SUKOT, LA FIESTA DE LA ALEGRÍA

La fiesta de Las Cabañas, o Sukot, una de las tres peregrinaciones anuales a Jerusalén,  es mucho más que construir una suká y comer o la netilat lulab en la sinagoga. Te explicamos su sentido.


Hay quien piensa que la Torá se ocupa de cosas divinas y celestiales, pero olvida que la Torá fue entregada al Hombre, que vive en la tierra, para que le sirviera de ley, guía y consuelo. Y con más frecuencia de lo que parece trata de los frutos de la tierra, también criaturas creadas por Ha´Shem. Por ejemplo, en el libro de Deuteronomio -el último, como su propio nombre indica- o Dvarím -Dichos- se recopila un resumen de lo dicho en los cuatro libros precedentes y es entonces cuando nombra, en orden inverso a su proceso de maduración, los siete géneros de fruto que da la Tierra Prometida al pueblo que salió de Egipto:  el trigo, la cebada,  la vid, la higuera, el granado, el olivo y  la palmera datilera. Las siete especies. Shivat Ha´Miním. Recordamos que la festividad de Sukot tiene lugar al finalizar el periodo de la cosecha, por lo que está muy ligada a la tierra.  Y al agua, como vamos a ver, que es lo que hace que lo que se planta en la tierra fructifique.

Según la Mishná, o según Jaza´l, los recolectores de la tradición oral en la Mishná, las primicias de estos frutos de la tierra se llevaban al Templo de Salomón. Destruido el Templo, al regreso del Cautiverio de Babilonia (586 a.d.c) Nehemías ordena el precepto de la celebración de Sukot (en judeo- español, Las Cabañuelas) en recuerdo de los fatigosos cuarenta años de errabundez del pueblo bajo la égida de Moshé Rabenu.  Del Libro de Nehemías, 8,15:

«צאו ההר והביאו עלי זית ועלי עץ שמן ועלי הדס ועלי תמרים ועלי עץ עבת לעשת סכת ככתוב»

ספר נחמיה, פרק ח’, פסוק ט»ו

«(…) Salid al monte y traed ramas de olivo, pino, mirto, palmera y de otros árboles frondosos para construir cabañas tal cual está escrito.»

Y de aquí viene la costumbre de decorar nuestras Sukot particulares con estos vegetales, netilat arba´at ha´minim.

Etroguera , recipiente para el etrog, del S XVII. Cuando la kashrut se hace arte -o artesanía para ser más exactos ya que es un objeto utilitario. Al recoger la cidra adecuada para el rito, se envuelve la cidra en lino y se deposita en la «etroguera», pues para que sea un fruto apto para la liturgia de la Fiesta de los Tabernáculos, debe de estar intacto el pitam,  el rabillo contrario al pedúnculo. Formado por dos partes: el dad, el estilo en botánica, y la shoshanta, el estigma en botánica. Se suele caer al ir creciendo en el árbol, por lo cual encontrar uno adecuado es muy valioso. Cuando sólo el estigma se rompe, incluso después de la cosecha, el etrog todavía puede ser considerado kasher, siempre y cuando parte del estilo ha permanecido adjunto. Si todo el pitam, es decir, el estigma y el estilo, han sido rotos hasta la parte inferior, el etrog no es kasher («apto») para uso ritual. egría a través de  otros cuatro vegetales, no se nos explica por qué esos vegetales en concreto: la cidra, llamada en hebreo  etrog,  las ramas de palma, el lulab, el mirto (hadás)  y el sauce (la arabá ) La respuesta de los estudiosos es que todas ellas son , por un lado , plantas perennes, y por otro, auto-gestionan sus recursos hídricos de manera distinta. La mejor de todas,  la cidra, prácticamente incorruptible; la peor, el sauce, que apenas aguanta durante todo el mo´ed de Sukot. Y este agua tiene que ver con que, por un lado, Sukot se festeja siempre al final del verano en la Tierra de Israel, cuando van a llegar las primeras y deseadas lluvias; por otro lado, la sed del pueblo judío durante cuarenta años regresando de Egipto en el desierto. 

Esta relación de Sukot con el agua queda manifiesta con la ceremonia del día de la Shoevá.

En tiempos del Templo, durante los siete días de Sukot se realizaba la ceremonia del Nisuj  HaMáim,  (el»Vertido del agua») para invocar al hacedor de lluvia que hiciera fértil la tierra.  El agua para la ceremonia de libación se sacaba  del estanque de Siloé ,  en la Ciudad de David y era llevada en  procesión por Jerusalén hasta llegar al Templo.

Beit Ha´Mikdash al empezar el día -con las primeras estrellas del anochecer. Cuatro altos candelabros de oro en las cuatro esquinas del patio. Cuatro Kohanim jóvenes tomaban un cántaro de aceite en sus manos y subían una escalera de plata hasta  llegar a  las lámparas y verter el aceite en los platillos dorados de las menorot (candelabros). Los levitas, de pie sobre los quince escalones del patio, tañendo arpas, soplando cada uno un  shofar, además de tocar  flautas y clavicémbalos. Los grandes hombres de la ciudad  se arremolinaban en el círculo de bailarines: rashei ieshivá , miembros del Sanhedrín,  y hombres que hubieron destacado ese año por sus acciones. Bailaban mientras que el resto los contemplaba y alababa a Ha´Shem en una efusión del fervor sagrado. También se hacían juegos malabares con antorchas.

