber que llega a la Tierra Sagrada, una tierra que es santa y no como cualquier otra tierra, o cualquier otro país.

Ciertamente, debemos comprenderen verdad de qué forma se diferencia la Tierra de Israel de todas las demás tierras del mundo, a tal punto que solo ella es llamada Tierra Santa, mientras que el resto de las tierras y los países del mundo no llevan tan sublime título.

A simple vista, Israel, la tierra en la que nos encontramos, es la única tierra sagrada; y el hecho de que sea la única tierra sagrada es un hecho intencional, predeterminado desde el Cielo. Ello se debe a que lo que la hace sagrada, por encima de las demás tierras, es la sagrada Torá y las mitzvot que solo se pueden cumplir en esta sagrada tierra.

Siendo así, que la Torá y las mitzvot relacionadas con la tierra son lo que santifican la tierra, entonces, ciertamente, todo judío que emigra a la Tierra de Israel tiene que ascender más en el estudio de Torá y en el cumplimiento de las mitzvot. Solo que, lamentablemente, y para nuestro oprobio, existen quienes, al llegar a la Tierra de Israel, acentúan el versículo (Devarim 11:12):

“… una tierra de la que cuida Hashem,
tu Dios. Siempre están sobre ella los
ojos de Hashem, tu Dios, desde el
principio del año hasta el fin”.

En lugar de tener el enfoque de que ascendieron a una tierra sagrada como lo es la Tierra de Israel, que Hashem Yitbaraj supervisa a cada paso, ellos se frustran debido a las múltiples dificultades con las que se encuentran cuando llegan, y pierden las esperanzas.

Y ya que tratamos la virtud de la Torá, que es la que refuerza al hombre, aprovecho para decir en esta oportunidad que lo único que me consuela desde que mi madre, aleha Hashalom, falleció, es la sagrada Torá. Mi madre había enviado a mi hermano, Ribí Yaakov, a estudiar Torá a la yeshivá. Luego de un tiempo, mi honorable padre, ziaa, tuvo una hemorragia cerebral y mi hermano escuchó al respecto. Mi hermano llamó a mi madre y le dijo: “Escuché que papá tuvo una hemorragia cerebral. ¿Puedo volver para visitar a papá?”. Mi madre, aleha Hashalom, le respondió (en árabe): “Se podrá morir tu padre y se podrá morir tu madre, ¡pero tú permaneces en la yeshivá!”.

De esta forma nuestros padres, zijronam livrajá, nos inculcaron la fe y el amor por la Torá. Nos enseñaron a vivir la Torá en toda situación, fuera buena o mala, y ellos se entregaron con abnegación en favor del estudio de la Torá. Fueron ellos quienes nos educaron a mantener un ascenso constante en el estudio de Torá, sin duda alguna. Nos enseñaron que, aun cuando mi padre estuviera enfermo, o ante cualquier otra circunstancia externa, siempre hay que estudiar Torá con abnegación total.

Ésta es la oportunidad ideal para contarles acerca de mi aliá (‘emigración’) a la Tierra Sagrada. Antes de hacer aliá a la Tierra de Israel, le pregunté a Marán, el Gaón, Ribí Ovadia Yosef, ziaa, qué pensaba al respecto de que yo hiciera aliá. Él me respondió: “¡Seguro que sí! ¡Seguro que sí! Ésta es la tierra sagrada que santifica a quienes la habitan. Y tienes que continuar aquí y allá proveyendo de méritos al público. Aun así, aquí, el servicio sagrado es muy difícil; pero, si tienes éxito, beezrat Hashem Yitbaraj, entonces, será para ti un grandioso mérito”.

Ciertamente, tal como dijo Marán, Ribí Ovadia Yosef, ziaa, veo fehacientemente cuán difícil es el servicio sagrado, aquí en la Tierra de Israel. Desde que estoy aquí, he visto muchas familias que hicieron aliá a la Tierra de Israel, pero no permanecieron. Más bien, o retornaron a Francia o se fueron a otras tierras, pero no se quedaron en la Tierra de Israel, debido a que no prepararon bien su aliá a Israel. No hicieron una preparación e inspección previas; no buscaron dónde vivir, educar a los hijos, etc.

Su “fracaso” en hacer aliá surgió del hecho de que pensaron que la Tierra de Israel es un lugar de turismo, y no de Torá y cumplimiento de mitzvot. Siendo así, no se prepararon en absoluto para la vida y la residencia en la Tierra Sagrada. Y a pesar de que quizá su propósito era ascender en santidad un tiempo después de haber hecho la aliá, hasta que tomaron conciencia de ello y abrieron los ojos para ver a dónde habían llegado y qué hacer en adelante, se les agotó todo el dinero que tenían, y se vieron envueltos en un gran problema.

Tenemos que saber que no somos la generación que salió de Egipto, y nuestros logros no llegan siquiera a los talones de los logros de aquella generación. Los que salieron de Egipto salieron, con plena fe en Hashem, hacia el desierto desolado con las manos vacías, sin comida, sin agua y sin ningún tipo de preparación. A tal punto que el versículo dice acerca de ellos (Shemot 12:39):

“… porque al
echarlos fuera los egipcios no habían
tenido tiempo ni para prepararse
comida”.

Es decir, ellos deambularon por el desierto, por la tierra desolada, sin nada, sin preparativo, sin recursos, porque no podían retrasarse para salir de Egipto. Por lo tanto, solo las sobras de las matzot de mitzvá que tenían, lo que les había sobrado de la noche anterior, eso fue lo que comieron en el desierto. Y así vieron milagros y maravillas; al punto que su fe en Hashem Yitbaraj se les grabó en el corazón. No obstante, nosotros, ¿qué podemos decir después de ellos? ¿Cómo podemos compararnos a ellos? Somos una generación que requiere de preparativos para todo. Cada cual tiene que prepararse para el camino por el que va a seguir, y preparar las acciones que realizará.