¿CONOCES LA INSCRIPCION HEBREA DE LA JUDERIA DE AGUILAR DE CAMPOO?

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Inscripción única en Sefarad : en hebreo clásico , castellano del S. XIII y hebreo aljamiado: la Puerta de Reinosa, entrada a la judería de Aguilar de Campoo, Palencia. No es turismo, es cultura judaica. 

Aguilar de Campoo, al norte de la provincia de Palencia, casi ya en lo que hoy es Cantabria, fue importante villa medieval de la comarca de Las Merindades, ruta jacobina y realenga por gracia de Alfonso X,  de donde era Bernardo del Carpio, vencedor de Roncesvalles e importante protagonista de un notorio cantar de gesta que influyó en muchos de su género literario.

De las seis puertas que había en las murallas de Aguilar de Campoo,  la de Reinosa era de gran importancia, pues por ella entraban y salían los que iban y venían entre La Montaña (hoy Cantabria) y la Tierra de Campos (Castilla) Pero hoy su importancia es otra: sobre su arco , aunque manifestando el paso del tiempo a la intemperie,  presenta  una inscripción única: es  trilingüe -en lengua romance y semítica, que hace referencia, con el versículo 10 del capítulo 35 de Isaías, a su fecha de fundación y a su pagador : 

1381 , siendo rey de Castilla Enrique II  y maestro de obras Don Çak Zamelek, hijo de Don Salomón Zamelek y de doña Bellida, su mujer.

Cak, contracción medival de Isaac.  Zamelek (Ha´Mélej, el rey)

Sí, las murallas de Aguilar las mandaron construir -y las pagaron- los habitantes de la judería de esa localidad.

En 1925 fue declarada Patrimonio Artístico. Por aquellos años Menéndez Pidal ya había conocido en archivos las ventas de casas de judíos de Aguilar y poco después estudiaría la inscripción Cantera, uno de los mayores hebraístas que ha habido en España en el  S .XX. En el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1750, se menciona como obra de mucho valor. 

Cerca, junto al puente, está la Puerta de Tobalina, que daba acceso al barrio donde estaban las tenerías (factorías de las pieles y los tintes) y el barrio judío, que remonta su asentamiento al S XII. Pero no siempre estuvo allí. Según estudios hubo uno anterior en el actual “barrio del Pozo”, detrás de la plaza de España, en el entorno de lo que hoy se conoce como la plaza de la Compasión. Que se sepa, al menos había dos sinagogas para cuatro mil almas. De una de ellas tenemos al menos el nombre: la del Portazgo. José Luis Lacave, en su Guía de la España Judía, dice que de la desaparecida sinagoga de Aguilar (se supone que la del Portazgo),se conservó del siglo XVI al XIX en la colegiata de San Miguel, una hermosa lámpara de hierro con una leyenda hebrea, pero  que desapareció sin dejar rastro.

No obstante, no queda nada porque sucedieron eventos históricos que arrasaron con la cultura material de los judíos de Aguilar. En primer lugar la aljama campurriana fue víctima del saqueo  por parte de Eduardo de Woodstock, primogénito del rey Eduardo III de Inglaterra y conocido como el Príncipe Negro, durante la guerra entre Pedro I y el futuro Enrique II, su hermanastro, a mediados del siglo XIV. (Ambos hermanastros castellanos acabaron pidiendo ayuda a ingleses y franceses, en lo que se conoce como la internacionalización de la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra)

Otro evento destructor fue la masacre de 1391, que aquí también se perpetró ese nefasto incidente. De la destrucción del barrio de los judíos en este momento es el germen por el cual se creó el nuevo barrio junto a la Puerta de la Tobalina. Los judíos eran quienes se desempeñaban en el oficio del tratamiento de pieles y lanas, con sus teñidos y comercialización. Es muy probable que la actual ermita de Nuestra Señora del Portazgo, situada en los soportales de la plaza, fuera su sinagoga. Algunas edificaciones de madera y tobalina aún permanecen y debemos suponer que formaron parte de la judería.

Puerta de la Tobalina

La Fundación Santa María La Real, a petición del ayuntamiento,  y la Junta de Castilla y León, que destinó 39.000 € de presupuesto para ello, se encargó en 2015 de su restauración – necesaria por el cruento clima del invierno de  Palencia,  unido a los gases de los automóviles que circulan por su ojiva. Además, digitalizaron la inscripción, asolada por  la intemperie continua de los siglos.  Para evitar el principal problema que afecta al sitio, la humedad, se impermeabilizó  la cubierta y se diseñaron unos drenajes, que conducen  el agua de lluvia hacia la red de abastecimiento general de la villa.