Y ambos grupos solían cantar: “Dichoso es aquél que nunca pecó, pero dejemos que aquél que ha pecado se arrepienta y será perdonado”. La música era cada vez más fuerte, el baile cada vez más entonado. Todos daban las gracias y alababan a Hashem. “Alábenlo a El con el sonido del shofar (cuerno de carnero); alábenlo a El con tambor y baile”. Salmo 153.

Llegaba la mañana. El gallo cantaba. El canto se tornaba en silencio y el baile cesaba. Los ecos de los instrumentos se extinguían gradualmente. En el Portal Superior, el cual separaba el patio de los hombres del patio de las mujeres, estaban los Kohanim , con un shofar en su mano. Apenas cantaba el primer gallo, soplaban una tekiá, teruá, tekiá, los tres grandes sones del shofar– Luego bajaban al décimo escalón y sonaban otra serie. Al llegar al patio, sonaba el canglor del shofar  una tercera vez y desde allí continuaban, sonando mientras caminaban, hasta que llegaban al portal oriental. Allí se detenían, se volvían para mirar hacia el oeste y decían:

“En este sitio nuestros antepasados solían volver sus espaldas al hejal y miraban hacia adelante mientras se inclinaban hacia el este. Pero nuestros ojos están dirigidos hacia Ha´Shem”.

Desde allí,  solían volverse y continuar hacia la fuente de Shiloaj. Uno de los Sabios solía tomar un recipiente dorado y extraía tres jarras de agua fresca del manantial , que fluye desde la Creación para este propósito. Solían volverse hacia el Beit Ha´Mikdash y entraban al Portal del Agua. Este portal estaba cerrado con llave a lo largo de todo el año y sólo se abría en Sukot,  cuando se traía el agua desde Shiloaj para la libación.

Cuando llegaban, otra serie de tekiá, teruá, tekiá. Un Kohén hacía el sacrificio de la mañana, shajarit, rociaba su sangre y colocaba las partes adecuadas sobre el mizbeaj (altar).El Kohén que llevaba el agua solía subir la rampa que se encontraba en el lado del sur del mizbeaj (altar). Había dos conductos que eran cóncavos sobre el mizbeaj,  los cuales desaguaban profundamente en la tierra. Uno tenía una boca angosta, el otro tenía una boca ancha. El Kohén solía tomar el cántaro de agua con una mano y un cántaro de vino con la otra. Alzaba los cántaros y vertía el vino en el conducto que tenía la boca ancha y el agua en el otro.

Era importante que todos vieran que el Kohén estaba haciendo como los Sabios indicaron, ya que los Tzadikim, los saduceos, no creían en este mandamiento y solían verter el agua en la tierra. En una ocasión, fue elegido un sacerdote saduceo;  en vez de verter el agua sobre el mizbeaj, la vertió sobre sus pies. Cuando la gente vió esto, le arrojaron sus etroguim, matándolo. A partir de ese momento, los Sabios establecieron la práctica de levantar los cántaros para que todos pudieran ver cuándo el Kohén vertía el agua sobre el mizbeaj.

Los levitas, inmóviles en sus sitios,  tañían y tocaban sus instrumentos,  cantando el salmo diario.  Cuando terminaban, soplaban una serie de trompetazos con sus shofar mientras toda la gente se inclinaba, se prosternaban y caía sobre sus rostros. Todos iban a decir sus plegarias matutinas, contentos y regocijados en el corazón.

Rabí Yehoshua ben Jananiá dijo: “Durante la semana de Simjá Beit Hashoevá, la alegría de extraer el agua, no dormíamos del todo”.

Luego comenzaba shajarit propiamente dicho, sacrificaban el musaf  y después iban al Beit midrash para estudiar  hasta la hora de comer.  Tras el sacrificio de la tarde, minjá,  comenzaban las celebraciones de Simját Beit Hashoevá, que duraban toda la noche. No había tiempo para dormir.

Acerca de este festejo, dijeron nuestros Sabios:
“¡Aquél que no vio el regocijo de la extracción del agua, nunca vio alegría en su vida!”

Y esa alegría es la de la tradicional costumbre de los ushpisin, los invitados en arameo, que se sientan en tu suká a celebrarlo, cada día en honor de un patriarca, por este orden: Abraham, YItzjak, Ya´akob, Moshé, Aharón, Yosef y David. Una alegría que viene de ser y estar -como Nehemías supo tras el Cautiverio de Babilonia- en una tierra fructífera, dentro de una suká nacional, motivo más que suficiente para celebrar -con familia , amigos e incluso desconocidos- de todos esos frutos que la lluvia mandada por el cielo crea en la tierra.

Jag Sameaj para toda la Casa de Israel