PARASHAT HA´SHAVÚA: “VA´YETZÉ”

Parashat “Va´Yetzé” , וַיֵּצֵא‬, Salió, Genesis 2.8:10–3 , Haftará sfaradit: Oseas, 11:7–12:12. Darshán, Adi Cangado.


Después de arrebatar a su hermano la bendición de su padre Yitsjak, aquél juró que mataría a  Ya´acob por lo que Rebeca prepara la huida de su hijo menor hacia la tierra de su tío,  Labán.
 
Vayetsé Yaakov mi Be’er Shava vayélej Jarana / Vayifgá bamakom vayalén sham ki va ha-shémesh vaikaj me-avnei ha-makom vayasem merashotav vayishkav bamakom hahú
“Y salió Jacob de Beer-sheba y se dirigió a Jarán / Y llegó al Lugar y pasó allí la noche pues el sol se había puesto. Tomó de las piedras del lugar y las puso bajo su cabeza, y se acostó en aquél lugar.” (Gén. 28:10-11)
 
Vayajalom vehiné sulam mutsav artsá veroshó mag’ía ha-shamaima, vehiné malajei Elohim olim veyordim bo / vehiné Adonai nitsav alav …
“Y soñó, y he aquí  había una escalera que se alzaba hacia el suelo y su cima llegaba al cielo, y he aquí que emisarios de Dios subían y bajaban en ella [o “en él”, en Jacob (?)] / y he aquí que el Eterno estaba de pie sobre ella [es decir, en la cima de la escalera, pero también podemos traducir “al lado de él”, es decir, de Jacob (?)]” (vv. 12-13a).
Zurbarán, retrato del Patriarca Ya´acob
Dios le promete protección a  Ya´acob durante su travesía, y también que su descendencia heredará la tierra en la que se ha detenido a dormir.
 
Vayikats Yaakov mishnató vayomer, “Ajén yesh Adonai bamakom hazé ve-anojí lo yadati” / vayirá vayomer, “Ma norá hamakom hazé”, … “Y entonces, cuando Jacob se despertó, exclamó, “Ciertamente el Eterno reside en este lugar, y yo no lo sabía” / y entonces temió y dijo, “¡Qué maravilloso es este lugar!” …” (vv. 16-17a).
Cuando se levanta por la mañana, debajo de su cabeza ya no hay “piedras de lugar” sino solamente “una roca”. Vayashkem Yaakov babóker vaikaj et ha-éven asher sam merashotav “Y se levantó Jacob por la mañana y cogió la roca que había puesto bajo su cabeza …” (v. 18).
Ya´acob  emprende entonces un viaje que le lleva hasta la tierra de su tío Labán. Allí, éste le trata como a un siervo. Ya´acob tendrá que trabajar para su tío siete años, pues ese era el trato para poder esposarse con su hija Raquel. Sin embargo, pasados los años Labán le engaña y, velada, casa a su hija Lea con el joven. Después de una semana, y ante la queja de Ya´acob por el fraude, se desposa con Raquel a cambio de trabajar otros siete años para su suegro.
Pasan los años y el Eterno llama a Ya´acob  para que regrese a la casa de sus padres, a Canaán.

El sueño de  Ya´acob. ¿Qué simboliza la escalera?
“Y salió Ya´acob de Beer-sheba y se dirigió a Jarán / Y llegó a un cierto lugar y pasó allí la noche pues el sol se había puesto. Tomó de las piedras del lugar y las puso bajo su cabeza, y se acostó en aquél lugar. / Y soñó, y he aquí había una escalera que se alzaba hacia el suelo y su cima llegaba al cielo, y he aquí que emisarios de Dios subían y bajaban en ella / y he aquí que el Eterno estaba de pie sobre ella” (Gén. 28:10-13a).
A lo largo de la historia del pensamiento judío, muchos comentaristas han tratado de explicar el significado de este episodio. En su comentario a la “Guía de los Perplejos” de Maimónides, Ha’efodí resume en tres los significados de la escalera:
  • 1) En la creación del universo, existe una evolución continua desde la fuente misma de la creación hasta las criaturas tal y como las conocemos. La unidad del cosmos queda simbolizada con la escalera, en la que cada paso la compone y es parte de ella: el escalón no significa por sí mismo sino sólo en conexión con el resto de ella. Para la estructura completa, cada uno es necesario. La creación entera tiene una única meta o dirección.
  • 2) El conocimiento se divide en dos fases: la primera consiste en “saber lo que está por encima de nosotros” (metafísica y mística), y la segunda en “saber lo que está por debajo” (astronomía, física, biología, …). La primera forma de conocimiento constituye un ascender, y es vital para el pleno desarrollo del ser humano, para su búsqueda del significado y la dirección de la vida. La segunda, en cambio, sirve solamente de sostén o premisa a partir de la cual ascender, es un descender: así, los saberes materiales o científicos, así como los éticos y del comportamiento, sirven de soporte y herramienta necesaria para el hombre o la mujer que desean desarrollar plenamente su vida.
  • 3) Dios está en la cima de la escalera. Que una fuente esencial sostenga el universo, inconsciente e inevitablemente, es una premisa existencial para el ser humano.
Jacob’s Ladder, 1800, William Blake)

Otro autor judeo-español, Abarbanel, considera que la metáfora de la escalera se centra en la percepción. El ser humano puede así especular y estudiar la estructura del universo, a partir de sus partículas más humildes (pues la escalera está clavada en la tierra, pero a partir de ahí podemos deducir científicamente escalón tras escalón). Para Abarbanel, toda formulación científica empieza en la tierra y acaba en Dios.

