DIEGO DE SUSÓN Y EL COMPLOT CONTRA LA INQUISICIÓN

Historia sevillana de fines del S XV sobre un amago revolucionario en la judería de la ciudad donde se implantó el primer tribunal inquisitorial de España.


La  Inquisición (creada en Francia en el S XI y,  por tanto,  luego impuesta en Aragón)  siglos después,  en 1478 y con los auspicios de la monarquía castellano-aragonesa,  instauró su siniestro tribunal en Sevilla. La judería hispalense, como todo el mundo sabe o debiera saber, en 1391 sufrió una masacre de tal magnitud que da , como resultado, tres hechos:

  • la masacre se extiende al resto de juderías, asolándolas hasta su destrucción total, como Valencia o Barcelona.
  • los judíos  sevillanos que no perecen asesinados  toman el camino de la huida, refugiándose en la localidad marroquí de Debdou.
  • y de esos supervivientes, parte de ellos deciden abjurar de la fe judía y ser bautizados en la fe católica.

Estos cripto-judíos  sobrellevaban como mejor podían el continuo acoso moral del despotismo dominico y su cruenta jurisprudencia inmisericorde. Así que, agotada la paciencia, no se tardó en organizar una conjura para acabar con aquella afrenta inquisitorial.

Al frente de aquella conjura estaba Diego Susán ,  acompañado por el sabio Juan Fernández Abulafia, Bartolomé de Torralba, el consejero municipal de Sevilla, Gabriel de Zamora, Manuel SaúIi, el arrendatario de las salinas AyIlán Perote y otros. Todos reunidos en la iglesia de San Salvador.

Pero Diego tenía una hija, Susana, que mantenía amoríos con un caballero cristiano. Por supuesto, era fermosísima, requisito indispensable para entrar a formar parte de las leyendas románticas. Que fuera hija de uno de los hombres más ricos de Sevilla no era indispensable. El caso es que ,según la historia, ella era consciente del peligro que la empresa implicaba y  temía tanto por la vida de su padre que un día se lo contó todo a su novio. Este, raudo y veloz,  fue a denunciarlo a quien era el asistente de Sevilla entonces, Diego de Merlo.

Se organizó una redada en casa de Diego Susón.  Fueron apresados unos veinte conspiradores, entre los que estaban Pedro Fernández de Venedera — padre del canónigo y mayordomo de la Catedral, que había reunido armas para cien hombres—, Juan Fernández de Albolasya, alias  el Perfumado —letrado y alcalde de justicia ,  arrendador de las aduanas—, Manuel Saulí, Bartolomé Torralba, los hermanos Adalde —o los Adalfes de Triana, que aún vivían en el Castillo—, Cristóbal López Monvadura, Alemán «poca sangre» y otros más.

Todos fueron ejecutados  el 6  de febrero de 1481,  según la leyenda en el barrio sevillano de  Tablada, tras el sitio del Real donde hoy se hace la Feria de Abril.

Susana, consternada por saberse origen del asesinato de su propio padre,  defenestrada de la comunidad judía,  busca amparo -cuenta la leyenda-  en la Catedral, donde el arcipreste Reginaldo de Toledo, obispo de Tiberíades, la bautiza y la aconseja que se retire durante años a un convento para expiar la culpa;  no contenta con esto, ordenó en su testamento que una vez muerta su cabeza colgara en el quicio de la puerta de su casa en el barrio de Santa Cruz.

Por eso hoy la calle aquella se llama La Calle de la Muerte.