SARAH LA PRETA

Historia de una mujer de Jerusalén que adoptó para su vida la vida sefardí


 No es tema del que se hable mucho, pero en Eretz Israel, en el S XIX, bajo responsabilidad del poder central otomano, según testimonio de algunos viajeros y según estudios de Ehud Toledano, había esclavismo. Hubo que llegar al año 1889 para abolir esta práctica, pero el mercado de esclavos de Egipto estuvo activo hasta 1882, principalmente con personas negras del sur de Egipto -los antiguos nubios- esto es sudaneses y eritreos. En muchas lenguas y dialectos neolatinos -occidentales- como el gallego, el portugués, el asturiano,  el término para el color negro es «preto» (prieto, en español, aunque en desuso) Es decir, estamos hablando de la historia de Sarah la negra.

Para hablar de ella debemos hablar de la famosa familia Valero, criptojudíos que adoptaron ese apellido español y que retornaron al judaísmo en Tesalónica.  En el S XVII. algunos de sus miembros se radicaron en Jerusalén, convirtiéndose en una de sus principales familias judías. Yaakov Valero  (1813-1874), que empezó su vida siendo shojet, matarife ritual del judaísmo, fue luego el fundador del primer banco de Jerusalén, Jacob Valéro & Co, que tenía su sede en el mismo edificio del hoy Hotel Petra, en la Puerta de Yafo. También fue el responsable del primer centro comercial de la ciudad , con una serie de tiendas en la entrada de la Puerta de Damasco, derribadas en 1930 por el Mandato Británico. Eran inmensamente ricos para los parámetros del lugar y el momento, hasta el punto de que fue su dinero el que compró la tierra donde se levantó el Majané Yehudá -el shuk- y al lado, el barrio de Ohel Moshé, reducto de la sociedad ladinoparlante en Jerusalén, después de Yemín Moshé.

Según el censo de Moshé Montefiore, de 1875, los Valero tenían cinco sirvientes. Bejora, la esposa de Yaakov, tenía uno a su servicio personal; su marido tenía dos. El primogénito, Yosef, y el segundón , Jaím, tenían también dos.

Según cuenta la propia familia, y corrobora Raya Valero,  hacia 1880, Jaím compró a los árabes de la Ciudad Vieja una niña etíope de diez años de edad. Se integró muy bien en el hogar ladinoparlante -lengua que aprendió de inmediato- y en 1889, con la liberación de los esclavos, estaba tan a gusto con sus señores, que decidió dos cosas: una, quedarse en donde la habían criado y dos, convertirse al judaísmo con el nombre de Sarah. Era la más asidua y ferviente orante en la sinagoga privada de los Valero, además de una gran observante de la kashrut. La familia, cuando tenía que viajar al extranjero, se la llevaba con ellos para poder mantener ese nivel de kashrut.

Simja (Alegría), la esposa de Jaím Valero había muerto en 1888, un año antes del de la liberación de los esclavos. Cuando murió habían pasado sólo tres meses del alumbramiento de su hijo Nisim. Y dejó también otro huérfano mayor, David. Para estos niños, Sarah La Preta fue su madre, aunque sólo sobrevivió Nisim, porque David murió un año despues. Nisim vivió lo suficiente para ver la re-fundación del Estado de Israel.

Sarah no sólo cuidaba de Nisim. El sr Valero rehizo su vida con Miriam, que trajo a la familia una nueva criatura a la que llamaron Clara. Nació ciega. El vínculo que Sarah desarrolló con los niños era enorme, y hasta llegó a cuidar a los hijos de esos niños. Hasta que vino lo inevitable y falleció en el hospital de Bikur Jolím, a la edad de 70 años. Para que perdurara su bendita memoria uno de los Valero, Moshé, llamó a su hija Sarah, aunque luego la llamaron en familia Raya.

Sarah La Preta fue para los Valero un miembro más de la familia porque significó una figura materna para los niños huérfanos.