SLIJÁ Y MEJILÁ, EL PERDÓN HEBREO

Algunos matices lingüísticos de palabras hebreas en boca de todos estos días en que el pueblo judío reflexiona -o debiera reflexionar- sobre sus hechos de todo el ciclo anual.


 Aunque en principio pudiera paracer un contrasentido, la fiesta de Purim -una de las últimas en entrar dentro del cánon hebreo- y la de Kipur -una de las primeras- están relacionadas. Los purim no está claro lo que eran exactamente, pero parece ser que era una forma de adivinar lo que tenía que ver con tu destino. En Purim se actuó contra el posible destino de los hebreos -la aniquilación. En Kipur, etmológicamente hablando tenemos la partícula compartativa K´, como, más Purim, es decir, Como si fuera) Purim. Es decir, como si estuviéramos hablando de tu destino. Por eso en Ki-pur lo esencial es que H´´ te inscribe en el Libro de La Vida según un destino positivo o negativo que es el que servirá de medida para el Día del Juicio Final.  Y por eso, en estas fechas de suma importancia para el ciclo de los judíos,  es tan necesario pedir perdón por todo lo que nos pudiera impedir ser inscritos.

Pero…¿perdonar ? ¿Por qué?

La raíz סל»ח (sámej, lamed, jet) existe en todas las lenguas semíticas y, por tanto, es de una gran antigüedad. Even Shoshán, la mayor autoridad semántica de la lengua hebrea de la actualidad, dice que su origen, su etimología, es la lengua acadia, hablada por asirios y babilonios en el segundo milenio antes de la era común.

En aquel tiempo, sin embargo, no significaba perdón, ni era un sustantivo , ni una interjección, como lo es en hebreo, sino una acción, un verbo intraducible que se refería al hecho de salpicar con aguas purificatorias  (y conjuros mágicos) sobre alguien que estuviera enfermo. Es decir, en origen, saláj (tercera persona, masculino, singular, del pretérito: la raíz pura) no significaba sino curar  mediante la palabra. Luego , esa sustancia semántica del campo de la sanación adquiere connotaciones con el paso del tiempo y ya no sólo concierne a la sanación física, sino también a la psicológica: ante un daño moral, una reparación mediante la palabra, a través del reconocimiento verbal de ese daño.

 

 Pero en el Tanaj sólo Dios perdona ( o puede perdonar) y no el Hombre.

 Por ejemplo, en el episodio de los exploradores o espías que cruzan a Canaán antes que el resto de hebreos cruce el Jordán se comete una transgresión -una averá- y Moshé Rabenu ruega a Dios los perdone:

וַיֹּאמֶר מֹשֶׁה אֶל ה’… סְלַח נָא לַעֲוֹן הָעָם הַזֶּה כְּגֹדֶל חַסְדֶּךָ וְכַאֲשֶׁר נָשָׂאתָה לָעָם הַזֶּה מִמִּצְרַיִם וְעַד הֵנָּה. וַיֹּאמֶר ה’ סָלַחְתִּי כִּדְבָרֶךָ» (במדבר יד, יג­–כ)

Y dijo Moisés a Dios: Te ruego perdones a este pueblo, tan grande como tu piedad, al cual has sacado de Egipto para traerlo hasta este lugar.  (Exodo, 14)

Por eso, porque sólo El puede perdonar, desde el segundo día de Elul, y en especial desde Rosh Ha´Shanaá hasta el fin del día de Yom Kipur -los 10 días terribles- el pueblo judío reza en la noche el servicio de Slijot (plural de slijá)  Y quien perdona, es «salján» En la literatura litúrgica de las Slijot, el salján es Dios, por supuesto. Y la conclusión es lo que en Yom Kipur el Salján de los saljanes escriba en el libro de la vida de ti.

La palabra mejilá ,מחילה , se empieza a usar después, en tiempos del Segundo Templo, y aunque es sinónimo de Slijá, tiene un matiz: es una acción que no está restringida a Dios. La etimología del término no tiene una conclusión concreta, pero se cree mayoritariamente que la raíz viene del arameo (aunque no termine en álef, de ahí las disquisiciones filológicas) Se usa en hebreo moderno como cultismo de slijá. O para enfatizar, parafraseando al versículo del Avinu malkenu que reza:

«אבינו מלכנו כָּתְבֵנוּ בספר סליחה וּמחילה».

Padre nuestro y rey nuestro, escribe en el libro Slijá U´Mejilá»

En Yom Kipur la persona invierte , ni más ni menos, en todo el destino de un año. De ese momento crítico depende la salud, el bienestar económico, el éxito laboral, las relaciones armónicas con amigos y familiares, la paz del hogar con tu cónyuge y tus hijos;  así que hay que celebrar la efemérides de forma correcta o no disfrutaremos de sus prestaciones durante los meses siguientes. Y no, no se trata de que ese día de Kipur  ayunes y vayas a la sinagoga sin ducharte , con atavíos blancos y zapatos que no son de cuero , sino que es cuestión  de que,  antes de eso,  puedas preparar tu espíritu para que Kipur  sea «moíl», eficiente, y no un paripé sostenido por la inercia y la superficialidad, algo que por desgracia es lo que les ocurre a muchos. Para unos se abren las puertas pero para otros se cierran.

Los preparativos de Kipur son un proceso de una importancia máxima, pero de una ejecución mínima, como si quisieras abrir una caja de caudales: si conoces la contraseña, la abrirás rápidamente y accederás a su precioso contenido, pero si desconoces la contraseña, tendrás un gran trabajo para conseguir dar con la combinación que te abra esa puerta. Ahora bien, para conseguir esa jatimá tová también ayuda que tu comportamiento durante el año anterior tenga experiencia en abrir cajas fuertes: no recé nunca, no me puse Tfilín, no guardé Shabat, no estudié nada de Torá, no hice ni una sola vez Tsdaká, no fui a la sinagoga a escuchar el Shofar, celebré Pesaj en Amsterdam  y,  además,  ni un sólo día del año comí Kasher. La combinación de la contraseña va ser muy difícil para quien se encuentre con estos antecedentes.

Este tipo de acciones de transgresión, según Nuestros Sabios de Bendita Memoria, están clasificadas como entre la persona y el lugar -la sinagoga, la cocina, etc. Pero estas cosas se arreglan, proque al final del día un Padre y un hijo, se arreglan.

Luego están las transgresiones que tienen que ver con las personas, que es algo que tu Padre no puede solucionar, lo tienes que arreglar tú directamente con las personas. Es decir, las transgresiones de la persona respecto al prójimo no están cubiertas por Yom Kipur….por lo cual el perdón debe salir de ti. Por eso en hebreo hay dos términos para perdón, SLIJÁ Y MEJILÁ