AYUNO DE GUEDALIA

El primero de los  ayunos del ciclo anual judío, cronológicamente hablando, se hace nada más acabar los dos días de Rosh Ha’ Shan’a.


El tercer día del mes de tishrey (es decir, al día siguiente del segundo día de  Rosh Ha´Shaná)  es día de ayuno menor -de sol a sol:  el primero  de los cuatro ayunos anuales que están directamene  relacionados con la destrucción del Primer Templo de Jerusalén.

¿Pero quién fue Godolías ?

 Cuando hablamos del Cautiverio de Babilonia, a menudo olvidamos que no todos los habitantes de Jerusalén fueron deportados: Nabucondonosor no estaba interesado en transferir a toda la población del Reino de Judea a Babilonia, sino que sólo transfirió, en diferentes oleadas, a los mejores de entre ellos, los que eran cultos y los que formaban las élites aristocráticas de Jerusalén, pero no a los artesanos y campesinos, que de eso tenía de sobra. Es así que muchos judíos, aquel 9 de av,  quedaron en la ciudad -asolada, eso sí- y trabajaron sus campos (para alimentar a la guarnición babilonia en Judea); por lo tanto, Nabucondonosor dispuso que hubiera una especie de gobernador sobre todos ellos, pues eran unos seis mil.

G´doliahu ben Ajikam, de la familia de un escriba de tiempo de Yoshiahu, Saphan Ha´Sofer, del bando pro-babilonio de Jeremías el profeta, fue el delegado que  Nabucondonosor II  nombró  gobernador de los habitantes del extinto Reino de Judea. No era un cualquiera: el hecho de saber leer y escribir entonces te elevaba una clase social -la clase media, el funcionariado del aparato estatal; además estaban sus ancestros:  tanto su padre como su abuelo, Azalia, ya habían ocupado ese puesto de funcionario del Templo, como se comenta en el Libro de Los Reyes y  en el de Las Crónicas. Azalia fue uno de los encargados de la restauración del Templo en tiempos del rey Josías y fue a quien se le entregó La Torá que encontraron durante las reformas. Y su hijo, Ajikam, el padre de Godolías, fue uno de los cinco judíos que fueron enviados a la profetisa Juldá, que profetizaba a las puertas del Templo, en la puerta de su mismo nombre, para ver qué le depararía al pueblo tras el descubrimiento de aquel Sefer Torá.

G´doliahu -que signigica Dios es grande-, como queda dicho,  fue nombrado gobernador de los judíos que no vivieron el exilio. No vivía en Jerusalén, que estaba arrasada, sino en la localidad cercana de Mitzpe (El Mirador), en tierras de la tribu de Benjamín, donde había ejercido sus tareas Samuel el Profeta y donde había reinado el Rey Saúl.

El profeta Jeremías no estaba de acuerdo con la actitud religiosa pagana y con la política de los últimos reyes de Judea; es decir, profetizaba un tremendo desastre castigador si no se retornaba al camino de La Torá y auguraba el fin de Judea si continuaban con el proyecto de rebelarse contra Babilonia negándose a pagar el tributo por instigación de Egipto. Jeremías, perseguido y apaleado, fue lanzado a las mazmorras, acusado de espia babilonio. Cuando sus profecías se cumplieron y Nabuconodosor castigó a Judea, fue liberado y recibió permiso para irse donde quisiere.  Y el lugar elegido fue  Mitspé, junto a Gdoliahu.

A las dos oleadas de cautivos en Babolonia y al grupo remanente de campesinos en Judea hay que agregarle un tercer contingente de judíos: los que habían conseguido huir de Jerusalén y se habían instalado con los pueblos del otro lado del Mar Muerto, descendientes de la abominación de las hijas de Lot y la raza de Esaú el defenestrado: los amonitas, los moabitas y los edomitas. Desde Mitspé, Jeremías solicitó a todos los judíos huidos a los reinos de Amón, Moab y Edom, que retornaran a Judea. Y según el Libro de Jeremías (40, 10) los que regresaron fueron

(…) Ismael hijo de Netanías, Yojanán y  Yonatán – hijos de Carea- Seraías hijo de Tanjumet, los hijos de Efai el netofatita y Jezanías, hijo de un maacateo (…)  (natural de Macaa)

Dos meses después de que Godolías hubiera ocupado el cargo en Judea (esto es,  dos meses después del 9 de av, el mes de tishrey) Ismael ben Netanias, que era de la Casa de David, refugiado entre los amonitas, se sintió heredero de la soberanía judaíta usurpada por los neo-babilonios; entonces,  conspiró, junto a Belis, rey de Amón, para deshacerse del nuevo gobernador y mediante ese golpe de estado autoerigirse rey de Judea.

Guedalia va a ser asesinado el día de Rosh Ha´shaná por  Ismael ben Netania ben Elishema.

Se cuenta todo, primero, en el Libro de Jeremías, capítulo 41; luego, de forma bastante minuciosa, en Antigüedades de los Judíos, de Flavio Josefo (Yosef ben Matitiahu)

 Y le dijo Yojanán ben Kerea a Gdoliahu:

 ¿No sabes que Baalis,  rey de los hijos de Amón,  ha enviado a Ismael, hijo de Netanías para matarte? Mas Guedolías hijo de Ajicam no le creyó. Entonces, Yojanán hijo de Karea habló a Guedolías en secreto, en Mitzpé, diciendo: «Yo iré ahora a matar a Ismael hijo de Netanías y ningún hombre lo sabrá. ¿Por qué te ha de matar, provocando que  todos los judíos que se han reunido entorno a  ti se dispersarán, pereciendo el resto de Judá?»