A Maimónides le  llama la atención que al referirse a Dios, de pie,  en la cima de la escalera,  se utilice la raíz verbal y-ts-v, por ejemplo, nitsav “está de pie”. Según Maimónides esta raíz debe traducirse metafóricamente como “existe”. Pues, esa es la conclusión a la que llega  Ya´acob , que al despertar, afirma, “seguramente Dios está en este lugar  y yo no lo sabía”.
Mientras duerme, Ya´a tiene una piedra debajo de su cabeza. El Rabí Yitsjak Arama (autor de “Akedat Yitsjak”) afirma que se trata de algo más que una simple anécdota: la piedra simboliza la base de toda ciencia, la percepción de las asunciones elementales y comunes al ser humano. Al acostarse, Jacob reúne piedras que pone bajo su cabeza, pero cuando despierta Jacob coge esa piedra (ya no se trata de varias, sino de una) para construir un altar. Aisladas, las rocas están en contradicción entre sí, juntas en cambio, encajadas de determinada manera, forman un teorema válido de la realidad: una simple piedra.
El sueño sirve a Jacob para asentar ideas aisladas y en contradicción, y llegar así a una formulación científica acerca del universo. El enfoque racionalista es claro tanto en Yitsjak Arama como en Maimónides, que traducen malajei Elohim como “los seres humanos”. En su ascenso, el ser humano debe aprender múltiples lecciones: aprender de lo que está por arriba para enseñar a quienes quedan por debajo. A veces, el ser humano asciende, y otras desciende, y otras incluso debe retroceder unos pasos, y revisar su percepción del mundo, para seguir adelante y subir de nuevo.
Marc Chagall

Al igual que Yaacob, que huye de la casa de sus padres y de las amenazas de muerte de su hermano Esaú, el ser humano se reencuentra con la escalera cada vez que en su vida se tropieza con una disyuntiva o un punto de inflexión. La escalera es, en sí, un acto de profunda reflexión personal. Así, en varios de sus sermones (recogidos en “Toldot Yitsjak”), el Rabí Yitsjak Karo explica la escalera en clave personal. La cima de la escalera es su meta en la vida, los pies, sus errores. O bien la cima su dimensión espiritual; la base, su cuerpo, sus emociones y su carácter. Los ángeles ascienden y descienden: es decir, el ser humano tiene básicamente dos opciones en la vida, o bien aspirar a su realización vital, o bien descender a la más profunda de las miserias: perder el rumbo. Así, los ángeles de Dios olim ve-yordim bo, que podemos traducir como “subían y bajaban en ella [“en la escalera”, masculino en hebreo]” o bien como “subían y bajaban en él [es  decir, en Ya´acob , y por lo tanto, en el hombre]”.

El sueño nos enseña la centralidad del ser humano en el universo y su responsabilidad hacia todas las criaturas que residen en él, así como su responsabilidad respecto de las acciones propias. Sin embargo, el ser humano no está en la cima de la escalera, sino moviéndose en ella. Su percepción del mundo queda así, para siempre, condicionada por el mundo mismo. No podrá ver jamás la realidad como es, sino como él mismo es: quedando atrapado así en sus propios espejos, en sus propias simetrías de la realidad, incapaz de conocer la verdad última, pero capaz de perseguirla y aproximarse a ella, pues en la cima de la escalera está la misma eternidad, y en subir y subir, o en bajar y bajar, no hay sótano ni azotea. En los límites de su percepción del universo, el ser humano se topará siempre con su propia imagen reflejada: no puede ir más allá. En los límites de su capacidad por comprender el universo, el universo expulsa al ser humano de vuelta a reflexionar sobre su interior.
No obstante, la escalera no debe generar desánimo. El Rabí Shneur Zalmán de Liadi (Tania, Likutei
Amarim, parte 2, Jinuj Katán) dijo: “Así, (el versículo) nos muestra a un ser humano siempre en
movimiento, no de pie y parado, para enseñarnos que la humanidad debe progresar y avanzar paso a paso, y no permanecer inmóvil en un escalón determinado para siempre”.
Sin más os deseo que tengáis paz en el Shabat. Shabat Shalom umevoraj!
© Adi Cangado
El Sueño de Ya´acob, José de Ribera