Jeremías, testigo ocular de los funestos hechos, cuenta que, en Mitspé, Ismael y Guedolías  «comieron pan juntos» (se supone que celebrando Rosh Ha´Shaná) en compañía de diez hombres fieles a  Ismael.  En un momento dado, tal como estaba planeado de antemano,  en el banquete salieron a relucir las espadas, acabando Ismael con la vida de Guedolías. No sólo mataron  al delegado babilonio, sino a todos los judíos que estaban con él en Mitspé; e incluso a los soldados babilonios que los acompañaban. El Seder -orden- se convirtió en el gran desorden.

En esto, llegaron a Mitspé, desde las localidades de Shjem y Samaria, del  asolado reino de Israel, ochenta hombres de rasgadas vestiduras que querían llevar una ofrenda al Templo. También Ismael  los degolló sin más, tirando todos los cadáveres a un pozo.

Yojanán ben Kaera se enfrentó, con una serie de fieles, a Ismael, que huyó, raudo y veloz,  a la tierra de los amonitas, los instigadores del asesinato.

Se pidió a Jeremías hablara con H´ y, después de diez días -esto es, para Yom Kipur- el profeta mandó un mensaje claro a Yojanán: si los judíos se quedaban en Judea, serían beneficiados en todo por H´, pero… si tomaban el camino del refugio en Egipto serían presa de muchas calamidades. Pero nadie le creyó, sino que le acusaron de quererlos poner en manos de los babilonios para también ser deportados. Y partieron hacia el error de no obedecer a H´. A partir de entonces, Jeremías profetiza el futuro nefasto de Egipto y Filistea, Moab  y Amón, Edom y  Elám, las tribus árabes y los caldeos, por el pecado de la insolencia, prediciendo el fin de Babilonia a manos de los persas (lo cual se cumplió ochenta años después con Ciro El Grande)

Los judíos de Jerusalén bajo mandato babilonio fueron presa del pánico tras el magnicidio. Temiendo una cruentísima reacción de Babilonia, huyeron despavoridos de los Montes de Judea y bajaron a Egipto, concretamente a la isla de Elefantina, cerca ya de los territorios de Nubia, pues allí se había formado con mercenarios del ejército egipcio, una comunidad judía que había tenido la osadía de crear una pequeña réplica del Templo de Jerusalén.

Muchísimos siglos más tarde, reinando los visigodos sobre la Península Ibérica, algunos judíos, cuando eran acusados de deicidas, se defendían de los dedos acusadores argumentando que ellos no vivían en Jerusalén en aquellos tiempos, que ellos habían abandonado Judea en tiempos del Cautiverio de Babilonia. Aunque es un hecho que no tiene posibilidad de prueba histórica, es decir, es verosímil pero no se puede decir que sea veraz, sí es cierto que muchos judíos navegaban por el Mediterráneo en las naves fenicias que transitaban las rutas comerciales entre Tiro -sur del actual Líbano- y Cádiz -sudeste de la actual Andalucía.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo esto con un ayuno en nuestros días?

Con la huida de los últimos judíos que quedaban en Jerusalén tras la Destrucción del Templo se hizo más patente el trauma nacional por la pérdida de todo, con la consiguiente dispersión del pueblo en varios lugares. Algunos ya no regreserán jamás a Sión. El trauma es tan profundo que van a ser cuatro los ayunos destinados a que el pueblo reflexione sobre la consecuencias que se corre cuando te apartas del camino de La Torá.

En recuerdo de todos estos hechos, se institucionalizó el ayuno de G´doliahu por  Nuestros Sabios de Bendita Memoria (Jaza´l) los cuales se basaron en las fuentes tanájicas del Libro de Zacarías, donde se le llama el Ayuno del Séptimo (mes). En el Talmud Babli, tratado de Rosh Ha´Shaná, es donde queda totalmente institucionalizado el ayuno: de sol a sol. Ayuno menor. Se realiza en el día tercero de tisrey porque en los dos días de Rosh Ha´Shaná -Yom Tov- La Halajá prohibe  el ayuno. Si cayera en Shabat, se desplaza al día siguiente. 

 Al igual que con los días de ayuno regulares, en el Ayuno de Guedalia,  el jasán de la sinagoga  incluye en la liturgia  la oración  Anenu  -respóndenos- en la repetición de la Amidá durante Shajarit y Minjá.  Se recita la oración de Avinu Malkeinu y, como esto es  durante los Diez Días de Arrepentimiento, Yamín Ha´Noraím,  las adiciones hacen referencia al año nuevo. Se saca un rollo de La Torá del hejal y se leen los pasajes de Ki Tisa de la Torá (Éxodo 32: 11-14 y 34: 1-10). La misma lectura de La Torá se agrega en Minjá.  La oración de Selijot, que  se recita antes del comienzo de Shajarit,  incorpora también un párrafo adicional relacionado con el Ayuno de Gedalías.

Tsom Kal!